En la Audiencia General el papa León XIV pide no delegar decisiones humanas a los algoritmos
CIUDAD DEL VATICANO (16 Septiembre 2026).- Durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro, León XIV continúa el ciclo de catequesis sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes y afirma que contraponer el desarrollo del individuo y de la sociedad significaría frustrar ambos. El Papa exhorta a construir relaciones profundas en la era de las redes sociales y la inteligencia artificial, y a evaluar los proyectos políticos desde la dignidad de la persona humana. Además, condena toda forma de homicidio, genocidio, aborto y eutanasia.
El bien común es el desarrollo paralelo del individuo
y de la sociedad, y el criterio a través del cual evaluar la bondad de los
proyectos sociales y políticos. Una red de relaciones que corre el riesgo de
marchitarse en una época de desarrollo tecnológico que delega cada vez más en
la máquina la acción humana, individualizando y personalizando excesivamente,
anestesiando los efectos de acciones «vergonzosas» contra la vida, como el
homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el suicidio voluntario.
El peligro es una deriva de la diversidad: ya no un
potencial enriquecimiento, sino una amenaza. Estos son algunos de los conceptos
expresados por el Papa León XIV en la catequesis de la audiencia general de
esta mañana, 16 de septiembre, en la Plaza de San Pedro.
Desarrollo
tecnológico y relaciones sociales
Esta es la cuarta reflexión del ciclo dedicado a la
Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, Gaudium et
spes, y se centra en su segundo capítulo, dedicado a la «comunidad humana».
“Por un lado, el desarrollo tecnológico, la difusión
de los medios de comunicación y de las redes sociales, así como el recurso cada
vez mayor a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando
barreras y distancias; por otro, las relaciones tienden a ser cada vez menos
personales, más virtuales, y existe el riesgo de acostumbrarnos a delegar en
los algoritmos decisiones que corresponden únicamente a la conciencia humana.
Lograr que las relaciones sociales tengan un contenido real y una profundidad
personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se
propone ofrecer”.
El
ser humano «necesita absolutamente una vida social»
Tomando fuerza del proyecto creador de Dios, que
contemplaba a los hombres como «una sola familia», el Pontífice afirma que «el
perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad» deben
considerarse conjuntamente, pues están «estrechamente interdependientes».
Contraponerlos o separarlos, por tanto, equivaldría a frustrar ambos. Así lo
confirma la historia más reciente, haciendo aún más necesario reafirmar que la
persona humana «necesita absolutamente una vida social» y «debe ser principio,
sujeto y fin de todas las instituciones sociales».
“La diversidad de las personas y de los pueblos en el
mundo no debe considerarse un peligro o una amenaza, sino una posibilidad de
enriquecimiento y crecimiento. La confrontación, que a veces degenera en
violencia, es fruto del poder del pecado y de cómo este condiciona las
mentalidades y las acciones, en todos los niveles, provocando destrucción y
muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, de la
participación y del cuidado, como ocurre también entre los distintos miembros
del cuerpo humano”.
La
definición de «bien común»
Para reafirmar mejor estos conceptos, León XIV retoma
la definición de bien común ofrecida por Gaudium et spes:
“El conjunto de aquellas condiciones de la vida social
que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros alcanzar su
propia perfección de manera más plena y más rápida”.
Salvaguardar
la vida humana
A partir de este planteamiento, se han identificado
algunas consecuencias prácticas. Ante todo, el respeto a la persona humana:
“Todo lo que atenta contra la vida misma, como
cualquier forma de homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia e incluso
el suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana,
como las mutilaciones, las torturas infligidas al cuerpo y a la mente y las
coacciones psicológicas; todo lo que ofende la dignidad humana, como las
condiciones de vida infrahumanas, las detenciones arbitrarias, las
deportaciones, la esclavitud, la prostitución, el tráfico de mujeres y jóvenes,
o también las condiciones laborales degradantes, en las que los trabajadores
son tratados como simples instrumentos de lucro y no como personas libres y
responsables: todas estas cosas, y otras semejantes, son ciertamente
vergonzosas”.
Superar
la «mentalidad individualista»
En consecuencia, el bien común implica respetar a quienes
piensan y actúan de manera diferente a la propia, ya que todo ser humano exige
la misma justicia social, superando una «mentalidad individualista» y adoptando
una actitud de responsabilidad y participación.
“Esta visión de la humanidad como «comunidad de
personas» es un valioso legado que nos dejó el Concilio Vaticano II. Nos ayuda
a todos a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con
responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, de acuerdo con los
criterios de la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre
participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la
humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los
hermanos en la construcción de un mundo más humano”.
Por EDOARDO
GIRIBALDI/Vatican News




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