Desde que se establecieron las relaciones
estratégicas entre América Latina y el Caribe (ALC) y la Unión Europea (UE) en
1999, cada reunión birregional acapara la atención económica y comercial,
aunque desde hace algunos años, al finalizar las cumbres nos encontramos más
bien con resultados de trascendencia política. Esta última cumbre no fue la
excepción.
La iniciativa, que reúne a dos continentes que
sumados ocupan cerca del 20% de la población mundial, tiene su punto de partida
en Chile en 1996, durante la VI Cumbre Iberoamericana. El entonces presidente
del Gobierno español José María Aznar propuso la creación de un diálogo
permanente entre ambas regiones. Después de las aprobaciones parlamentarias y
de gobiernos, se concretó finalmente una asociación estratégica birregional a
través la Declaración y el Plan de Acción adoptados en la primera cumbre que se
llevó a cabo en Río de Janeiro en junio de 1999. Así fue que nació la Cumbre
ALC-UE, hoy Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)-UE.
La Celac es un grupo de 33 países que nació en
febrero de 2010, en México. Su objetivo fundacional es “promover la integración
y el desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños”; y sus países
siempre fueron enfáticos al resaltar la importancia que ejerce la democracia
para alcanzar el desarrollo. En su carta constitutiva señalan que “la
preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las
instituciones y el Estado de Derecho y la vigencia de los derechos humanos son
objetivos esenciales de nuestros países”. En 2011, la Celac ratificó una
cláusula específica en ese sentido, en la que prevé que “si en un país hubiera
violación del orden democrático, se abrirían consultas y ese país podría ser
suspendido”.
Resaltamos estos aspectos porque sin dudas la nota
más llamativa de la última cumbre fue que, finalizada la presidencia pro
tempore de Chile, Cuba ha pasado a ser el país encargado de liderar por doce
meses la conducción de este proyecto regional. Es decir, La Habana, al finalizar
esta cumbre, además de ser el nuevo líder regional, pasa a ser el portavoz del
diálogo entre ALC y la UE.
Al comparar las bases democráticas que se habían
propuesto estos países al constituir la Celac, con los resultados de la última
Cumbre en Santiago, la principal interrogante es por qué se eligió a ese país
-la última dictadura que queda en el continente- para liderar este proceso de
diálogo. Más aún con la UE, que ha sido un bloque perseverante en la defensa a
nivel mundial de una “cláusula democrática” para negociar cualquier tratado
comercial.
Además de este tipo de resultados se puede decir que
lejos de unir, el modelo de integración que se ha dado en los últimos tiempos
se basa en la división de América o “las Américas”. Los proyectos así lo
demuestran explícitamente: la Celac, nace para dejar de lado a EEUU y Canadá; y
Unasur, dando la espalda a toda América Central (México y el Caribe) y América
del Norte (EEUU y Canadá).
Al confirmar esta tendencia, algo que llama la
atención es la fuerte campaña que ejercen los “sudamericanistas” para que este
proceso de “integración excluyente” no se detenga. A tal punto que países de la
región, reconocidos por su pragmatismo (Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y
Uruguay), parecen cada vez más acallados ante este tipo de hechos. En algunos
casos han preferido no participar y en otros no pronunciarse, pero desde hace
algunos años ya nadie se opone enfáticamente a los hechos que suceden y que
pocos contribuyen con la región. Esta última cumbre de Celac lo volvió a
confirmar.
¿Acaso es lógico mostrarle al mundo que uno de los
bloques regionales integrado por la mayor cantidad de Estados latinoamericanos
y caribeños será presidido por un país que cuenta con un Gobierno dictatorial
hace cinco décadas?
Este silencio que se acrecienta en la región, al
buscar respuesta a este tipo de preguntas -incluso de parte de aquellos
promotores de la coherencia en la integración-, confirma las reflexiones del
gran Cosme de Médicis, que comparaba a los moderados con los habitantes del
primer piso de un edificio, “asediados por el humo de los de abajo y por el
ruido de los de arriba”.
Este debate dista mucho de ser de “derecha” o “izquierda”. Por el contrario, es de sentido
común. Como diría un amigo “si ser derecha es defender a Pinochet soy de
izquierda; y si ser de izquierda es defender a los Castro, soy de
derecha”. La libertad es una sola. No
existen libertades a medias, o se cumple o no. Lo mismo con la democracia que
tanto se defendió “como promotora del desarrollo” al constituirse la Celac. Por
eso llama mucho la atención que los países de la región hayan elegido como su
“nuevo líder” a Cuba.
También sorprende que esta decisión se tome en
tiempos en los que la relación entre ambos socios debería basarse en aspectos
comerciales y económicos; porque la crisis europea ofrece más oportunidades que
amenazas para ALC.
Las intenciones que se presentan en el documento
final de la cumbre muestran que las oportunidades son inmensas; tan grandes
como la diferencia de criterio que existe en América Latina para alcanzar
resultados comunes. Mientras algunos ven en la apertura al mundo un camino para
aumentar la inversión, otros la confunden con invasión y por eso prefieren
protegerse.
La pregunta es: cuándo la bonanza en América Latina
entre en una meseta, ¿quiénes estarán más cerca del desarrollo? ¿Los que hoy
apuestan a la apertura o los que prefirieron refugiarse en al proteccionismo?
Más allá de todo, es bueno resaltar que la cumbre
también trajo consigo la formulación de varios desafíos para los países
latinoamericanos y caribeños: el pedido de mayor seguridad jurídica de parte de
Europa para colocar sus inversiones en la región (después de que Argentina
expropiara en 2012 el 51% de las acciones que Repsol mantenía en la petrolera
YPF); la voluntad de Alemania para avanzar en el tan ansiado acuerdo comercial
entre la UE y el Mercosur (que de concretarse hasta incluso tendría
consecuencias muy positivas sobre la Ronda de Doha); los acuerdos de
cooperación, en medioambiente; y proyectos mayormente bilaterales que buscan
“promover inversiones, emprendimiento e innovación para el Desarrollo
Sustentable” tal como lo resaltara el título de la cumbre.
Debe considerarse que las inversiones de Europa en
ALC representan el 43% del total de inversión extranjera directa, cuyo monto es
de 385.000 millones de euros, mayor incluso que la que invierten en la región
China, India y Rusia unidas. Europa también es el principal cooperante y el
segundo socio comercial de la región (posición que hoy se debate con el avance
que han tenido las relaciones entre ALC y China).
Los desafíos y las oportunidades son muy grandes
para ambas regiones. Principalmente para ALC, que como región emergente cuenta
con altas potencialidades de crecimiento para los próximos años. Asimismo, al
igual que como sucede en la construcción de una casa, resulta difícil levantar
el techo cuando aún no existen sus cimientos fundamentales. En el caso de ALC,
la coherencia y la objetividad son dos pilares que aún faltan para poder
construir un proyecto común.
Por
NICOLAS ELBERTONI
El
autor es Especialista en Inserción Intencional


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