NO SON ELLOS.- El problema del PRD ya parece que no
es Miguel Vargas ni Hipólito Mejía, sino los perredeístas que se afilian a una
y otra tendencia. Si Vargas y Mejía se sintieran solos, sin nadie detrás, de
seguro que cederían en sus posiciones. Sin embargo, la situación es otra, y
aunque es realidad, hay que suponerla ficción. Al igual que en el cuento La
Mancha Indeleble de Juan Bosch, se quitaron la cabeza y la entregaron como
ofrenda de militancia ciega, de subordinación animal. Desde fuera intriga. ¿Qué
representa Mejía para que una parte del PRD (grande, pequeña, no importa) lo siga como si se tratara de una nueva
religión? Igual puede preguntarse sobre Vargas. Aunque sin lugar a dudas las respuestas dejarán mucho que desear. Ninguno
de los dos son excepcionales, y la posible razón debiera preocupar: Son los
únicos bueyes en condiciones de arar. Luis Abinader tuvo la oportunidad de ser
la diferencia, pero la nobleza por un lado y el respeto por el otro lo
convierten en un reo de Mejía. Pudo zafarse con disimulo, pero vio que los
riesgos eran más que los beneficiosÖ
LOS
NÚMEROS.- Ese sentirse apoyado por una parte del
PRD, que cada cual lo pone del tamaño que le conviene, los lleva a asumir
posiciones irreductibles. Hay que suponer lo que significa que Hipólito Mejía
se guarezca en una encuesta de Ana María Acevedo, que es la oficial del
partido, cuando tiene bajo contrato al Centro Económico del Cibao. Acevedo es
una profesional, pero los perredeístas, que son perversos entre ellos, aceptan
sus números con una sonrisa más ladina que sincera. Mejía cuenta entre sus
virtudes políticas que no sale a navegar si no tiene brújula propia. Siempre
tiene a manos diferentes mediciones y hechas por firmas diversas. ¿Por qué
ahora Acevedo y no Leonardo Aguilera? Una pata menos. Los seguidores de Vargas,
que dicen conocer los procedimientos de Acevedo, le hacen una mala jugada.
Confrontan su estudio con sondeos de Gallup y Penn and Schoen, y ahí no hay
manera. Queda mejor que el Mariachi Vargas tocando en la región mejicana de
Tecalitlán. Cada acción tiene su consiguiente reacción...
EFECTO
DIATRIBA.- Hipólito Mejía y sus seguidores creen
tener de su lado a todos los perredeístas hasta que llegan donde Miguel Vargas
y los suyos se encuentran atrincherados. La diatriba cumple su cometido, y no
hay dudas de que la campaña contra Vargas tuvo su resultado, por lo menos en
cuanto a su alianza con Leonel Fernández. Es un invento, pero tan bien
manipulado que es la única verdad de ese bando. Conocen bien a sus compañeros,
puesto que de ahí la indignación y la ira de muchos perredeístas. Vargas no
advirtió a tiempo ese daño, no le salió a tiempo, y tiene que jugar con las
gradas en contra. Ahora, es el dueño del play, y eso para Mejía es nada, pero
para Vargas lo es todo. La gente de Mejía lo tomó a las malas, y no le quedó de
otra que devolverlo, pues sin la ley de dentro y de fuera a su favor, no le
sirve de nada. Es más, lo perjudicó, ya que se conoció su talante violento y se
le vio actuar con descaro. Vargas, en
vez de amedrentarse, se mantiene en sus trece de cerrar todos los caminos de
avenimiento. No perdona ni olvida el Domingo Negro, y al contrario, procede en
justicia contra los asaltantes...
¿FUERTE
DE QUÉ?.- La fortaleza del grupo de Hipólito
Mejía queda en entredicho cuando anda desesperado buscando mediaciones. La que
sea: Temporal o divina. Solo que se pierde en su frenesí, e incluso da la
sensación de relajo. La carta de Martín Torrijos ¿de quién fue la idea? Nadie
asume ese error. Además ¿Cómo pensar en la vicepresidencia regional si se busca
la intervención de la presidencia de la Internacional? Tampoco pueden darse
tantas mediaciones al mismo tiempo. ¿O es griega, o es dominicana? Si el ex
primer ministro George A. Papandreou dice que si ¿qué se hará con Nicolás de
Jesús Cardenal López Rodríguez? ¿Merece que se le deje en la estacada?
Prudente, cauto, y hasta distante, no sale corriendo a la primera llamada. Ni a
la segunda. Y hace bien. Por ejemplo, la carta de los expresidentes. Son diez,
y son muchos, pero no debe dejarse sorprender. Ese consejo de ancianos pudo
mediar por sí mismo, pero no tiene autoridad, pues sus miembros son parte del
problema. Andan uniformados, con bates en las manos y con uno de los equipos. Antes que mediación,
debieran pedir la extremaunción...


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