Papa León XIV en el Santuario de Pompeya: “El Rosario devuelve continuamente nuestra vida a Jesús”
CIUDAD DEL VATICANO (8 Mayo 2026).- En el primer aniversario de su elección, el Papa León XIV celebra la Santa Misa en Pompeya y destaca el Santo Rosario como oración que conduce a Jesús. Recuerda además que su elección coincidió con la Súplica a la Virgen y vincula su nombre con León XIII, gran impulsor de esta devoción. Destaca su llamamiento por la paz mundial.
El Papa León XIV ha presidido este viernes una solemne
celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de
Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante miles
de fieles, el Pontífice ha encomendado su ministerio petrino a la protección de
la Virgen: “Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de
Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo
Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la
protección de la Virgen Santa”. Además, ha destacado el vínculo entre el nombre
pontificio que eligió y León XIII, Papa que impulsó ampliamente la devoción al
Rosario a través de “un amplio Magisterio”.
El
Ave María es un acto de amor
El Papa después ha querido reflexionar sobre la
oración del Ave María, que la ha definido como “una invitación a la alegría” y
ha explicado que el Rosario constituye un camino privilegiado para contemplar a
Cristo con la mirada de María: “La repetición de esta oración es como el eco
del saludo del ángel Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y conduce al
creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre”, ha
explicado.
El Papa después define el Ave María – la oración que
se encuentra entre el Padre Nuestro y el Gloria y que se repite en el Santo
Rosario – como un acto de amor: “¿No es propio del amor repetir sin cansarse:
“Te quiero”? Un acto de amor que, sobre las cuentas de la corona, como bien se
ve en la imagen mariana de este Santuario, nos hace remontarnos a Jesús y nos
conduce a la Eucaristía, «fuente y culmen de toda la vida cristiana»”.
En su reflexión, León XIV también ha insistido en la
dimensión profundamente cristológica y eucarística del Rosario, afirmando que
esta oración popular “marca el ritmo de nuestra vida”: “Si la Liturgia de las
Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo
de nuestra vida, devolviéndola continuamente a Jesús y a la Eucaristía”.
El
Rosario es una oración sencilla pero profunda
“¿Qué hay más esencial que los misterios de Cristo,
que su santo Nombre pronunciado con la ternura de la Virgen Madre?”. El Papa
además ha recordado que generaciones enteras de creyentes “han encontrado en el
Rosario una escuela sencilla y profunda de fe, capaz de custodiar tanto la
espiritualidad popular como las expresiones más elevadas de la mística
cristiana” y ha insistido en que el Rosario es “rezado”, “celebrado” y
consecuencia natural, fuente de caridad: “Caridad hacia Dios, caridad hacia el
prójimo: dos caras de la misma moneda”.
San
Bartolo Longo: apóstol del Rosario y de la caridad en Pompeya
El Papa ha dedicado también una parte importante de su
homilía a la figura de san Bartolo Longo, recientemente canonizado, destacando
que su devoción mariana estuvo siempre inseparablemente unida a la caridad
concreta hacia los más pobres. “Fue apóstol del Rosario y apóstol de la
caridad”, ha afirmado, recordando la labor realizada en Pompeya en favor de
huérfanos, hijos de presos y personas vulnerables: “En esta Ciudad mariana
acogió a huérfanos e hijos de presos, mostrando la fuerza regeneradora del
amor. También hoy aquí los más pequeños y los más débiles son acogidos y
cuidados en las Obras del Santuario”.
Llamamiento
por la paz mundial: “La paz nace dentro del corazón”
Antes de concluir su homilía, desde este Santuario
mariano cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, el
Papa ha elevado con fe una Súplica por la paz mundial: “Las guerras que todavía
se combaten en muchas regiones del mundo exigen un compromiso renovado no solo
económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace dentro
del corazón. No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos
presentan las noticias”.
En la conclusión de su homilía, el Santo Padre ha
invitado a los fieles a renovar su confianza en Cristo: “Ninguna potencia
terrena salvará al mundo, sino solo la potencia divina del amor, que Jesús nos
ha revelado y donado”.
Por MIREIA
BONILLA/Vatican News


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