El legendario jugador holandés Johan Cruyff había vaticinado que “estaba escrito que Lionel Messi con su brillo cegador, ganaría su tercer Balón de Oro consecutivo”
No sé quién fue realmente el que dijo “Estaba escrito”, pero atravesando la secundaria, leí una anécdota jocosa que involucraba a Diógenes, el filósofo griego: “Maestro, ¿por qué se subió a ese árbol si estaba escrito que el perro no lo mordería?”, le preguntó uno de sus alumnos después de presenciar la persecución. “Es que estaba escrito que me subiría al árbol para evitar que me mordiera”, fue la respuesta.
Parafraseando a Diógenes, el legendario jugador holandés Johan Cruyff había vaticinado que “estaba escrito que Lionel Messi con su brillo cegador, ganaría su tercer Balón de Oro consecutivo”. Y así ocurrió ayer en Zurich, con el pequeño y deslumbrante argentino saltando por encima de los cracks Cristiano Ronaldo y Xavi Hernández, quienes en una cancha, son semejantes a un huracán y una sinfonía. No había forma de impedir la nueva coronación de Messi. Ni con las tropas de Atila tratando de emboscarlo.
Cristiano Ronaldo, que con su furia desbordada, podría graficar a Máximo mejor que Rusell Crowe, en una nueva versión de la apasionante y espectacular película “El Gladiador”, quedó segundo, en tanto Xavi Hernández, sin duda el mejor centrocampista del planeta, capaz de dirigir el Bolshoi, volvió a quedar tercero, como un genio embotellado.
¡Diablos, cómo Xavi fue a coincidir con esa pareja de fenómenos, que agregan a sus habilidades, una capacidad de producción impresionante! Favorito sentimental de una multitud que se inclina por la destreza acompañada de sacrificio y cobijada por la humildad, Xavi, que podría ser en la función de futbolista, una reencarnación de inventores como Edison o de Alexander Bell, había quedado detrás de Messi e Iniesta en 2010, sin amargura, sin molestia, igual que ayer.
No reacciona de la misma manera Cristiano, un perfecto ahijado de Mourinho, hinchado de orgullo, inyectado de jactancia. Ser una estrella opacada por el sol, le incomoda, y piensa en este 2012 para intentar deleitarse con un trozo de venganza, cortándole la racha a Messi.
Qué suerte la de esta generación de aficionados de poder estar viendo a Messi en acción cada semana. Más suerte para quienes como yo, vimos también toda la época de Pelé y la de Diego. Las imágenes de ellos se precipitan en nuestros recuerdos hasta juntarse con lo que estamos viendo de Messi, lo que nos confunde en peligrosas comparaciones.
No hay nada que discutir sobre el merecimiento del argentino. Confucio, tan justo, también hubiera votado por él sin el menor titubeo. Estaba escrito que ganaría el Balón de Oro de 2012, como diría Diógenes, pero para lograrlo, necesitaba jugar como lo hizo.
Por EDGAR TIJERINO/ElNuevoDiario.com.ni


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