NUEVA YORK.- Docenas de bodegueros dominicanos, se visto obligados a cerrar sus negocios por los altos costos de alquileres en los locales que ocupan y en los que operan sus pequeñas empresas.
Algunos llevan décadas empleando y ayudando a compatriotas y otros latinos y aunque sus establecimientos tienen la imagen de negocios comunitarios, los dueños de edificios no ceden en su avaricia por acumular fortuna a costa de la alta renta.
Además de la renta que tienen que pagarles a los caseros, los bodegueros, que suman unos 12.000 sólo en Nueva York, tienen que costear otros gastos como licencia comercial, autorizaciones al departamento de sanidad, asegurar a sus trabajadores a los que deben pagarles el salario establecido por ley y en muchos casos, la recogida de basura por las noches a compañías privadas.
Otros costos se suman a las operaciones de las bodegas que en muchos casos, tienen que vender más caro que otros negocios de su tipo, incluyendo los llamados mini markets y delis.
El alza de rentas por ejemplo en bodegas situadas en vecindarios pobres de El Bronx y que antes pagaban US$1.962.91, está subiendo a US$4.000. Algunos bodegueros hacen acuerdos para que se les rebaje la renta a la mitad o casi a la mitad a cambio de que los propietarios de los edificios les renueven los contratos de alquiler.
Pero, ese es otro problema, los caseros (landlords) casi nunca cumplen esa promesa y al cabo de algún tiempo, vuelven con la presión del aumento del alquiler. Encima de eso, los pequeños comerciantes tienen que remodelar los locales, cambiar el sistema de refrigeración, mantener la apariencia, limpieza y también algunos de ellos han sido estafados por abogados inescrupulosos que les prometen resolver los casos en la corte, pero al final, se quedan con el dinero y todo sigue igual.
Para desgracia de esos negociantes dominicanos, la Asociación Nacional de Bodegueros de Estados Unidos (ASOBEU) que existió defendiendo sus derechos desde los años noventas, desapareció con la retirada a la República Dominicana de su fundador, el activista José Fernández y hasta ahora están huérfanos de representación y defensa institucional tanto en las cortes como frente a los abusos de distintos tipos que tienen que enfrentar.
En casos similares se encuentran los bodegueros Pablo Ureña y su esposa Altagracia Aristy, quienes tienen el negocio “Spanish America Grocery”, a quienes los duelos del edificio quieren subirles la renta a 6.000 dólares, Henry Torres propietario de “La Princesa Mini Market” y de “S & A Grocery”, que paga por el segundo local 2.000 dólares, aunque es mucho más pequeño que el de Ureña.
Defensores de los bodegueros sostienen que esperan la aprobación de una ley denominada “Small Business Suvival Act” (Acta de Sobrevivencia de Pequeños Negocios) que evitaría que unos 80.000 establecimientos como las bodegas tengan que cerrar sus puertas.
El proyecto, está engavetado en el Concejo Municipal desde el 2009. En el 2009, 137 bodegas cerraron sólo en la avenida Broadway de Manhattan y ocupaban cuadras desde la calle 197 a la 230.
Cada día, según estadísticas no oficiales dos o tres bodegas se ven forzadas a cerrar por las mismas causas.
Por MIGUEL CRUZ TEJADA


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