Los días en mi natal San Cristóbal, discurren de tal manera que resulta difícil establecer diferencias entre uno y otro.
Siempre son las mismas noticias , atracos, robos, desempleo , delincuencia , drogas, rebatiñas políticas, falta de atención, dejadez, en fin, es como si un día fotografiara al otro, la gente camina de aquí para allá y de allá para acá y en sus pasos se reflejan , la fatiga y el desaliento fruto de que hace tiempo que en esta urbe, no se recibe una buena nueva.
Una buena nueva, que levante y remueva los ánimos de nuestra gente, una buena nueva, que nos haga sentirnos alegres y jubilosos porque hemos sido tomados en cuenta, con una u otra medida que aminore los males que padecemos.
Una buena nueva, de la que se hable y se comente en las esquinas y en los callejones de cada barrio , de cada sector, en los colmados, en los mercados, en las empresas , en los hogares, en los parques, en las iglesias, en las emisoras, en los periódicos .¡Hasta en la luna.!
Una buena nueva, que sea el tema obligado en las paradas de los motoconchistas, en las guaguas, por los profesionales , por los obreros , por los chiriperos , por los estudiantes, por las amas de casa, por los campesinos, por los pobres , por los ricos, por todos.
Una buena nueva, que provoque una gran sonrisa de satisfacción, una buena nueva, que por la emoción nos haga echar un coño que retumbe hasta el cielo, al tiempo de exclamar con el puño cerrado, ¡Por fin, ya era hora!, una buena nueva, que nos haga mostrar eso que sentimos y llevamos callados por dentro , pero que desgraciadamente, no tenemos motivos para exhibirlo; nuestro orgullo.
Una buena nueva, que nos despierte bien temprano y nos desvele en la noche, y por la que regocijados unos y otros nos felicitemos y nos confundamos en un profuso abrazo.
Una buena nueva, con la que estén de acuerdo los optimistas y los pesimistas, los que votan y los que no votan.
Una gran buena nueva, por la que esta, nuestra San Cristóbal, deje de ser una cenicienta y por la que , gobernantes y gobernados nos preocupemos y hagamos posible el bienestar y desarrollo que todos nos merecemos. Que Dios nos ilumine.
Por LEONARDO CABRERA DIAZ
El autor es periodista


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