Veintidós fallecidos tras condenar a muerte a 21 acusados de la tragedia en Port Said
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EL CAIRO.- Un tribunal egipcio ha condenado a muerte a 21
acusados de participar en la matanza del estadio de fútbol de Port Said -al
norte de El Cairo-, uno de los capítulos más sangrientos de la historia
deportiva egipcia en el que murieron 74 aficionados el pasado febrero.
Tras conocerse el veredicto, la violencia ha
estallado en los alrededores de la prisión de Port Said, donde los familiares
de los sentenciados han tratado de asaltar el recinto. Según el Ministerio de
Sanidad, son ya 22 los muertos y más de 200 los heridos en los enfrentamientos
en Port Said.
Un grupo de personas ha incendiado una comisaría de
policía y bloqueado la carretera que une la ciudad con la cercana Ismailia. La
autoridad ferroviaria ha decidido suspender el servicio de tren en el
municipio, mientras que el Ejército ha enviado tropas a la ciudad en un intento
de recuperar la estabilidad, según ha informado el general del Estado Mayor
Ahmed Wasfi a la agencia oficial Mena.
Se trata de la segunda localidad donde se despliegan
tropas en las últimas horas tras la llegada de unidades del Ejército a la
cercana Suez después de los graves disturbios de las últimas horas.
A la vista de lo sucedido, el presidente egipcio,
Mohamed Mursi, ha cancelado su viaje de mañana a Etiopía y discute los últimos
episodios de violencia en una reunión de urgencia con el Consejo de Defensa
Nacional, formado por varios ministros y responsables de los cuerpos de
seguridad y las Fuerzas Armadas.
Aficionados ultras
Precedido por los violentos enfrentamientos que se
cobraron ayer la vida de 10 personas, los ultras habían amenazado con sembrar
el caos si el veredicto ignoraba su demanda de aplicar la pena capital. En El
Cairo, miles de aficionados radicales del laureado equipo de fútbol Al Ahli han
estallado de júbilo al conocer el fallo por televisión. La multitud ha lanzado
fuegos artificiales y coreado cánticos cuando el juez ha leído el nombre de 21
de los 73 acusados que serán "enviados al Muftí", la máxima autoridad
religiosa de Egipto que debe revisar y autorizar la condena. Los abogados de
los acusados pueden recurrir la sentencia, lo que podría retrasar varios años
el proceso.
La cárcel donde están los acusados y que ha tratado
de ser asaltada
La mayoría de los sentenciados a muerte son
aficionados ultras de Al Masri, el equipo local de Port Said. El resto de los
procesados -entre los que figuran nueve oficiales de policía y personal del
club- tendrá que esperar hasta el 9 de marzo para conocer el fallo.
El 1 de febrero de 2012, una multitud invadió el
césped tras la victoria de Al Masri y arrojó piedras, botellas y bengalas a los
aficionados de Al Ahli, ante la permisividad de las fuerzas de seguridad.
En apenas un cuarto de hora, el estadio se convirtió
en una trampa que segó la vida de 74 personas. La tragedia reactivó unos
enfrentamientos entre la policía y miles de manifestantes en varias ciudades
del país que dejaron 16 fallecidos. El suceso obligó a cancelar la liga, que
después de un año de parón regresará el próximo de 2 febrero. La primera
temporada tras la tragedia, sin embargo, se jugará a puerta cerrada por motivos
de seguridad.
Partidarios de Mubarak
La versión más extendida culpa del incidente a la
policía o los partidarios del derrocado Hosni Mubarak en un intento de castigar
a los ultras, que formaron la avanzadilla frente a los agentes en los días de
las revueltas que forzaron la salida del dictador. A principios de esta semana,
el fiscal general Talaat Abdalá presentó nuevas pruebas y solicitó sin éxito la
reapertura de las investigaciones.
La alegría también recorrió la sala del tribunal,
donde los allegados a las víctimas lloraron y gritaron "Dios es
grande", y los extramuros de la academia de policía, el reciento ubicado
en las afueras de El Cairo en el que también se juzgó a Hosni Mubarak. Allí,
las familias de las víctimas gritaron: "Los perros del Ministerio del
Interior mataron a mi hijo" o "Venganza, venganza de las madres de
los mártires".
Precisamente, el pasado martes el presidente egipcio
Mohamed Mursi publicó un decreto que reconoce como mártires de la revolución
del 25 de enero a los fallecidos en el estadio de fútbol.
Rabia
en Port Said
En cambio, la rabia se ha propagado este sábado en
Port Said, una ciudad que sufre aún entre los egipcios el estigma de haber sido
el escenario del desastre. Los familiares de los acusados han protestado en las
inmediaciones de la prisión de Port Said. Según el diario estatal 'Al Ahram',
tras conocerse el veredicto, los congregados han tratado de asaltar el complejo
penitenciario y la policía ha lanzado gases lacrimógenos para dispersar a la
turba. Algunos testigos han relatado incluso que en el rifirrafe unos
desconocidos han abierto fuego contra los agentes. Para detener los incidentes,
vehículos blindados han sido desplegados en las calles colindantes a la cárcel.
Investigación
de los hechos
El fallo escucha los ruegos de los familiares, que
nunca han dejado de clamar venganza contra los verdugos. "Mi hijo murió
asfixiado bajo los pies de quienes huían", relató hace algunos meses a
ELMUNDO.es el padre de Abdelraman Fathi. Aquella noche, el joven, estudiante de
Arquitectura en El Cairo, asistía al partido de su club, Al Ahli, cuando el
silbido final precipitó la mayor tragedia que un terreno de fútbol había
presenciado en los últimos 15 años. "Fue algo planificado. La luz del
estadio se apagó, las puertas principales estaban cerradas y se arrojaron
cuerpos desde las gradas", apunta con la misma versión de los hechos que
el pasado abril defendió el fiscal en el inicio del juicio.
El estadio de Port Said, el día de la tragedia
Según la investigación judicial, los agentes del
orden permitieron la entrada al estadio de cuchillos, piedras y bengalas. Y
permanecieron impasibles cuando una marea se lanzó sobre el césped. "Lo
que pasó fue un complot de la policía y los hombres de Mubarak. El jefe de
seguridad simplemente no controló los accesos porque era parte
interesada", sostiene Muhad. Su hijo Saleh ahogó todos sus sueños
–incluido el de ser ingeniero- durante la huida.
Desde la tragedia, las familias de las víctimas han
padecido un largo vía crucis: han velado y enterrado los cuerpos con el
desconsuelo de no hallar razones al desastre; se han sumado a las marchas
organizadas por los ultras de los equipos cairotas para reclamar justicia y han
tenido que responder incluso a algunos líderes salafistas (ultraconservadores),
que cuestionaron la naturaleza mártir de los fallecidos. "Quienes fueron
al partido y murieron no lo hicieron por Dios sino por el ocio", aseveró
un conocido jeque. "Son estúpidos. Nuestros hijos son mártires y tengo una
fatua (decreto islámico) que lo certifica", zanja Muhad.
"Hay que aplicar el ojo por el ojo contra
quienes promovieron, facilitaron y cometieron el crimen. Merecen la
muerte", asegura el progenitor de Saleh. "Queremos aplicar la ley del
talión", reitera Ahmed Wagib, hermano de otra víctima. Y agrega: "La
matanza fue una revancha. Los ultras son enemigos de la policía y hay una
guerra entre ambos".

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