MANAGUA. Este domingo primero de julio se cumplen
tres años de Nicaragua perder a su deportista más querido. Alexis Argüello
(Managua, 1952), tres veces campeón mundial de boxeo y alcalde de la capital de
Nicaragua.
Murió a las dos de la mañana, hora local, en
situaciones aún no esclarecidas. La Policía Nacional investiga las
circunstancias de su muerte.
Managua aún no se había terminado de despertar un
miércoles cuando las radios locales abrían su programación anunciando la muerte
de Argüello. Se había suicidado, decían. Se disparó un tiro en el corazón. La
noticia corrió rápido, de boca en boca, a través de mensajes y llamadas. Los
nicaragüenses lo conocían como el rey del boxeo.
Era un héroe nacional al que le perdonaban todo,
incluso sus pasos, muy criticados, por la complicada política criolla. Decenas
de personas se trasladaron desde los barrios más pobres de Managua al Instituto
de Medicina Legal, donde se practicaba la autopsia al cuerpo de Argüello. Iban
a cerciorarse si el rumor era cierto, si no lo habían soñado. "Siento que
se fue mi hermano", decía allí un humilde joven, vecino del barrio Monseñor
Lezcano, el barrio que vio nacer al monarca del deporte nicaragüense.
Las versiones eran confusas pero para muchos la
causa era lo de menos. Se había muerto el campeón. A las siete de la mañana
hablaba para una radio oficial la primera dama, Rosario Murillo, portavoz del
Gobierno. Decía que el presidente Daniel Ortega lamentaba la noticia. Que
Nicaragua estaba de luto. Que se había muerto "el luchador de los
pobres".
Relación
con los sandinistas
A muchos esa relación de Argüello con el Frente
Sandinista les chocaba, así como su participación en las elecciones municipales
de noviembre, que lo llevaron de forma fraudulenta, según la oposición, a la
principal alcaldía de este país. El cargo que era un espejismo, según los
periodistas que cubren la municipalidad. Argüello era utilizado, era un títere
del partido, explican a este diario. Las órdenes venían de arriba, del
presidente y su esposa. Una fuente explicó que en los últimos días miembros del
FSLN le habían presionado para que dejara la alcaldía, pero el ex boxeador se
negó.
No fue su única participación en política. Argüello
fue teniente honorífico de la Guardia Nacional de Somoza. En 1975 participó
montado a caballo en una manifestación del somocismo en Estelí, al Norte del
país. El boxeador explicó que a aquel desfile del dictador llegó engañado, pero
esa participación se convirtió en su estigma. El primer gobierno de Daniel
Ortega en los ochenta confiscó sus bienes y 20 años más tarde, en 1994, cuando
se conmemoraban los 20 años de su primer titulo mundial, Argüello prometió que
nunca más se metería a política. "Que me escupan la cara si lo hago",
dijo.
Traicionó su palabra. En 2001 se unió al FSLN y tres
años más tarde fue electo vicealcalde de Managua. Después el partido lo escogió
como candidato a alcalde en las elecciones de 2008 por su popularidad y el
cariño que le profesa la gente. Compitió contra el ex ministro de Hacienda,
Eduardo Montealegre, y aunque la oposición y la sociedad civil dicen que perdió
las elecciones, el Consejo Supremo Electoral le otorgó una cuestionada
victoria. Fue cinco meses alcalde de Managua, en una administración cuestionada
por abuso de poder, mal uso de los fondos públicos y negligencia.
"No
me arrepiento de nada"
Pero Nicaragua se lo perdona. Así como su relación
con el alcohol y las drogas, problemas que lo llevaron a la quiebra económica y
por el que pasó largas temporadas en rehabilitación. "He hecho de
todo", dijo en una entrevista, "y no me arrepiento de nada".
Argüello es una gloria de un país acostumbrado a guerras, descalabres naturales
y políticos autoritarios. Sus peleas paralizaban el país, eran una de las pocas
alegrías. Los nicaragüenses lo elevaron a mito del deporte nacional desde que
debutó en el boxeo en 1968.
Argüello participó en 90 peleas, de las que ganó 82,
65 de ellas por nocáut. Entre 1974 y 1981 logró tres campeonatos mundiales y su
nombre está en el Salón Mundial de la Fama del boxeo, en Nueva York.
Este miércoles centenares de nicaragüenses
acompañaban su féretro, mientas continuaban las investigaciones para esclarecer
su muerte. "¡Alexis, Alexis!", gritaban por las calles de Managua.
Sus peleas más famosas eran retransmitidas por las televisoras locales y los
políticos hacían una parada en sus actividades para expresar su congoja.
El Gobierno de Nicaragua decretó tres días de luto
nacional por la muerte del alcalde y ex campeón. "Nicaragua pierde una
gloria nacional", afirmaba un diario local. Y hasta hubo quien le dedicó
aquellas estrofas de Rubén Darío, el otro gran orgullo de este país: "Es
algo formidable que vio la vieja raza: robusto tronco de árbol al hombro de un
campeón."


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