Al menos 110 heridos en un violento aniversario de la revolución de Egipto
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EL CAIRO, Egipto.- La céntrica plaza Tahrir, el
kilómetro 0 de las revueltas, ha regresado este viernes a la liturgia de los
choques. Cientos de manifestantes se han enfrentado desde la madrugada a las
fuerzas de seguridad horas antes de que confluyesen en el lugar las marchas
convocadas por los opositores del presidente, el islamista Mohamed Mursi, para
celebrar el segundo aniversario del inicio de la revolución que venció a Hosni
Mubarak.
Los enfrentamientos, que se han extendido también a
las ciudades de Alejandría o Suez, han dejado al menos 110 heridos. En la
localidad de Ismailia la multitud ha prendido fuego a una sede del brazo
político de los Hermanos Musulmanes. Entre los heridos, figura un ciudadano español
que presenció los choques de la céntrica calle Qasr al Aini de El Cairo. La
embajada española en la capital egipcia ha precisado que el español ha sido
herido en el curso de los enfrentamientos en El Cairo, añadiendo que "su
vida no corre peligro". "Está recibiendo atención médica adecuada y
la embajada está en contacto con su familia", añade la legación.
La
'contrarrevolución
Al atardecer, las marchas procedentes de distintos
barrios de la capital alcanzaron el corazón de las revueltas donde las protestas
se desarrollaron con cierta calma a excepción de los enfrentamientos
esporádicos entre manifestantes y uniformados que albergaron algunas calles
aledañas. Los principales líderes de la oposición hicieron acto de presencia en
la cita. Tanto el es secretario general de la Liga Árabe Amro Musa como el
premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei o el naserista Hamdin Sabahi -que
quedó tercero en las presidenciales del pasado mayo- participaron en la
convocatoria.
Los brotes aislados de violencia continuaron durante
toda la jornada. Desde primera hora del viernes, los jóvenes lanzaron cócteles
molotov y piedras a los uniformados cuando trataban de aproximarse a los muros
de cemento que mutilan el centro de El Cairo y protegen varios edificios
estatales.
En la batalla campal, varias tiendas de campaña
instaladas por los manifestantes en Tahrir fueron incendiadas por los cócteles
molotov y un pequeño incendio alcanzó un centro de adiestramiento del
Ministerio de Industria, contiguo al edificio del Institut d'Égypte,
rehabilitado tras se pasto de las llamas en unos disturbios similares
registrados el 17 de diciembre de 2011.
Ayer los manifestantes intentaron derribar la tapia
que rodea las sedes del Parlamento y el Consejo de Ministros pero las fuerzas
de seguridad lograron reparar la pared.
Entretanto, en Alejandría la policía arrojó gas
lacrimógenos que se habían concentrado ante un tribunal y los vecinos de Suez,
Luxor, Kafr al Sheij o Mahalla el Kubra también se sumaron a las protestas.
En previsión de nuevas escaramuzas, el ministerio de
Interior advirtió de que cumpliría con su labor de proteger las instalaciones
públicas y privadas y evitar cualquier tentativa de "violar la
legitimidad". Los agentes permanecieron en alerta ante las protestas y el
veredicto previsto para el sábado sobre el desastre del estadio de Port Said
que dejó más de 70 muertos el pasado año.
En un discurso ofrecido con motivo del cumpleaños
del profeta Mahoma, el presidente instó a conmemorar el aniversario "de
una manera civilizada y pacífica que salvaguarde la nación, las instituciones y
las vidas". Mursi reiteró la existencia de una la existencia de una
"contrarrevolución" urdida por los "remanentes del régimen de
Mubarak".
Dos
años de transición política
Tras 24 meses del levantamiento popular, Tahrir
arroja el fogonazo de la profunda división que vive el país. Más cerca de la
contestación que de la celebración, los opositores seculares a los Hermanos
Musulmanes y sus aliados salafistas (rigoristas) se reunen bajo el lema de
"No al Estado de la Hermandad. La revolución Constitución". Entre los
convocantes, figuran el Partido de la Constitución del premio Nobel de la Paz
Mohamed el Baradei y formaciones y movimientos naseristas, socialistas y
revolucionarios.
"Hay que garantizar que los pobres pueden
comer, los enfermos pueden recibir asistencia sanitaria, los niños educación y
todos son tratados con dignidad", señaló El Baradei en un vídeo colgado en
Youtube en el que animó a sumarse a las marchas que parten de distintos barrios
de la capital con el objetivo de "exigir una Constitución para todos los
egipcios". La Carta Magna, aprobada por la mayoría islamista con el boicot
de laicos y cristianos y ratificada en referéndum el pasado diciembre, ha
ampliado la brecha entre islamistas y seculares.
Mientras Tahrir ajusta cuentas con dos años de
azarosa transición política, los barbudos se limitan a recordar la efemérides
con la vista puesta en las elecciones parlamentarias que deben celebrarse en
los próximos meses. La Hermandad, con una amplia red de caridad, ha puesto en
marcha la campaña 'Juntos construimos Egipto' a través de la que ofrecerá
viviendas a los más necesitados, plantará árboles, reformará colegios,
repartirá comida o limpiará las calles.
Los opositores que han tomado Tahrir centran sus
demandas en las proclamas incumplidas del levantamiento -como el cántico de
"pan, libertad y justicia social"- y culpan al Gobierno de ser
incapaz de detener una severa crisis económica e impedir "la pobreza, la
subida de precios, la inseguridad y la mala administración". Resultado de
la inestabilidad política, el déficit público se ha disparado; la depreciación
de la libra egipcia frente al dólar ha alcanzado en las últimas semanas un
récord histórico y tanto las reservas de moneda extranjera como la inversión
extranjera se han desplomado.
Además, el país ha sufrido una cadena de trágicos
accidentes ferroviarios y derrumbe de edificios que revelan el deterioro de las
infraestructuras y se suman a la decadencia de los servicios públicos de
educación y sanidad. En siete meses en palacio, Mursi no ha logrado tampoco
acabar con la brutal impunidad del aparato policial ni proporcionar el alivio
de la justicia a las víctimas de las revueltas y tres décadas de dictadura.


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