SAN JUAN, Puerto Rico.- Muchos dominicanos creen que su principal desafío es sobrevivir a una travesía en yola y lograr no ser atrapados por los agentes federales mientras intentan llegar a Puerto Rico indocumentados, pero su tragedia empieza cuando llegan a la isla.
Algunos, como Doris Morales, una dama procedente de La Romana , son secuestrados por los propios organizadores del viaje desde que llegan a tierra boricua y no son liberados hasta que sus familiares pagan un rescate de US$500 dólares o más, además de los RD$35,000 que entregaron para embarcarse.
Otros, como Yanira Lora, una joven de 28 años de Los Mina, se han visto obligadas a prostituirse para sobrevivir y pagar las deudas que contrajeron en Santo Domingo para costear el viaje en yola.
Esclavitud moderna
Martín de Jesús, un delgado caballero de tez oscura nativo de San Francisco de Macorís, confesó que muchas veces lo han puesto a trabajar y no le pagan.
“A veces, cuando ya hemos terminado un trabajo, como saben que somos indocumentados nos amenazan con llamar a Migración”, declaró.
Esas son sólo algunas de las muchas vicisitudes que pasan los dominicanos indocumentados que logran llegar con vida a Puerto Rico. También son víctimas de maltratos y discriminación por su lugar de procedencia. No tienen derecho a recibir un plan de salud, ni a conducir un vehículo, porque carecen de un documento legal.
No hay trabajo ni piedad
El cónsul general de la República Dominicana en Puerto Rico, Máximo Taveras, dijo a EL DÍA que hay dominicanos que van a Santo Domingo y “enamoran” amigos y familiares para que emigren a Borinquen y cuando llegan ni siquiera les toman el teléfono.
“Hay criollos que llegan y no tienen a dónde ir. Duermen debajo de puentes y comen en negocios de otros dominicanos, pero cuando tienen dos o tres semanas la situación se les complica”, dijo.
El presidente del Comité Dominicano de los Derechos Humanos en PR, José Rodríguez, narró indignado que recientemente halló en una calle de San Juan a un dominicano que llevaba 13 días en la isla y no tenía qué comer ni dónde vivir.
“Esa es la situación que vive el dominicano en Puerto Rico. No hay trabajo, no hay piedad para el inmigrante, ni aunque esté documentado”, afirmó.
Posibilidad de empleo
El índice de desempleo en Puerto Rico rondaba el 17% en marzo de 2011, según el Departamento de Trabajo de ese país, pero en algunos municipios llegó hasta el 20%.
Esa situación afecta mucho más a los dominicanos por su condición de inmigrantes indocumentados y con bajo nivel de escolaridad.
“Ahora mismo la situación económica está mal. Solo aparece para el sustento, no para guardar”, comentó Pedro Francisco Reyes, un joven oriundo de Santiago Rodríguez que lleva más de 10 años en Puerto Rico.
Recuerda con añoranza que para esta época los dominicanos se concentraban en masa en la placita Barceló, ubicada en la calle Borinquen de Barrio Obrero y allí los buscaban para trabajar. Ahora por esa plaza no pasa ningún empresario y apenas se ven compatriotas jugando dominó.
Peor que en su tierra
Francisco (Pachín) Ramírez, presidente de la Alianza Dominicana , dijo que muchos criollos están peor en Puerto Rico que en Santo Domingo, pero les da vergüenza regresar “derrotados” y sin dinero.
“Aún así se ha ido entre 30 y 35% para su país u otros estados americanos”, dijo Ramírez. Reporteros de este diario constataron que muchos dominicanos viven hacinados en barrios y callejones, pero disimulan su miseria ante la prensa.
A falta de trabajo algunos hacen aquí lo mismo que en Santo Domingo: vender empanadas, pinchos, frutas y verduras.
Por SENABRI SILVESTRE

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