Distintas organizaciones expresaron su optimismo
tras escuchar al presidente de los EEUU decir que "ahora es el
momento".
Una coalición de organizaciones comunitarias convocó
a una marcha multitudinaria el 10 de abril en la capital estadounidense a favor
de una reforma migratoria integral que permita naturalizarse a 11 millones de
inmigrantes indocumentados.
La campaña será coordinada por la Alianza por la
Ciudadanía y el Movimiento para una Reforma Migratoria Justa, el cual es una
extensión del Centro para Cambio Comunitario, una organización fundada en 1968
para mejorar la calidad de vida de las minorías étnicas de bajos ingresos.
María Kennedy, una inmigrante sin papeles que llegó
a Miami desde Entre Ríos, Argentina, hace 13 años en busca de un futuro mejor,
dijo: "Como indocumentada siento un alivio y aplaudo que se pongan de
acuerdo (demócratas y republicanos) y traten de hacer algo, pero me preocupa
que quede mucha gente afuera de la reforma. No creo que vaya a ser fácil para
algunos regularizar su situación".
El sacerdote católico Jesús Nieto-Ruiz, integrante
de la red nacional religiosa PICO, expresó estar "esperanzado de que las
declaraciones del presidente marquen una comprensión fundamental de que la
naturalización es la única solución consistente con los valores estadounidenses
y las creencias de cada credo religioso".
Estas declaraciones se producen en el marco de la
propuesta presentada por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, de
dar la opción de naturalizarse a los indocumentados que se sometan a revisiones
de seguridad nacional y prontuario policial, paguen impuestos y una multa,
esperen que se hayan atendido todas las solicitudes presentadas previamente por
los inmigrantes legales y aprendan inglés.
"No habrá incertidumbre sobre su capacidad de
convertirse en ciudadanos estadounidenses si cumplen estos requisitos",
señaló un documento distribuido por la Casa Blanca.
Laura Vázquez, analista legislativa para asuntos de
inmigración del Consejo Nacional de la Raza (NCLR por sus siglas en inglés),
dijo que la alocución de Obama "confirma que el 2013 es el año de la
reforma migratoria y denota que hay un impulso creciente y mucha energía en
Washington para una reforma".
En su discurso, Obama dijo que "esto no es un
debate sólo sobre propuestas legislativas. Es sobre personas".
Esta parte del discurso fue muy popular en Twitter
pero algunos activistas indicaron que el total de deportaciones durante el
gobierno de Obama, incluyendo la de inmigrantes con delitos no graves, resta
credibilidad a las palabras del presidente.
El representante republicano Lamar Smith, presidente
del subcomité de inmigración en la cámara baja, dijo: "Nuestras leyes
migratorias no están rotas, simplemente no se aplican".
"Cuando legalizas a los que están en el país
ilegalmente, cuesta a los contribuyentes millones de dólares, cuesta a los
trabajadores estadounidenses miles de empleos y promueve más inmigración
ilegal", agregó.
Brendan Buck, vocero del presidente republicano de
la cámara baja John Boehner, se expresó esperanzado de que Obama "no
arrastre el debate a la izquierda y termine entorpeciendo la difícil labor por
delante en la cámara y el Senado".
El planteamiento de Obama discrepa con el presentado
el lunes por ochos senadores, el cual condiciona la opción a la naturalización
a mejorar la seguridad en la frontera y la supervisión para que los portadores
de visas no excedan su estadía en territorio estadounidense.
Condicionar la naturalización a la seguridad
fronteriza puede convertirse en una gran discrepancia entre la Casa Blanca y
los legisladores.
La propuesta del Senado estipula además que los
indocumentados demuestren no tener prontuario criminal y paguen multas e
impuestos atrasados para obtener un estatus legal temporal, el cual les
permitiría residir y trabajar legalmente mientras esperan recibir la
autorización para solicitar la residencia permanente, lo cual podrán hacer
solamente después de que hayan sido atendidas todas las solicitudes presentadas
previamente por inmigrantes legales.
La aprobación de tal propuesta en el Senado no es
segura, pero el principal obstáculo está en la cámara baja, dominada por
republicanos conservadores que han mostrado escaso interés en una reforma
migratoria.

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