SEUL.- Decenas de miles de soldados y civiles
norcoreanos marcharon por el centro de Pyongyang en una demostración de un apoyo
masivo a un posible ataque militar contra Estados Unidos.
Miles de soldados, veteranos, trabajadores y
estudiantes se reunieron y formaron en la plaza Kim Il-Sung. El líder de Corea
del Norte, Kim Jong-Un, no estuvo presente.
La televisión estatal afirmó que la reunión se llevó
a cabo para apoyar la decisión del Ejército de Corea del Norte de ordenar los
preparativos para un eventual ataque con misiles contra EEUU y sus bases en el
Pacífico, en respuesta a los vuelos de entrenamiento de bombarderos B-2 Stealth
de EEUU en Corea del Sur.
Esta decisión fue tomada el martes pasado, y a
continuación ratificada por el líder del país el viernes.
"La declaración fue el ultimátum del Ejército
de Corea contra los imperialistas estadounidenses", dijo un portavoz al
inicio de la multitudinaria marcha. Bajo los retratos gigantes del padre de Kim
Jong-Un, Kim Jong-il y su abuelo Kim Il-Sung, una masa de civiles y soldados
perfectamente alineados han jurado lealtad al actual líder.
La zona vive una auténtica escalada de tensión.
Washington ha enviado enviado dos bombarderos nucleares a sus bases de Corea
del Sur en una excepcional demostración de fuerza. La misión pretende demostrar
la capacidad de Estados Unidos "de llevar a cabo ataques de larga
distancia y precisión con rapidez" y el compromiso de "defender a la
República de Corea" y extender el efecto disuasorio en la región Asia
Pacífico".
Además, el Pentágono había anunciado recientemente
que reforzaba su escudo antimisiles por temor a un ataque norcoreano.
El Ejército de Corea del Sur ha constatado que se
han incrementado los movimientos de vehículos y tropas en la unidad de misiles
de medio y largo alcance de Corea del Norte, según avanza la agencia Yonhap.
Fuentes militares consultadas por esta agencia surcoreana
indican que esta unidad está en "misión de combate" desde el 26 de
febrero" y existe la posibilidad de que "finalmente disparen".
La tensión en la península coreana ha crecido
sensiblemente desde el tercer test nuclear realizado por Pyongyang en febrero,
seguido de nuevas sanciones por parte de la ONU y ejercicios militares
conjuntos de Seúl y Washington, a lo que Corea del Norte respondió suspendiendo
el acuerdo de alto el fuego con su vecino del sur que puso fin a la guerra de
Corea en 1953 y con numerosas amenazas de ataques.


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