En nuestro estreno como funcionario en 1996 fuimos
interceptado a la entrada del Ministerio de Salud por un individuo que insistía
en refrescarnos la memoria de los años de escuela secundaria. Narró con
detalles supuestas anécdotas conjuntas de dicho período.
Hablaba de las travesuras que hacíamos en el famoso
Estadio de La Normal. Seguí un sabio consejo del padre de la medicina moderna,
William Osler, que recomendaba: “Escuchemos al paciente, nos está dando el
diagnóstico”. Tranquilamente permití que
el sujeto completara su curioso relato.
Al final me solicitó una ayuda monetaria; fue
entonces cuando le respondí: invéntese otro cuento porque para que hiciéramos
el bachillerato juntos, usted debió haber vivido entre 1958 y 1961 en la
norteña provincia de Puerto Plata, ubicada a más de doscientos quilómetros
del play de La Normal. Los franceses han
acotado por siglos el vocablo Deja vu, que traducido al castellano significa
“lo ya visto”, para referirse a un estado de la mente en donde una nueva
experiencia visual nos da la sensación de haberla vivido en el pasado.
Lo que vamos a resaltar en la presente entrega nada
tiene que ver con el avivato de quien hicimos mención al comienzo, ni tampoco
con el síndrome galo. Se trata de un
reporte de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, aparecido en
revista Science de fecha 25 de julio 2013. El estudio en rata fue realizado en
el Instituto Tecnológico de Massachusetts por Susumu Tonegawa y su equipo.
Consistió en generar una situación desagradable y dolorosa en una jaula
ambientada para dicho experimento.
Se identificaron las neuronas del área hipotalámica
dentada que es donde se guarda ese tipo de memoria. Mediante la técnica de opto
genética se sensibilizaron las células a los rayos laser. Colocada la rata en
otro tipo de jaula y sin aplicar señales nocivas, bastó iluminar las neuronas
del recuerdo para el pequeño mamífero se comportara cual si estuviera en la
jaula del desagrado. En términos simples, por medios artificiales es posible
poner el animal a pensar que actos del pasado están sucediendo en el presente.
Las implicaciones que esos ensayos científicos
pudieran tener en el humano son de doble filo, dependiendo quién y con qué
fines se utilice. Todo va a depender de la ética de los propietarios de dicha
herramienta. Hablando con franqueza, podemos afirmar que la ciencia ni es buena
ni es mala, puede ser usada para el bienestar de la humanidad o para destruir
parte de la misma.
Los ensayos con la mente han venido realizándose
tanto en animales de laboratorio como en pacientes. La neurología,
rehabilitación, gerontología, psiquiatría, pediatría y otras especialidades
médicas pudieran beneficiarse con la aplicación de este tipo de estudio. La
medicina legal y las ciencias jurídicas encontrarían gran apoyo especialmente
cuando se trata de validar la evidencia testimonial. Por otro lado, los
servicios de seguridad del Estado contarían con un arma de inmenso valor en su
quehacer. Hoy día ya no se trata solamente de contar con buena o mala memoria,
sino también de percatarnos de si la misma es real o falsa.
Por
SERGIO SARITA VALDEZ
El autor es patólogo


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