MURIÓ A LOS 100 AÑOS, JAVIER PÉREZ DE CUELLAR, EXSCRETARIO GENERAL DE LA OEA

5 de marzo de 20200 comentarios


LIMA, Perú (5 Marzo 2020).- La Academia Diplomática del Perú se ubica frente a la atestada avenida Pérshing, en el encuentro de los distritos de San Felipe y San Isidro. Lleva el nombre de Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de las Naciones Unidas y uno de los peruanos más ilustres de la historia, fallecido la madrugada de este miércoles en la ciudad de Lima, a los 100 años.

Quien ingresa a la antigua casona de grandes jardines y paredes blancas donde funciona la Academia llegará a una amplia habitación con grandes vitrinas colmadas de medallas, diplomas y placas. Es el Aula Magna donde se conserva la multitud de condecoraciones que Pérez de Cuéllar recibió a lo largo de su brillante trayectoria diplomática.

Nacido el 19 de enero de 1920 en la ciudad de Lima, Pérez de Cuéllar fue uno de los miembros más destacados del Servicio Diplomático del Perú, al que ingresó en 1940, luego de estudiar Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su primera asignación fue como tercer secretario en la embajada de París, adonde llegó en 1944. Ahí conoció a su primera esposa, la ciudadana francesa Yvette Roberts, con quien tuvo dos hijos: Francisco y Cristina.

Posteriormente sirvió en las misiones del Perú en Londres, La Paz y Río de Janeiro, desempeñándose en esta última como consejero y ministro consejero. Por esos años integró la delegación peruana que participó en el período de sesiones inaugural de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1946.

Asumió su primer encargo como embajador en Berna, Suiza, adonde llegó luego de desempeñarse en su país como director del departamento legal y de personal del Ministerio de Relaciones Exteriores, y de dictar cátedras de Derecho Diplomático en la Academia Diplomática y Relaciones Internacionales en la Academia de Guerra Aérea. Más tarde sería Secretario General del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajador del Perú en la Unión Soviética, embajador concurrente en Polonia y embajador en Venezuela.

Antes le había tocado desempeñarse como representante permanente del Perú ante las Naciones Unidas, llegando a ser presidente del Consejo de Seguridad de la organización en 1974, cuando se produjo el golpe de Estado y la ocupación turca en Chipre. El austriaco Kurt Waldheim, por entonces secretario general de la ONU, lo enviaría como su comisionado a la isla, donde Pérez de Cuéllar conseguiría el compromiso de los líderes chipriotas de las comunidades griega y turca para iniciar una negociación. En el campo personal contraería segundas nupcias con la peruana Marcela Temple, con quien estuvo casado por más de 37 años.

En 1979, al término de su misión en Venezuela, Waldheim designó a Pérez de Cuéllar secretario general adjunto de Naciones Unidas para Asuntos Políticos. Desde ese puesto se encargó de encabezar el proceso de negociación que la ONU había emprendido entre Pakistán y Afganistán. No abandonó el proceso a pesar de su vuelta al Perú en 1981. Ese año, el Gobierno de Fernado Belaunde Terry lo propuso como embajador en el Brasil. El nombramiento no llegó a concretarse por la oposición de un sector del Congreso, que llevó a Pérez de Cuéllar a solicitar su pase al retiro en octubre de 1981.

Secretario general de la ONU
Solo dos meses más tarde, Pérez de Cuéllar sería elegido secretario general de las Naciones Unidas. En el proceso que definió su nombramiento jugaron una serie de intereses cruzados, como los vetos impuestos por los Estados Unidos y China a Kurt Waldheim y a Salid Ahmed Salim. Asumió el cargo el primero de enero de 1982, convirtiéndose en el quinto secretario general de la ONU. Fue reelegido para un segundo mandato entre 1986 y 1992, cuando lo reemplazó el egipcio Butros Butros-Ghali.

Javier Pérez de Cuéllar tuvo fama de hombre discreto, puntilloso y diestro negociador, cualidades que se pusieron a prueba durante los turbulentos años en los que ostentó la Secretaría General de la ONU. A su cargo estuvieron procesos tan complejos como la negociación por la guerra de las Malvinas entre el Reino Unido y Argentina, la liberación de los rehenes secuestrados por Hezbolá en el Líbano, la paz entre el Gobierno y la guerrilla de El Salvador, y las tratativas para el acuerdo de paz que puso fin a la Primera Guerra del Golfo entre Irán e Irak. Asimismo, denunció el apartheid, sistema de segregación racial que operó en Sudáfrica durante el siglo pasado. En 1987 recibió el premio Príncipe de Asturias por su contribución a la promoción de la cooperación iberoamericana.

La política doméstica

Pérez de Cuéllar no estuvo al margen de los procesos políticos vividos en su país. En julio de 1990, luego de juramentar a la presidencia del Perú, Alberto Fujimori lo invitó a una reunión personal en Palacio de Gobierno. Durante el encuentro, Pérez de Cuéllar ofreció sus buenos oficios como Secretario General de las Naciones Unidas para gestionar reuniones con los líderes de las instituciones financieras multilaterales y ayudar a solucionar los problemas de endeudamiento externo que arrastraba la economía peruana.

La relación entre ambos comenzaría a resquebrajarse en 1992, cuando Fujimori cerró el Parlamento peruano, e intervino unilateralmente el Poder Judicial y distintas instituciones fundamentales del aparato estatal. Su disconformidad con el camino que seguía su país de origen lo llevaría a postularse a la presidencia en 1995 por el partido Unión Por el Perú, una decisión que, se cuenta, sorprendió a sus amigos y familiares.

Un Pérez de Cuéllar de 75 años inició una dura campaña que lo llevó a recorrer la abrupta geografía de su país, comenzando por la ciudad de Puno, a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar. Aunque alcanzó la segunda mayor votación, Fujimori fue reelegido en primera vuelta con el 64% de votos válidos, en un proceso marcado por las denuncias de irregularidades y fraude.

Luego de aquella experiencia, Javier Pérez de Cuéllar se instalaría en París. Volvería al Perú en el año 2000, a pedido de Valentín Paniagua que, ante el desmoronamiento del gobierno fujimorista por acusaciones de corrupción y autoritarismo, asumió la presidencia transitoria. Paniagua propuso a Pérez de Cuéllar la presidencia del Consejo de Ministros de su gobierno, donde también asumiría la cartera de Relaciones Exteriores.

En los ocho breves meses que duró la transición democrática peruana, impulsaría la reinserción del país en la comunidad internacional, la aprobación de la Carta Democrática Interamericana y retomaría las relaciones con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, rotas por el Gobierno de Fujimori.

Su último cargo sería como embajador del Perú ante Francia y la Unesco, donde se mantendría hasta el final de 2004. Desde entonces abandonó la vida pública y, aunque nunca perdió de vista la actualidad peruana y mundial, se dedicó a escribir. En 2000 y 2012 presentó los libros de memorias «Peregrinaje por la paz: Memorias de un secretario general» y «Memorias. Recuerdos personales y políticos» y, en 2014, a los 94 años, se animó a iniciar su carrera literaria con la publicación de la novela «Los Andagoya», un retrato familiar ambientado en la Lima de los años treinta. Entre las numerosas condecoraciones que recibió de decenas de países y los doctorados honoris causa de múltiples universidades destaca el premio Príncipe de Asturias de 1987 por su contribución a la promoción de la cooperación iberoamericana.

Conocida la noticia del fallecimiento de Pérez de Cuéllar, el presidente Marín Vizcarra expresó su pena por el fallecimiento de Pérez de Cuéllar, “insigne peruano, demócrata a carta cabal, quien dedicó su vida entera al trabajo por engrandecer a nuestro país”.

Embajador, secretario general de Naciones Unidas, candidato presidencial, presidente del Consejo de Ministros, ministro de Relaciones Exteriores, novelista tardío y, sobre todo, hombre de bien e infatigable luchador por la paz mundial, Javier Pérez de Cuéllar será velado primero en privado y luego en el palacio Torre Tagle, sede de la Cancillería peruana. Sus restos serán enterrados este viernes con honores de Estado en el antiguo cementerio Presbítero Maestro de Lima.


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