LONDRES.- Mientras el mundo del tenis apunta desde su mirada a la semana decisiva de Wimbledon, Rafael Nadal descansa en su casa y el hombre que lo expulsó del torneo, el sorprendente checo Lukas Rosol, ya está en la ciudad alemana de Brusnwick para jugar un challenger.
Así de rápido se mueve el circuito, en el que hay transformaciones más discretas, aunque no por ello menos profundas.
La de Wimbledon, por ejemplo, que silenciosamente se está convirtiendo en un Grand Slam nocturno, al igual que Australia y el US Open. Sólo queda que Roland Garros rompa con la vieja tradición, para que los fanáticos puedan observar a las grandes estrellas a lo largo de toda una jornada.
El último partido de la tercera ronda, con la sufrida victoria del local Andy Murray ante el chipriota Marcos Baghdatis, se extendió el sábado hasta las 23:02 de Londres. La reglamentación permite que la acción tenga como límite las 23:00, pero el torneo quería concluir el partido para que todos llegaran en igualdad de condiciones a los octavos de final.
Imagen de la pista central durante el Djokovic
Por una vez, al circuito femenino se lo puede acusar de imrpedecible e irregular, porque las cuatro primeras favoritas -la rusa Maria Sharapova, la bielorrusa Victoria Azarenka, la polaca Agnieszka Radwanska y la checa Petra Kvitova- siguen en carrera. Con el agregado de la cuatro veces campeona Serena Willliams, y la sorpresa de la italiana Camila Giorgi, hija de un argentino ex combatiente de la Guerra de las Malvinas entre el país sudamericano y el Reino Unido.
En la parte superior del cuadro masculino surge Novak Djokovic, campeón reinante, que se enfrentará mañana en duelo de serbios a Viktor Troicki.
Será un partido con emociones encontradas, por la amistad que une a ambos. El número uno se impuso a su compañero en el equipo de Copa Davis en 11 de sus 12 duelos precedentes.
Por FERNANDO VERGARA/El Mundo

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