LOS FORENSES INSISTEN EN QUE GABRIEL NO FUE APALEADO POR LA DOMINICANA ANA JULIA ANTES DE SER ASFIXIADO POR ÉSTA

17 de septiembre de 20190 comentarios


ALMERÍA, España (17 Septiembre 2019).- Desde su introducción en el Código Penal tras la reforma del 2015, la pena de prisión permanente revisable a la que se enfrenta Ana Julia Quezada por el asesinato de Gabriel Cruz, ha sido aplicada por los tribunales españoles en diez de los diecisiete casos en los que había sido solicitada. Es decir, en un poco más de la mitad de las sentencias dictadas.

Con la finalidad de conseguir esa condena o la pena más alta de los 25 años los abogados de los padres del menor, Francisco y Miguel Ángel Torres presentaron en su momento un informe médico firmado por el internista Nicasio Marín que avala el ensañamiento y la alevosía con la que según el perito la acusada asesinó al menor. Ayer testificaron en la sala de vistas de la Audiencia de Almería los forenses del Instituto de Medicina Legal que confirmaron lo que ya escribieron en su día, que Gabriel murió asfixiado y que los golpes que presentaba se produjeron después, en las maniobras de la acusada durante la ocultación del cadáver.

La sesión de ayer se celebró a puerta cerrada a petición de los abogados de la familia, al entender que los periodistas no debían estar presentes durante la explicación del mecanismo de la muerte. Unos detalles que sin embargo son decisivos para determinar no tanto el asesinato, que ya ha quedado más que acreditado en las últimas sesiones, sino esa maldad, crueldad, ensañamiento y alevosía con la que Ana Julia pudo actuar al permitir que el pequeño permaneciera moribundo entre 50 y 90 minutos antes de ser asfixiado.

Pese a la reserva de las partes, tras la jornada trascendieron algunos detalles del desarrollo de la vista. El letrado de la defensa, Esteban Hernández Thiel, preguntó a los dos forenses del Instituto de Medicina Legal si Gabriel había muerto a consecuencia de una “somanta de palos” como en su momento aseguró el abogado de la acusación. Uno de los médicos negó con absoluta rotundidad esa posibilidad y advirtió de que “eso es de primero de carrera de medicina”. Es decir, que era imposible que el cuerpo hubiera sido golpeado con esa violencia y que ellos no lo hubieran apreciado en la mesa de autopsia.

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