Estas palabras, nacidas del corazón, fueron dichas por Andy Montañez, uno de los más célebres cantores puertorriqueños, al término del concierto que compartió el último sábado con el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro y Rumberos de Cuba, en el teatro de variedades América.
Montañez decidió este año concatenar una serie de conciertos con la mítica agrupación sonera cubana, a fin de marcar el cincuentenario de su tránsito por el orbe de la música.
La primera estación de ese itinerario fue Panamá, en marzo pasado. Después de la parada habanera de este fin de semana, el espectáculo debe girar en los próximos meses por Perú, Colombia, Puerto Rico y Venezuela, según dio a conocer Frank Oropesa, director del Septeto Nacional, quien junto a Rodolfo Chacón, director de Rumberos de Cuba, tuvo a su cargo la dirección musical del concierto.
El boricua acompañado por el Nacional, regaló al público temas como Cuatro palomas y No juegues con los santos, ambos de Piñeiro; Cachita, de su coterráneo Rafael Hernández; y Convergencia, bolero de Bienvenido Julián Gutiérrez y Marcelino Guerra. Aquí hizo dúo con Eugenio Rodríguez (El Raspa); las voces de ambos cantantes se fundieron profundamente y estremecieron la noche.
El espectáculo también rindió homenaje a los 48 años de existencia de la EGREM , empresa que hizo posible, junto a la dirección del teatro de Variedades América, que estos hermanos se encontraran en Cuba para ofrecer el mejor homenaje de rumba y son que se le haya tributado a Ignacio Piñeiro en la última década.
Volviendo a sus vínculos con la música cubana, Andy explicó a Granma: "Siempre fui admirador de cantantes como el Benny Moré y Vicentico Valdés. Los géneros y ritmos cubanos constituyeron referentes en la formación que me llevó a ingresar en mayo de 1962 al Gran Combo de Puerto Rico".
Natural de San Juan, donde nació el 7 de mayo de 1942, en el área Trastalleres del barrio Santurce, Andrés Montañez Rodríguez, conocido como Andy Montañez, se considera sonero.
"El son —comentó— es la columna vertebral de la música cubana y sostiene, a su vez, otras músicas del Caribe. Ustedes y nosotros venimos del mismo mestizaje. De ahí que valore tremendamente la posibilidad de unirme a un conjunto que lleva el nombre de uno de los grandes soneros de todos los tiempos, un hombre que hizo época, que legó obras imperecederas, Ignacio Piñeiro. Es una suerte que el septeto que él fundó siga prolongándose a 85 años de distancia. Sus músicos son gente muy chévere, conectamos enseguida. Es como si yo militara desde siempre en esa agrupación".
Una pregunta se imponía finalmente: ¿Qué significan estos 50 años de vida artística para Andy Montañez?
"Jamás pensé sinceramente que llegaría a este cumpleaños. He cantado mucho y recorrido muchos caminos por diversos países del mundo y eso deja sus huellas. Pero tuve desde el principio un buen modelo, Rafael Ithier, el fundador del Gran Combo".
Una breve pausa y Andy remata el diálogo con unas frases que susurra como quien habla consigo mismo:
"Solo doy gracias a quienes me han guiado hasta aquí. Gracias al público al que me debo. Y en cuanto a ustedes, gracias por la hospitalidad y el cariño. Cuba sabe que en mí tiene a un hijo más",
Fuente GRANMA

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