Papa León XIV: El amor es un "sí" profundo a la otra persona, no una emoción pasajera
CIUDAD DEL VATICANO (6 Octubre 2026).- Prólogo de León XIV para la nueva edición de "YOUCAT Love Forever", una nueva propuesta de la fundación Youcat destinada a acompañar a los jóvenes en la reflexión sobre el amor , la relaciones y el matrimonio a la luz de la fe católica: "Este libro es una preparación para un “sí” que no vale solo para un día, sino para toda la vida. Un “sí”, como el amor de Dios, incansable y fiel".
Papa León XIV
Queridos jóvenes: El
corazón de ustedes anhela el amor. Un amor profundo, apasionado y duradero. Ese
anhelo no es casualidad: es un signo de que ustedes han sido creados para amar.
San Agustín, cuyo corazón ardiente atravesado por una flecha aparece en mi
escudo, lo expresó así: «Inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en
ti, oh Dios» (Confesiones 1,1). Con estas palabras manifestaba la sed de amor
divino que Dios derrama realmente en nuestra alma cuando estamos unidos a él.
Sí: Dios puede hacerse presente en el amor humano y transformarlo. Entonces nos
concede la capacidad de amar como él ama: sirviendo, entregándonos con
generosidad y, cuando es necesario, perdonando. Porque Dios es amor y os ha
creado para amar: a él y a las personas que están a vuestro lado.
Entre todas las formas de amor humano, la que surge entre un hombre y una mujer ocupa un lugar especial. Puede herir el corazón como una flecha, con fuerza y rapidez. Pero el amor verdadero no se queda ahí. No es un sentimiento pasajero que se enciende y se apaga. Es algo más: es un «sí» profundo al otro, una decisión, un camino y una alianza para toda la vida. «El amor solo es auténtico y puede perdurar cuando refleja la gloria eterna de Dios, que es amor» (cf. 1 Jn 4,8). Las relaciones sólidas y fecundas se construyen sobre la confianza mutua, sobre ese «para siempre» que sostiene tanto la vocación al matrimonio como la vida consagrada. Este amor pregunta primero: «¿Cómo puedo amar como Cristo ha amado?» (cf. Jn 15,12) y deja en segundo plano la pregunta «¿Qué recibo yo?».
En el matrimonio se
revela algo del propio misterio de Dios. Cuando un hombre y una mujer se
entregan totalmente en el amor, Dios se hace vivo en medio de ellos. Su
fidelidad, su capacidad de perdonar y su lucha diaria por el bien son un
reflejo del amor de Cristo por su Iglesia. Puede sonar como una idealización
romántica, pero es una verdad profunda sobre la realidad: «En él, que es uno,
somos uno» (Agustín, Comentario al Salmo 127).
Dios los llama, queridos
jóvenes, a esta gran forma de amar. No tengan miedo de su profundidad. El amor
al que están llamados es lo bastante fuerte para superar dificultades y lo
bastante grande para sostenerlos a lo largo de toda la vida. No es perfecto,
pero crece a la luz de la fe. El amor verdadero es un don de Dios y no podemos
producirlo por nuestras propias fuerzas. Mientras que el amor humano suele
estar marcado por deseos egoístas, el amor de Dios es desinteresado, paciente,
fiel y posee todas esas cualidades maravillosas que Pablo enumera en la Carta a
los Corintios (cf. 1 Cor 13).
La imagen más hermosa del
amor verdadero la contemplamos al mirar la cruz de Jesucristo. Él nos ama tanto
que estuvo dispuesto a morir por nosotros. Este es el «ADN» del cristianismo,
el mandamiento de Cristo «Ámense unos a
otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los
amigos» (Jn 15,12-13).
Este libro, YOUCAT. Amor
para siempre, quiere acompañarlos en ese camino. Jóvenes como ustedes, de más
de treinta países, han dado testimonio en él de que el ideal al que Cristo nos
llama es un tesoro fascinante. Este libro los invita a abrir su corazón a un
plan más grande que cualquier sueño humano. Es una preparación para un «sí» que
no vale solo por un día, sino para toda la vida: un «sí» incansable y fiel,
como el amor de Dios.
Oro por ustedes, que leen
este libro inspirado por nuestro querido papa Francisco.
Que Jesucristo inquiete
el corazón de ustedes hasta que encuentre descanso en él.
Que el Espíritu Santo sea
su luz y su fortaleza.
Y que, como María, la
Madre del amor hermoso, respondan con confianza y valentía a la más bella de
las vocaciones: la vocación al amor.


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