SHANGAI, China.- Un equipo de investigadores de la
Universidad de Fudan, una de las más prestigiosas de China, en Shanghái, ha
descubierto por qué ciertos tipos de bacterias pueden desarrollar métodos de
resistencia contra la acción de algunas variedades de antibióticos, recoge hoy
la prensa local.
El descubrimiento, aunque sólo es un primer paso
aplicable para una familia determinada de antibióticos, puede ayudar a
conseguir durante un tiempo importantes ahorros en gastos médicos en todo el
mundo, ya que podría permitir alargar la vida útil de estos medicamentos, antes
de ser necesarias nuevas alternativas.
El problema de la cada vez mayor resistencia de las
bacterias al tratamiento con antibióticos se debe sobre todo al abuso en su
utilización, tanto por las ocasiones en las que se prescriben como por el
exceso de las dosis aplicadas, un problema que es especialmente serio en China,
donde este hábito está muy extendido.
Según recoge hoy el diario independiente "South
China Morning Post", China es uno de los países que más abusa de los
antibióticos en todo el planeta, con una media de 138 gramos por persona al año
en 2011.
Ahora el equipo de la universidad shanghainesa,
encabezado por el biólogo molecular británico Alastair Murchie, ha publicado en
la revista "Cell" el hallazgo, en varias bacterias infecciosas, de
una sección especial de su ácido ribonucleico (ARN) que, cuando se activa, les
permite protegerse de la acción de los antibióticos.
Esa sección química, que han llamado
"ribo-interruptor" y que han localizado en los tipos de bacteria que
causan enfermedades como la meningitis, la neumonía y la artritis, parece
controlar la capacidad de la bacteria de resistir a los antibióticos de la familia
de los aminoglicósidos, mediante una proteína que se libera al detectarlos.
Aunque esta familia de antibióticos supone sólo
cerca del 20 por ciento de estos medicamentos, el avance es importante, dada la
rapidez con la que está evolucionando el problema de la resistencia de las
bacterias, dijo Murchie, cuyas conclusiones se alcanzaron tras tres años de
investigaciones.
"Esto nos da una nueva manera de afrontar esta
presión, ya que si conseguimos mantener esos 'interruptores' apagados, los
antibióticos seguirán funcionando y no será necesario gastar miles de millones
de dólares en desarrollar nuevos antibióticos", ya que se podrán usar aún
los de generaciones anteriores, mucho más baratos, explicó.
La investigación ha sido financiada por el Gobierno
central chino y el de Shanghái.


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