Fue como un bofetón, que de inmediato se convirtió
en tierna caricia. Como me sucede con frecuencia, andaba perdido por algún
lugar mientras escribía. Y ocurrió que sin poderlo evitar, mis dedos dejaron de
moverse sobre el teclado, como hechizados por aquella melodía de piano tan
bella por su estructura asombrosamente sencilla que me llegó como leve susurro.
Y entonces, cual abundante
cascada, surgió su voz: I heard that you’re settled down,/ That you found a
girl and you’re married now. /I heard that your dreams came true,/ Guess she
gave you things I didn’t give to you...
Tuve que dejar a un lado la escritura y correr hasta
ubicarme frente al televisor para saber de quién nacía aquella voz dulce y
desgarrada, que erizaba de la cabeza a los pies, e interpretaba una canción tan
sorprendentemente sincera, y llena de nostalgia, sobre el desamor. Escuché que
te has establecido, / Que encontraste una chica y te has casado,/ Escuché que
tus sueños se han hecho realidad/ Supongo que ella te dio las cosas que yo no
te di...
Y allí, junto al piano, estaba la joven con cara de
muñeca, pero tan divorciada de los patrones y las «normas» que exige el mercado
para transformar a los artistas en superestrellas. La imagen de Adele, esa que
cantaba Someone like you —tal vez la canción más bella de los últimos tiempos—
nada tenía que ver con las irreverencias y las polémicas de Lady Gaga y la
desaparecida y fuera de liga Amy Winehouse, ni con la exhuberancia de Beyoncé y
Rihanna, ni con el pelo y los dientes rubios de Britney Spears... A ella,
ataviada a la «vieja» usanza y con su evidente tendencia a sumar kilos de más,
solo le bastaba su garganta prodigiosa, su gracia natural, su emoción, su
sensualidad, su espontaneidad...
Entonces, me cayó la «fiebre» por la británica. Supe
que Someone like you era uno de los 13 tracks que, con su firma al pie de cada
texto como sello (con excepción de Lovesong, magnífica versión de la pieza de
The Cure), conformaban el CD 21, publicado a comienzos de 2011. 21, porque esa
era la edad que ella tenía cuando lo dio a conocer, como mismo ocurrió con 19,
su ópera prima, que la ubicó de inmediato en el panorama musical del mundo.
Sin embargo, con 21, con el cual conquistó la
consagración definitiva, ha pasado algo curioso: estamos hablando de uno de los
fonogramas más vendidos en la historia de la música contemporánea, que continuó
afincado en las listas de éxitos del planeta,
incluso en todo el 2012, cuando
Adele casi permaneció alejada de los escenarios.
Primero por una operación y
luego por su embarazo y la llegada de su hijo. Y, no obstante, 21 consiguió,
como antes 19 (incluyó entre otros temas a Chasing pavements, Hometown glory y
su versión de Make you feel my love, de Bob Dylan) permanecer por cuatro
semanas consecutivas en primera posición; una marca que después de la de los
Beatles, en 1964, ningún cantante vivo se había agenciado.
Pero había más: el álbum que bebió a sus anchas y
con gusto del soul, el blues, el country, el pop..., contiene canciones que uno
no se cansa de escuchar, al estilo de Rolling in the deep, con su también
señalada influencia del gospel; las impresionantes Don’t you remember (casi tan
fabulosa como Someone like you), Turning tables, Take it all y One and only,
y... todas: He won’t
go, Rumour has it, Set fire to the rain, I’ll be waiting, If it hadn’t been for
love y Hiding my heart, más la ya mencionada Lovesong.
De cualquier manera, Someone like you, cuya
interpretación en la gala de entrega de los Brit Awards (el equivalente
británico de los Grammy) disparó su venta por doquier, fue la responsable de
ese boom que aún no termina (enseguida este sencillo dejó en el camino a Price
Tag, de Jessie J., y se situó en la cúspide de la lista).
Tanto así, que después de la recordada actuación de
Adele en 2011, 21 logró vender un millón de copias en solo dos meses (algo casi
impensable en tiempos de crisis) y se ubicó lo mismo ese año que en el que
recién finalizó, como el más vendido (4,4 millones de discos) en Estados
Unidos; un récord que solo le pertenecía al gran Michael Jackson y su Thriller,
quien protagonizó tal hazaña en 1983 y 1984.
E igual que sucedió en Norteamérica, se repitió en
medio planeta. Así, gracias sobre todo al público adolescente (según los
expertos del negocio musical), Adele fue en 2012, sin discusión, la artista más
exitosa del universo con 9,2 millones de copias vendidas de su última
producción, lo que la colocó en la punta de una competencia en la que dejó muy
atrás a sus más cercanos colegas-seguidores, de acuerdo con los datos brindados
por la empresa de investigación de mercados Nielsen SoundScan. De hecho, la más
próxima, Taylor Swift con su álbum Red, se tuvo que conformar, en la distancia,
con 3,8 (detrás quedó One Direction con Up all night).
Y hablando de ventas, habría que añadir que 21
clasificó en el cuarto puesto en la historia de la música pop en el Reino
Unido, al ser superado únicamente por grupos memorables como Queen, The Beatles
y Abba, según la compañía Official Charts Company. ¿Cuál es el misterio de
Adele Laurie Blue Adkins, como la nombraron sus padres, para funcionar incluso
en Cuba, donde tal parece que los oídos están sobre todo dispuestos a captar la
música más sofocante y bulliciosa? Es que cuando esta mujer canta su energía va
directo al corazón. Y ello, entre muchas otras razones, por el amplio registro
de una voz sólida, cautivante, que defiende canciones despojadas de todo
artificio. Con Adele, tan distante del estereotipo, ni siquiera se necesita
dominar el idioma, porque se comunica a través del alma.
Por JOSE LUIS ESTRADA/Juventud Rebelde


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