Las canastas navideñas, esos regalos ostentosos que pueden llegar a costar
hasta 200 mil pesos, llevan un sello de origen: “Made in Dominican
Republic”.La distribución de canastas navideñas desnaturaliza por completo la vieja tradición del mundo cristiano porque en nuestro medio son muchos los que empiezan a fruncir el ceño cuando al promediar diciembre no han recibido aún las canastas de fulano o mengano o de tal o cual institución.
Este año andan haciendo bembitas, sobre todo algunos colegas periodistas.
La costumbre ha llegado a niveles en que hay instituciones y funcionarios que se disputan quien hace el regalo más caro o cual canasta es más abundante en bebidas y golosinas.
Hay diversidad de canastas navideñas, desde aquellas que llegan con más basura que otra cosa –papeles, cartones, pajilla– hasta la última forma de hacer bulto, como es sacar las botellas de las cajas y meter ambas en la misma canasta… Pero también las hay abundantes en todo tipo de bebidas, varias marcas de escoceses, vinos de varios tipos, licores caros, finos chocolatines...
Algunos son de bajo coste... Las “estándares” llevan dulces y golosinas de época, una botella de vino que puede costar hasta 500 pesos, una botella de whisky ochoañero, un ponche criollo, un Anís Vázquez o Del Mono, ron criollo, uvas, peras, manzanas... Y mucho bulto.
Hay otros tipos de canastas mucho más sencillas y baratas aún, que llevan bebidas criollas y productos alimenticios de primera necesidad, pollos, sazones y todo lo necesario para la cena de nochebuena que regularmente las preparan algunas empresas para obsequiar a sus trabajadores de más bajo nivel o para regalarlas en el entorno de su localización.
Las cajas de vinos
En los últimos años el regalo de una caja de vinos ha ido reemplazando las canastas dentro de las exclusividades de fin de año.
Con la diferencia de que una buena caja de vino puede llegar a costar cientos de miles de pesos… y hasta millones, si se trata de la mejor cosecha de un vino muy exclusivo… Y quien lo recibe no necesariamente llega a valorarla.
El esnobismo de estos tiempos, sin embargo, induce a recibir con mayor agrado un buen vino que una grotesca canasta navideña… que tampoco cae nunca mal en tiempos de precariedades.
Aunque me quedo con la recomendación de don Rafael Herrera: ¡Regala un litro…Pero también un libro!
Jolgorio navideño
El mundo cristiano conserva sus tradiciones navideñas milenarias.
En todas partes se celebra el nacimiento de Jesús y la llegada del año nuevo. Pero el jolgorio nos corresponde sólo a nosotros… A nadie más.
En ningún otro lugar del mundo, ni siquiera en los países más atrasados del planeta, sale la gente a la calle “a buscar lo mío” ni se reparten tantas canastas, cajas y fundas… Ni los partidos, ni los dirigentes ni los gobiernos exhiben tanta miseria.
Esta es mi cuarta navidad en España y aunque aquí la crisis ha apretado severamente en los últimos años y se calcula que hay más de cinco millones de personas en el paro, y millón y medio de familias sin un solo miembro trabajando, semejante paternalismo es impensable por estos lares.
Ya antes había pasado tres navidades en Chile, donde también hay muchos pobres —jamás como en nuestro país, por supuesto— y tampoco vi nunca cosa igual.
La peculiaridad de nuestras celebraciones es de antología.
En todas partes las familias organizan la cena de Navidad en recogimiento familiar, intercambian regalos y celebran en la santa paz del hogar.
Nosotros gozamos más que el resto porque nos lo comemos todo y nos bebemos hasta la botella… ¡Hoy es la resaca… del cuerpo y del bolsillo…!
Por CESAR MEDINA
El autor es productor de televisión

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