LONDRES.- El "Tiburón de Baltimore" demostró que no es un robot dentro de la piscina y que es muy sensible fuera de ella. Con sacrificio y amor propio, agigantó su leyenda en los JJOO.
"Hay muchas emociones en mi cabeza ahora mismo". Con esta frase, Michael Phelps dejó al desnudo sus sentimientos tras convertirse en el deportista olímpico más exitoso de la historia.
Tras conquistar una plata y un oro en el día que rompió el récord absoluto de Larisa Latynina, el nadador estadounidense se sinceró: "Estoy pensando en las carreras que tengo aún por nadar, por eso esta noche intentaré dormir, pero no sé si lo lograré".
"Siempre digo que todo es posible. Puse mi mente en hacer algo que nadie hiciera antes y ha sido un viaje asombroso. Logramos completar algo único", añadió.
Luego de una impecable actuación en el "cubo de agua" de Pekín, donde conquistó todas las medallas y rompió casi todos los récords, Phelps demostró su humanidad en Londres.
En su primera jornada en el Reino Unido, falló en los 400 metros medley, donde ni siquiera pudo subir al podio.
Un día más tarde, se repuso con una buena carrera individual en el relevo 4x100 libres, aunque sufrió por la victoria de Francia, que relegó a Estados Unidos a la medalla de plata.
El 31 de julio de 2012 quedará grabado a fuego en la vida de Michael Phelps y en la historia del olimpismo.
El "Tiburón de Baltimore" perdió el oro después de once años en la última brazada en su especialidad de 200 metros mariposa. Y se reivindicó tras conquistar la medalla dorada en los relevos 4x200 libre una hora después.
"He sido un ser humano toda mi vida", aseguró Phelps, huyendo de la perfección que se le atribuye tras ganar 15 oros, dos platas y dos bronces en los últimos ocho años. Hace cuatro, pocos creían en esa expresión de ser como el resto de los mortales, pero en Londres la confirmó.


No hay comentarios.: