En el nombre del 'fugitivo' Jack Jonhson (31 de
marzo de 1878-10 de junio de 1946). Cien años después puede que este descendiente
de esclavos consiga bajo la tierra lo que la 'Justicia' le negó encima de ella.
El 'Gigante de Galveston' es Historia como el primer campeón negro del boxeo,
afrenta que nunca le perdonó la América blanca. Bajo la excusa de violar la
llamada 'Acta de Man' fue acusado y condenado en 1913 por incumplir esta ley en
virtud de la cual un hombre no podía atravesar la frontera acompañado de una
mujer [su novia blanca] con "propósitos inmorales". En fin... el
pecado era haber arrebatado la púrpura del boxeo reservada a los blancos y el
relacionarse sin complejos con 'mujeres caucásicas', lo que le costaría ser
vilipendiado por la opinión pública y perseguido por la 'dura lex' de la
segregación racial.
El senador republicano John McCain, gran aficionado
a este deporte, el ex campeón mundial Mike Tyson y varias figuras de relieve
han hecho como propia una vieja reivindicación de una nieta sobrina de Johnson
y piden con firmas a Barack Obama el perdón presidencial para quien no se
doblegó al 'statu quo' de su época. Todo sea por restaurar la reputación de un
precursor del indomable que más trascendió la historia del deporte, Muhammad
Ali. Un blanco muy conservador espera que el negro que le derrotó en 2008 en
las elecciones presidenciales otorgue el perdón a título póstumo a otro negro,
una medida de gracia reconocida por la ley norteamericana que se concede
contadísimas veces para rehabilitar la imagen de personajes ya fallecidos. Bill
Clinton 'perdonó' en 1999 a Henry O. Flipper, un teniente de color, oficial del
ejército, expulsado en 1882 después de ser acusado de robar dinero por un
tribunal militar de blancos, 'of course'. También George W. Bush indultó a
Charles Winters, acusado de exportar aviones a un país extranjero en claro
apoyo a Israel (1948).
El
ring y el racismo
Porque Jack Johnson tuvo el valor de superar el qué
dirán y el qué me hará el sistema. Suyo es el orgullo de ser el primer negro
Campeón Mundial de los pesos pesados (desde 1908 a 1915) en una época en que su
deporte era ilegal en algunos países, y en el que, por supuesto, se prohibía a
"la raza inferior" luchar por la gloria. Para los campeonatos
mundiales, como los matrimonios, los blancos y los negros bien separados, sin
mezclar. Vetaron en los rings de su país lo que se ganó fuera por cualidades y
fuerza de voluntad después de perseguir por medio mundo al campeón blanco de
entonces, el canadiense Tommy Burns. Aprovechó una gira internacional de éste
-al que llevaba años provocando- para retarle por el título el 26 de diciembre
de 1908 en Sidney (Australia).
Vivió al día y soñó mucho por las noches. En su
largo reinado (de 1908 a 1915) se aficionó a la farándula, los coches de lujo y
los trajes más caros, a salir con cantantes y actrices preferiblemente blancas,
y a envolver su pene en gasas para intimidar aún más a sus rivales blancos con
un pantalón corto ceñido delante de los periodistas. Después, otra vez
cerrarían la puerta a los negros. No volverían a dar la oportunidad a uno de su
raza hasta la friolera de 22 años después, cuando Joe Louis arrebató el
cinturón a James J. Braddock. Siete campeones mundiales como Jess Willard, Jack
Dempsey, Gene Tunney, Max Schmeeling, Jack Sharkey, Primo Carnera y Max Baer se
negaron hasta que 'Cinderella Man'- negoció un 'impuesto racial' (¿10%?) de lo
que su 'verdugo' ganaría en unos cuantos de combates posteriores por concederle
la oportunidad a otro negro. El entorno de Louis tenía como primera norma de
comportamiento de su 'Bombardero Marrón': Nunca dejarse fotografiar con mujeres
blancas.
Una
gran historia americana
Figura troncal en la historia del boxeo, este hijo
de ex esclavos nació en 1878 en Galveston (Texas), donde no hacía mucho su raza
era explotada de la cuna a la tumba. Su padre fue boxeador antes conserje en
una escuela, lo que permitió a su hijo aprender algo más que leer y escribir.
Se buscó la vida de Nueva York a Boston y después regresó a su ciudad. Perdió
el miedo en los ilegales 'Battle Royal', 'carnaza' de espectáculos en el que
varios negros eran encapuchados y obligados a pelear casi a ciegas. Cierto,
como a la usanza de las plantaciones algodoneras de la esclavitud para el
sadismo de los amos. El caso es que el indomable 1.88 metros se hizo
profesional con 21 años. Retó a todo aquel que se le puso enfrente, negro o
blanco sin distinción, a tipos de la talla de Marvin Hart, Sam Langford (uno de
los pegadores' más ilustres) o el ex-campeón mundial Bob Fitzimmons. En 1907
era otro coloso del momento sin derecho al título, pero durante los "trece
años siguientes, Jack Johnson fue el afroamericano más famoso y notorio de La
Tierra", que diría Ken Burns en su documental. Y habría que añadir el
afroamericano más ridiculizado por el racismo de su país.
Johnson logró su ansiada corona en un estadio de
Sidney para la ocasión ante 20.000 personas cuando en el 14º asalto la policía
irrumpió y detuvo la disputa. Su superioridad física y técnica ante Tommy Burns
fue tan insultante que en algunos 'rounds' lanzaba sus puñetazos y sujetaba a
su rival para que no cayese y continuar su exhibición. Y sonreía, demasiado.
Los jueces no tuvieron otra salida que conceder la victoria por puntos a quien
llevaba mereciéndolo tanto tiempo. ¿Un hombre negro el más fuerte del planeta?
El poder blanco tragó saliva, pero escupió su bilis hasta no ver de nuevo a uno
de los suyos en el trono.
La
búsqueda de 'La gran esperanza blanca'
El chico de Galveston no sólo era intratable encima
del ring con un par de defensas exitosas. Le encantaba presumir con trajes y
coches acordes a lo que se ganó en el cuadrilátero, salir con actrices y
cantantes rubias o no, disfrutar de los cabarets. La prensa atizó la propaganda
de la 'Gran Esperanza Blanca', una campaña para ajustar cuentas con el negro
con el inolvidable novelista Jack London a la cabeza. "Jim Jeffries debe salir
de su granja y dejar a su alfalfa crecer sola. A él corresponde borrar la
sonrisa dorada de la boca del etíope. ¡Jeff, levántate!", escribió. Tanta
presión se ejerció sobre Jim Jeffries que, el ex campeón invicto retirado cinco
años antes, fue obligado poco menos que a salir de esa América profunda
"para poner el orden racial en su lugar" frente al caricaturizado una
y mil veces como el 'simio fanfarrón'. "El hombre blanco tiene detrás 30
siglos de tradición: todos los esfuerzos supremos, los inventos y las conquistas,
así como seamos o no consientes de ello, Bunker Hill y las Termópilas, Hastings
y Agincourt", se inflamaba por la superioridad de Jeffries la revista
Colliers.
Pero si hubo un color en el primer 'Combate del
Siglo', celebrado en Reno (Nevada) un día de la independencia -4 de julio de
1910-, ese fue el del imponente músculo negro. Y eso que James J. Jeffries
subió con un aspecto radiante bajo la reverberación de 16.000 blancos al grito
de "'!Mata al negro, mata al negro!". Y quien siempre se negó a
pelear contra ellos recibió la paliza de su vida. Durante lo 15 asaltos que
duró un combate pactado a 45, Johnson esquivó a su rival y lo dominó como un
juguete con el 'nocaut' inminente rondando. La esquina de Jeffries arrojó la
toalla con su gladiador al borde del colapso después del 15º asalto. Tenía la
mandíbula y varias costillas rotas. [En los orígenes del 'boxeo primitivo' no
había 'regla temporal', el KO o la rendición, auténticas carnicerías de hasta 8
horas]. De esta forma, se evitó el trauma de ver al más grande campeón blanco
humillado y tirado en la lona a los pies de un negro. Miles de afroamericanos
de varias ciudades del país salieron de sus guetos para festejar el orgullo de
raza, espita de una 'bomba' que dejó al menos 23 negros muertos y 3 blancos en
los peores enfrentamientos raciales hasta los acaecidos después del asesinato
de Martin Luther King.
Pero si a Johnson no lo pudieron 'domesticar' dentro
de las 16 cuerdas, le sacudieron por fuera. En 1913, fue detenido, acusado de
cruzar con una mujer a otro estado "con propósitos inmorales". Esa
mujer era su novia blanca, de las cuatro 'esposas' que tuvo, las tres últimas
lo eran. Sentenciando a un año de cárcel, huyó del país y siguió peleando en el
extranjero 5 años más, entre ellos en algunas veladas en París, Londres, Buenos
Aires, Barcelona y Madrid, incluso hizo pinitos toreros con figurones como
Joselito el Gallo y Juan Belmonte. Antes `perdió' su corona contra el gigante
de dos metros y 109 kg Jess Willard (La Habana, 5 de abril de 1915) en el 26º
asalto, según desveló su representante para que le permitiesen entrar en EEUU y
visitar a su 'anciana madre'. Versión que él contradijo años después al
declarar que fingió el KO cuando su mujer Ruth Cameron le indicó que ya tenía
la cantidad de dinero pactada.
Tras una estancia en México, el prófugo decide
finalmente volver a EEUU, donde cumplió su condena en la prisión de Leavenworth
de septiembre de 1920 a julio de 1921. Hizo de actorzuelo, compró bares y algún
gimnasio y colgó los guantes en un combate de exhibición casi a los 60 años.
Falleció en un accidente de tráfico en Raleigh (Carolina del Norte) cuentan
que, poco después, de que le echaran por su color de piel de un bar. En su
tumba apenas se lee su apellido: Johnson. Menos de dos decenios después,
Muhammad Ali tiró a una alcantarilla del río Ohio su oro olímpico de Roma'60 el
mismo día en que se le negó la entrada en un restaurante de su Louisville
natal. Así lo contó en su autobiografía. Cierta o no, es otra gran leyenda
urbana de un impagable héroe universal.
"Ponte al asunto sin tardanza alguna
Y pégale de noche y pégale de día
Y en cuanto se presente la suerte oportuna
Le arreas un puñetazo que se pierde de vista.
Quién le iba a dar a Jack la tremenda tunda
Quién le va a hacer dormir como una marmotilla
Quién va a borrar del mapa la africana bravura
Será Jim Jeffries, será la maravilla".
Jack Johnson es considerado aún por la ESPN entre
los 12 mejores libra por libra de todos los tiempos.


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