El obispo Erik Varden ofrece su octava reflexión: Un encuentro angélico es siempre personal
CIUDAD DEL VATICANO (26 Febrero 2026).- El obispo Erik Varden ofrece su octava reflexión, este jueves 26 de febrero por la mañana, durante los Ejercicios Espirituales en el Vaticano para el Papa León XIV, los cardenales residentes en Roma y los prefectos de los Dicasterios, centrándose en el tema «Los ángeles de Dios». A continuación, un resumen de su reflexión.
Durante los cuarenta días que Cristo pasó en el
desierto, Satanás se le acercó citando el Salmo 90, en particular dos
versículos sobre los ángeles. “El diablo”, leemos en san Mateo, “lo llevó a la
ciudad santa y lo puso en el alero del templo”. Desafió a Cristo a demostrar
que era Hijo de Dios arrojándose al vacío, “porque está escrito: ‘Dará órdenes
a sus ángeles acerca de ti’ y ‘En sus manos te llevarán, para que tu pie no
tropiece contra piedra’”.
Solo Dios puede invitarnos a saltar desde lo alto.
Pero su llamada será: “Salta a mis brazos”, no “Arrójate al vacío”.
Las intervenciones angélicas no siempre son
tranquilizadoras. Los ángeles no están para complacernos en nuestros caprichos.
En una oración popular atribuida a un contemporáneo de san Bernardo, Reginaldo
de Canterbury, pedimos a nuestro ángel custodio que nos “ilumine, guarde, rija
y gobierne”. Son verbos fuertes. El ángel es guardián de la santidad.
La vida monástica fue entendida desde muy pronto y
presentada como angélica por su finalidad de alabanza; pero también porque el
monje está llamado a arder en el amor de Dios y a ser un enviado que lleve ese
amor a los demás.
El único “cántico de alabanza” de Cristo del que habla
Sacrosanctum Concilium en un hermoso pasaje resuena desde los confines de la
tierra hasta las alturas del cielo a través de una vibrante cadena de
mediación. Los ángeles son esenciales en esa cadena, como afirmamos en la parte
final de cada prefacio dentro del canon de la Misa.
San Bernardo subraya el papel de los ángeles como
mediadores de la providencia de Dios. La mediación no siempre es necesaria:
Dios puede tocarnos directamente, pero se complace en permitir que sus
criaturas sean canales de gracia unas para otras.
Nos exhorta a observar lo que hace un ángel y hacer lo
mismo: “Desciende y muestra misericordia a tu prójimo; luego, en un segundo
movimiento, dejando que el mismo ángel eleve tus deseos, utiliza toda la
cupiditas de tu alma para elevarte hacia la verdad altísima y eterna”. Hoy rara
vez se menciona a Cupido junto con la “verdad altísima y eterna”. La elección
de palabras de Bernardo es significativa: nos dice que todos los anhelos
humanos naturales, incluso los corporales, están llamados a encontrar su
plenitud en Dios y, por tanto, deben orientarse hacia Él.
El último y más decisivo acto de caridad de los
ángeles tendrá lugar en la hora de nuestra muerte, cuando nos conduzcan a
través del velo de este mundo hacia la eternidad. Entonces manifestarán sus
características: “No pueden ser vencidos ni seducidos, y mucho menos seducir”.
En ese momento caerá toda apariencia. La retórica fracasará. Solo la verdad
permanecerá y resonará, en sintonía con la misericordia.
Bernardo predicó con prudencia sobre estas cosas en
1139. Setecientos veintiséis años después, un hombre de temperamento muy
distinto pero de inteligencia semejante haría explícitas sus intuiciones en un
exquisito poema sobre la muerte.
John Henry Newman reflexionó profundamente sobre los
ángeles. Consideraba el ministerio sacerdotal como angélico. El sacerdote se
siente en casa en este mundo, sin temor a adentrarse en bosques oscuros en
busca de los extraviados. Al mismo tiempo, mantiene los ojos de su mente
elevados hacia el rostro del Padre, dejando que su resplandor ilumine toda la
realidad presente. La iluminación es siempre un proceso doble: intelectual y
esencial, sacramental y pedagógico.
Newman, hoy Doctor de la Iglesia, nos invita también a
redescubrir al maestro como iluminador angélico. Es un desafío profético, dado
que gran parte de la llamada “educación” se delega hoy en medios digitales y
artificiales, mientras los jóvenes anhelan encontrar maestros dignos de
confianza, capaces de transmitir no solo habilidades, sino sabiduría.
Un encuentro angélico es siempre personal. No puede
ser sustituido por una descarga ni por un chatbot.
*Monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim, Noruega,
fue invitado a predicar los Ejercicios Espirituales de 2026 para el Papa León
XIV, los cardenales residentes en Roma y los jefes de Dicasterios de la Curia
Romana, que se celebran del domingo 22 al viernes 27 de febrero. Aquí el enlace
a su sitio web.


No hay comentarios.: