CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa de los pobres, de los
necesitados. Francisco ha dejado claro esta mañana durante la misa que ha
marcado el inicio de su pontificado qué tipo de Papa aspira a ser. Un Papa al
servicio de los demás y que "acoge con afecto y ternura a toda la
humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más
pequeños". Un Papa que se entregue "al hambriento, al sediento, al
forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado". Y que predica que
"no debemos que tener miedo de la bondad ni de la ternura".
Francisco ya lleva en su dedo anular el anillo del
pescador, el anillo que distingue a los Papas. Le ha sido colocado en el dedo
anular de su mano derecha esta mañana, durante la misa solemne en la Plaza de
San Pedro que ha dado el pistolezato de salida oficial a su pontificado y a la
que han asistido decenas y decenas de miles de personas y las delegaciones de
130 países. El anillo de Francisco, en lugar de ser de oro como es tradición,
es de plata dorada.
El Sumo Pontífice carga a un niño
Antes de la misa el Papa ha roto una vez más los
rígidos esquemas del Vaticano. A bordo de un jeep blanco descubierto -nada de
papamóvil blindado- se ha dado un baño de multitudes y ha recorrido durante
casi 20 minutos la Plaza de San Pedro. Francisco, que no quiere cristales
antibalas entre él y la gente, incluso ha descendido en alguna ocasión del
vehículo para besar a niños y saludar a enfermos.
El jeep del Papa, abierto, se ha utilizado sobre
todo para recorridos del Santo Padre en la Plaza de San Pedro. Uno de los
episodios más tristemente recordados es el atentado que sufrió Juan Pablo II en
1981 a bordo de un Jeep Fiat distinto al usado hoy por el Papa Francisco.
Benedicto XVI usó en varias ocasiones ese mismo
Jeep. En 2007 la seguridad que rodea al Pontífice impidió que un hombre de 27
años subiese al vehículo.
Luego, en su homilía, el Papa ha lanzado un mensaje
potente de amor, dirigido no sólo a los cristianos sino a toda la humanidad, a
la que ha invitado a "tener respeto por todas las criaturas de Dios y por
el entorno en el que vivimos", a "preocuparse por todos, por cada
uno, con amor".
Francisco ha recalcado que custodiar la belleza de
lo creado "es una responsabilidad que nos afecta a todos".
"Cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos
por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el
corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia
existen 'Herodes' que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro
del hombre y de la mujer", ha destacado.
El Pontífice ha hecho a continuación un llamamiento
a los dirigentes del mundo y a la gente de a pie: "Quisiera pedir, por
favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito
económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad:
seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la
naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos
de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro".
Pero Francisco ha destacado que para cuidar de lo
que ha sido creado antes debemos de cuidar de cuidar de nosotros mismos.
"Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida",
ha dicho. "Custodiar quiere decir entonces vigilar nuestros sentimientos,
nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas:
las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad,
más aún, ni siquiera de la ternura". Y poco después ha vuelto a insistir:
"No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura".
El Papa ha concluido su homilía pidiendo a la gente
que rece por él.
Pues está de enhorabuena. Le va a resultar muy
fácil. Con la cantidad de riqueza que tiene la Iglesia y el Vaticano,
particularmente, va a tener para repartir a espuertas hasta que convierta a la
Iglesia en esa Iglesia de Pobreza que predica. Bastaría con que vendiera los
miles de inmuebles que tiene la Iglesia alquilados o destinados a usos con nulo
o escaso rendimiento económico. Supongo que a las cuatro monjitas que hacen
almendras y cultivan un huerto en los 10.000 metros cuadrados de un convento en
pleno Barrio de Alonso Martínez en Madrid, por poner un ejemplo, les dará lo
mismo hacerlo allí que en una casa rural en Soria, pudiendo destinarse los
varios millones que vale ese solar a dárselo a los pobres que se agolpan en
busca de comida en las puertas del centro muncipal que está tan sólo dos
puertas más arriba.
Por
IRENE HERNANDEZ VELASCO/El Mundo.es


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