El secretario particular de Benedicto XVI, monseñor
Georg Gänswein, superior directo del mayordomo del Papa, será convocado como
testigo en el juicio contra este último por "robo agravado" en el
caso Vatileaks que se reanudará el 2 de octubre por decisión de los
magistrados.
Gänswein, de 56 años, considerado por algunos como
la eminencia gris del Santo Padre, era el único testigo citado con nombre y
apellido en los documentos procesales del juicio al mayordomo Paolo Gabriele,
acusado de haber robado y fotocopiado documentos confidenciales del Papa y sus
colaboradores.
Los magistrados proporcionaron este sábado la lista
con los nombres del resto de testigos, entre los que se encuentran seis
miembros de la gendarmería del Vaticano y Cristina Cernetti, una mujer italiana
vinculada al servicio del Papa.
Tras una audiencia de más de dos horas, dedicada
esencialmente a los requerimientos de excepción o nulidad de los abogados, los
magistrados fijaron la próxima sesión para el martes 2 de octubre. Esta sesión
se dedicará a la audición del acusado.
Los jueces, tres magistrados laicos, aceptaron, a
petición de uno de los abogados, la separación del proceso del mayordomo del
procedimiento del informático Claudio Sciarpelletti, juzgado por complicidad.
Este segundo juicio fue aplazado a una fecha posterior que no se precisó.
Vestido elegantemente con un traje de color gris
claro, corbata gris y camisa blanca, Paolo Gabriele, de 46 años, parecía
impasible. Muy pálido y con la mirada gacha, el acusado sólo sonreía cuando se
dirigía a su abogado.
El proceso está abierto a la prensa, lo que supone
un hecho inédito en la historia del Estado Pontificio, conocido por su
secretismo.
Sin embargo, la audiencia pública está estrictamente
controlada: sólo ocho periodistas fueron autorizados a entrar en la sala del
tribunal y únicamente podrán informar sobre el juicio a su salida. No podrán
utilizar cámaras de foto, ni de vídeo.
"Mal
y corrupción"
Gabriele, uno de los pocos ciudadanos laicos del
estado más pequeño del mundo, se enfrenta a una pena de hasta cuatro años de
prisión, pero la posibilidad de que se beneficie de la gracia papal parece
bastante probable, a pesar de que, según su entorno, Benedicto XVI resultó
"profundamente herido" por la traición de alguien al que
"conocía, quería y respetaba".
Fiel servidor de Benedicto XVI, el mayordomo le
preparaba sus hábitos de ceremonia y le servía la comida. En las fotos
oficiales se le veía siempre al lado del Papa.
Está acusado de haber robado y fotocopiado durante
meses decenas de documentos confidenciales del Papa y sus colaboradores.
Después, bajo el seudónimo de "Maria", los transmitía al periodista
Gianluigi Nuzzi, quien los utilizó en el libro "Sua Santità" (Su
Santidad), donde quedaron al descubierto las rivalidades y la animosidad,
especialmente contra el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.
El mayordomo reconoció los hechos. Durante los
interrogatorios, Gabriele explicó que actuó para revelar el "mal y la
corrupción" que había en el Vaticano. Creía que actuaba por orden
"del Espíritu Santo", consideraba que el Papa no estaba
suficientemente informado de todos los escándalos y quería reconducir a la Iglesia
"por el buen camino".
Detenido el pasado 23 de mayo, Gabriele pasó 53 días
en una celda de la gendarmería del Vaticano, antes de ser puesto bajo arresto domiciliario
a finales de julio.
Entrevistado en febrero, de forma anónima, en la televisión,
Gabriele afirmó que una veintena de personas "en los distintos
organismos" del Vaticano estaban implicados en "Vatileaks". Sin
embargo, hasta el momento, únicamente Claudio Sciarpelletti está siendo juzgado
junto a él y su papel es considerado como secundario. Sus abogados indicaron
este sábado que se declara inocente.
En la entrevista concedida a Nuzzi, Gabriele afirmó
ser consciente de las consecuencias de sus actos y de los riesgos que asumía.
Pero añadió que "ser un testigo de la verdad significa estar dispuesto a
pagar el precio".

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