PAPA FRANCISCO NOMBRA 13 NUEVOS CARDENALES, ENTRE ELLOS DOS ESPAÑOLES, Y AFIANZA SU LEGADO EN UN FUTURO CÓNCLAVE

5 de octubre de 20190 comentarios


CIUDAD DEL VATICANO (5 Octubre 2019).- El papa Francisco designó este sábado 13 nuevos cardenales de los que diez podrán ser electores en un futuro cónclave. Entre los nuevos purpurados se encuentran los españoles Miguel Ángel Ayuso Guixot, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, y Cristobal López Romero, arzobispo de Rabat.

Con estos nuevos nombramientos, Francisco crea un colegio cardenalicio a su imagen y semejanza: apuesta por las periferias y margina a los llamados "príncipes de la Iglesia" en favor de quienes dedican su vida a los descartados. A partir de ahora, además, la mayoría de los cardenales que podrán elegir al futuro Papa habrán sido designados por Francisco.

Actualmente el Colegio Cardenalicio está compuesto por 225 cardenales de los que 97 tienen más de 80 años y por lo tanto no podrían votar en un futuro cónclave.

Con este nuevo consistorio, el sexto en el pontificado de Francisco, España pasa a ser el tercer país más representado por detrás de Estados Unidos e Italia. Y aunque no se trata de una competición entre naciones, como destacó en un encuentro con la prensa española monseñor Miguel Ángel Ayuso Guixot (Sevilla, 1952), sino un "reconocimiento a la labor realizada" y al interés del pontífice por "impulsar el diálogo con otras religiones", lo cierto es que los nuevos nombramientos dejan un Colegio Cardenalicio más heterogéneo que nunca, con purpurados procedentes de partes del mundo escasamente representadas y con un perfil similar al del Pontífice.

Cuba vuelve a estar representada tras la muerte del cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana durante más de dos décadas, con el nombramiento de monseñor Juan de la Caridad García.

Francisco también ha designado cardenal al arzobispo guatemalteco Álvaro Ramazzini, defensor de los derechos de los indígenas en Guatemala, al jesuita lituano Sigitas Tamkevicius, arzobispo emérito de Kaunas, que pasó 10 años en un campo de concentración en la Unión Soviética, y al africano, Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de Kinshasa en la República Democrática del Congo.

Como suele ser tradicional, el pontífice también ha reconocido la labor de miembros de la Curia otorgando el anillo y la birreta cardenalicia al portugués José Tolentino Calaça de Mendonça, bibliotecario del Vaticano y autor de algunos de los discursos de Francisco, y al secretario de la sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el jesuita canadiense de origen checo Michael Czerny.

El único italiano es Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, una de las voces más críticas contra Matteo Salvini y la política migratoria del anterior gobierno italiano.

Los dos nuevos cardenales españoles han sido misioneros y han puesto en práctica las palabras del Pontífice, quien defiende "una Iglesia en salida" y unos sacerdotes "con olor a oveja".

Miguel Ángel Ayuso, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y uno de los artífices de la histórica declaración de Abu Dabhi, trabajó en Egipto y Sudán, mientras que Cristobal López Romero (Almería, 1952) desarrolló su labor en Bolivia y Paraguay y desde 2017 es arzobispo de Rabat, en Marruecos, país de mayoría musulmana que Francisco visitó este año.

El arzobispo de Rabat interpretó los nombramientos como la voluntad del papa Francisco de "dar visibilidad a unas Iglesias que eran prácticamente invisibles".

"Cada cristiano tiene que ser un pequeño puente entre musulmanes y cristianos, Europa y África, entre España y Marruecos, entre pobres y ricos o entre negros y blancos", defendió López Romero, quien confesó haber creído que le estaban gastando una broma cuando le dijeron que el Pontífice había anunciado su nombre desde el balcón del Palacio Apostólico.

Durante la homilía celebrada en la Basílica de San Pedro, el Papa pidió a los nuevos cardenales lealtad a su ministerio y no perder nunca la capacidad de recibir y sentir compasión por los demás. "Muchos comportamientos desleales de hombres de Iglesia dependen de la falta de este sentido de la compasión recibida, y de la costumbre de mirar a otra parte, la costumbre de la indiferencia", advirtió el Pontífice.

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