En París ante más de 700 mil feligreses el papa León XIV invita a Francia a saciar su sed en Cristo y ser fuente de esperanza

PARÍS, Francia (26 Septiembre 2026).- El Papa León XIV invitó este sábado a los católicos de Francia a saciar en Cristo la sed más profunda del corazón humano y a convertir la fe recibida en una fuente de esperanza para los demás. 

Durante la Santa Misa celebrada en la Plaza de la Concordia de París, el Pontífice presentó a Jesucristo como «fuente de agua viva» y exhortó a las familias, los jóvenes, los catecúmenos y toda la comunidad cristiana a llevar el Evangelio allí donde existen el desánimo, la soledad y la «sequía espiritual».




En la Plaza de la Concordia, durante la Santa Misa celebrada en el marco de su Viaje Apostólico a Francia, el Papa León XIV centró su homilía en una imagen bíblica: «El que tenga sed, que venga a mí y beba» (Jn 7,37). Ante los fieles reunidos en París, el Pontífice invitó a redescubrir en Jesucristo la fuente capaz de saciar las aspiraciones más profundas del ser humano y animó a los cristianos franceses a transmitir la fe, la esperanza y la caridad allí donde existen el desánimo y la sequía espiritual.




A partir de estas palabras del Evangelio, el Papa explicó que la sed de la que habla Jesús no es solamente material, sino que expresa el deseo profundo de sentido, verdad, plenitud, amor y comunión con Dios que habita en el corazón de cada persona.


El Pontífice presentó a Jesucristo como aquel que sale al encuentro de cada ser humano y se revela como la verdadera fuente de agua viva.


“El deseo de Dios habita en lo más profundo de nuestro corazón, y clamamos con el salmista: «mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 41,3). Es el clamor de un hombre, humilde y apasionado, cuya sed más íntima y existencial no deja de crecer.”

Para León XIV, esta sed interior revela que ninguna realidad creada puede satisfacer plenamente el corazón humano.

Una sed que los bienes materiales no pueden apagar


Es en este momento donde León XIV invitó también a realizar un examen personal sobre aquello que cada persona busca para alcanzar la felicidad y advirtió que, después de conseguir objetivos, recompensas o satisfacciones, puede reaparecer un vacío interior que lleva a buscar nuevos placeres, posesiones o formas de entretenimiento para evitar enfrentarse a esa inquietud profunda.


“Cuando creemos que por fin hemos terminado nuestro trabajo y que nuestros esfuerzos han sido recompensados, muy a menudo resurge el vacío interior, aún más profundo. Entonces, para llenarlo, es posible que busquemos nuevos placeres, que queramos poseer cosas nuevas, que hagamos todo lo posible por “divertirnos” para no sentir ese malestar interior.”


Por ello, planteó una serie de preguntas a los fieles: «¿Cuál es nuestra sed más profunda? ¿Qué buscamos realmente en la vida?». El Papa señaló que todos desean felicidad, amor y plenitud, pero que la cuestión fundamental consiste en preguntarse en qué fuente se intenta saciar esa sed.



Frente a los «pequeños ídolos» que prometen felicidad y terminan dejando vacío el corazón, el Pontífice presentó a Cristo como aquel que conoce profundamente a cada persona. El Buen Pastor, explicó, conoce a cada uno por su nombre, conoce sus secretos, intenciones y debilidades, y permanece cercano también a quienes están cansados, heridos o se han alejado del camino.






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