RABAT.- Una breve charla informal en los jardines de
la embajada de España en Rabat ha dado pie al Rey para lanzar un mensaje de
advertencia a los que quieren acelerar su recuperación: "Voy a pensar en
mí, voy a hacer lo que sea bueno para mí".
Fue el miércoles por la noche, cuando Don Juan
Carlos estuvo una media hora en la recepción oficial con españoles residentes
aquí. Al llegar, dio un pequeño discurso en el que le faltó claramente el
aliento ante la preocupación de su entorno.
La visita a Marruecos, de cuatro días y que continúa
hoy, ha sido diseñada para que el Rey disponga del máximo tiempo posible de
descanso entre los distintos actos. Aún así, está resultando intensa para él,
que tiene que apoyarse en dos muletas para caminar. El miércoles por la noche
ofreció signos de cansancio aunque no tuvo actos entre las dos de la tarde y
las ocho de la noche.
A preguntas de los periodistas sobre su estado de
salud, la respuesta fue bromista: "Estoy mejor que vosotras". No
obstante, reconoció que el año pasado, tras operarse en abril de la cadera que
se fracturó cazando en Botsuana, se precipitó a la hora de regresar a la
actividad pública, apenas seis semanas después: "La otra vez corrí y así
me fue. Me estaban empujando dentro y fuera de la casa. Esta vez voy a ir a mi
ritmo. Ahora sólo pienso en mí".
"La casa me está empujando", insistió el
Rey. "Pero yo voy a pensar en mí, voy a hacer lo que sea bueno para
mí".
Don Juan Carlos no desarrolló más sus respuestas,
realizadas de pie junto al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García
Margallo, que le ha acompañado hasta esta mañana, cuando ha regresado a España
para asistir a un acto de Marca España en Valencia.
Sobre el uso continuado de muletas para caminar,
señaló que será él quien decida el momento de dejarlas: "Cuando coja
confianza".
Este viaje le supone un esfuerzo físico, pero el Rey
está satisfecho porque se produce en un momento idóneo en el que Madrid y Rabat
no tienen contenciosos abiertos y sólo priman las relaciones económicas. Según
Don Juan Carlos, que esta tarde vuelve a Madrid, "todo ha ido muy
bien". No sólo porque las "relaciones entre los Gobiernos son
buenas", sino también por "la sintonía" que él siente con su
homólogo marroquí. "Nos llevamos muy bien humanamente", ha dicho en
referencia a su relación con Mohammed VI, que es 26 años más joven que él y con
cuyo padre, Hassan II, Don Juan Carlos trabó una íntima amistad que concluyó en
la denominación de hermano.
En este punto, Margallo intervino en la charla para
apostillar que gracias a esta visita, Juan Carlos I y Mohammed VI son ahora
"más que tíos, hermanos". Son muchas las emociones que el Rey está
sintiendo en este viaje. Durante la charla, Don Juan Carlos, de 75 años,
recordó la primera vez que viajó a Marruecos, con sus padres, los Condes de
Barcelona. Lo hizo en 1947, dijo, "por placer".
Tenía entonces Don Juan Carlos 9 años y aún no había
sido enviado a vivir a España para ser educado junto a Franco. Se hospedó, como
rememoró junto a Margallo, en el Minzah, el mítico hotel al que acudían
estrellas de cine, reyes y escritores cuando Tánger aún era una ciudad abierta
y cosmopolita en la boca del Estrecho de Gibraltar.
"He venido muchas veces", señaló el Rey
para explicar el cariño que sienten por él los marroquíes. "Y vendría más.
Lo que pasa es que es complicado".
Un único punto oscuro pudo enturbiar la luna de miel
entre Madrid y Rabat en este viaje. Los kafelantes, un grupo de 61 familias
españolas que han acogido a un niño con el método de la adopción islámica y que
se han quedado varados en Marruecos porque el Gobierno islamista les pone
trabas a que los niños sean educados en España. La embajada desactivó la
amenaza de los kafelantes de manifestarse ante la puerta durante la recepción
ofreciéndoles entrar con los niños y hablar con el Rey.
Así lo hicieron. Don Juan Carlos fue muy sincero con
ellos cuando le imploraron para que intercediera por ellos y poder regresar a
España con sus hijos. "Es un tema judicial y nosotros no podemos hacer
nada", les dijo el Rey, que según Zarzuela sí ha comentado esta semana con
su homólogo marroquí este drama humano.
Cuando una madre, entre lágrimas, le hizo ver que
llevaban casi dos años esperando, Don Juan Carlos respondió: "Y lo que
llevarán". Antes de continuar el recorrido por el jardín de la embajada,
el Rey oyó a esa madre decir: "Usted es la única esperanza que nos
queda".
Varios representantes de La Zarzuela hablaron luego
con los afectados para asegurarles que el jefe de la Casa, Rafael Spottorno, se
ha tomado este asunto "como una cuestión personal".
Mohammed VI ya ha intercedido por ellos antes de la
visita de Juan Carlos I, y 28 de las 61 familias han recibido a sus hijos
aunque no puedan salir de Marruecos. Debido a esas reformas que tan ampliamente
alaba España, el monarca alauí tiene ahora un poder limitado desde hace dos
años, cuando se creó la nueva Constitución. Los kafelantes, como les dijo el
Rey, tendrán que armarse de paciencia.
Por
ANA ROMERO/El Mundo

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