El día primero del presente mes, el presidente
Danilo Medina ordenó al ministro de las FF.AA., almirante Sigfrido Pared Pérez,
acudir en auxilio de la Policía Nacional con el propósito de reducir la
tenebrosa escalada criminal que mantiene en gran zozobra a la ciudadanía.
Cinco días luego, el almirante Pared declaró que los
militares salían a las calles “para erradicar la inseguridad”, y debió
precisar, reducir, porque ningún mal se erradica, y solo se disminuye con
voluntad política y recursos humanos y económicos, como el que trato ahora.
Desde hace tiempo postulo que nuestros soldados han
debido gobernantes anteriores al actual, incorporarlos a menesteres vinculados
con los grandes intereses nacionales, seguridad, reforestación y cuido de los
parques nacionales, despejar de malezas las carreteras, auxiliar al ministerio
de Agricultura en múltiples direcciones de promover el desarrollo agropecuario,
aplicar de verdad, no de aguajes, la Ley 285-04 que define la política
migratoria del Estado, todo, menos holgazanear y echar barrigas por la
ociosidad en los cuarteles.
Ese es el rol vibrante que el presidente Medina debe
asignar a nuestros soldados, y erradicar la repetición de loro de que las
FF.AA. existen para salvaguardar nuestra soberanía, porque no lo hicieron en
1916 en la primera intervención militar del imperio en nuestro país, ni en la
segunda en 1965, cuando solo una minoría de militares constitucionalistas
combatió al intruso interventor, y con Haití jamás habrá guerra porque el
imperio lo impediría, y además, nuestro calamitoso vecino carece de Ejército.
La guerra con
Haití estriba en deshatianizarnos de dos millones de sus nacionales que residen
ilegales en nuestro país.
Esos dos capítulos, seguro que el presidente Medina
los tiene en su proyecto de “lo que nunca se ha hecho”.
Por UBI RIVAS
El
autor es mercadólogo


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