PARIS.- Escalar el
Mont Ventoux para gritar en la cima lo que sus rivales habían puesto en duda
sobre el terreno más llano. Chris Froome (Sky) se impuso con una autoridad
abrumadora en una de las ascensiones más legendarias del Tour de Francia. No
hubo duelo con Alberto Contador (Saxo Tinkoff) porque el corredor pinteño se
quedó clavado en el primer ataque del líder. Tampoco regalos porque Nairo
Quintana (Movistar) se negó a colaborar. Y sí hubo gloria, toda la que da
coronar esa 'tumba de dios' vestido con el maillot amarillo. [Así le narramos
la mítica etapa]
Chris Froome esperó
a siete kilómetros de meta. A la zona en la que la vegetación empezaba a
desaparecer al mismo ritmo que los rivales. Los primeros kilómetros de
ascensión de Peter Kennaugh habían dejado un goteo de víctimas sobre el
asfalto. Continuo, pero apenas un hilo. Cuando el británico dejó paso al
pedaleo seco de Richie Porte, los rivales empezaron a jarrear cuesta abajo.
Mollema, Ten Dam, ‘Purito’ Rodríguez, Roman Kreuziger... Reducido el grupo a los
dos hombres de negro y Alberto Contador, el líder arrancó hacia la cima sin
mirar atrás.
Resultó
sobrehumano, antinatural. Chris Froome agachó la cabeza y sin levantarse del
sillín empezó a pedalear descontrolado. Ajeno a las pendientes y a la etapa más
larga de la última década. Con un ritmo maquinal. Para cuando Porte terminó de
gritar sus palabras de ánimo, el británico ya había dado caza a Mikel Nieve
(Euskaltel) y avanzaba con el mismo paso decidido hacia Nairo Quintana. Fue la
última vez que Alberto Contador tuvo noticia del maillot amarillo.
La imagen de Froome
y Quintana resucitó por un momento el Tour del año 2000 en la cabeza de los
aficionados y hasta en la de uno de sus protagonistas. “Nada de regalos en el
Mont Ventoux”, alertó Lance Armstrong en Twitter. El campeón caído recordaba
así su presunta concesión a Marco Pantani en lo más alto del ‘Gigante de la
Provenza’. “Para ti la etapa, para mí el Tour”. No hubo acuerdo y quizá ni
siquiera interés por parte de los dos implicados. El británico, porque persigue
autoridad; el colombiano, porque además de orgullo tiene talento.
Cuanto más crecía
la diferencia sobre Alberto Contador y Mikel Nieve, más esforzado parecía el
pedaleo de Chris Froome. Peleó para dejar atrás al colombiano, que para
entonces ya no tenía fuerzas ni para cambiar el gesto. Aguantó hasta que a 1.2
kilómetros para la cima el británico lanzó un último golpetazo al hígado.
Quintana se quedó en la cuneta y el líder solo ante los últimos repechos.
Esos últimos metros
que dejaron Eddy Merckx agarrado a la máscara de oxígeno con el maillot
amarillo puesto (1970) y que en el caso de Froome no frenaron una cadencia
inhumana. Victoria, autoridad y de nuevo el Tour de Francia encarrilado.
Un
mundo para Contador
El Mont Ventoux es
una de esas cimas en las que el más mínimo desfallecimiento se paga en minutos.
Lo sabe bien Alberto Contador, que dejó escapar en el último kilómetro la
segunda plaza de la general. El bicampeón del Tour perdió la rueda de Mikel
Nieve y hasta se vio sobrepasado por el poderoso final de Joaquim Rodríguez
(Katusha). Atravesó la meta a 1:40 de Chris Froome, más tiempo del que había
recuperado con el abanico del viernes.
Contador terminó
pegado a su compañero Roman Kreuziger, tónica de muchas etapas y hasta de la
clasificación, donde sólo están separados por tres segundos. Los dos hombres de
Saxo Tinkoff son tercero y cuarto, un paso por detrás de Bauke Mollema
(Belkin). El holandés supo negociar el sufrimiento, adaptó un ritmo más cómodo
desde el inicio y acabó sólo a seis segundos de sus dos rivales.
En su calidad de
primer gran juez del Tour de Francia, el Mont Ventoux dictó sentencia: la
igualdad es extrema entre los hombres que luchan por los dos últimos cajones
del podio, pero Chris Froome es inabordable en la alta montaña. Sólo la enorme
exigencia de la última semana podría poner en peligro a un líder con más de
cuatro minutos de ventaja sobre sus perseguidores.
Fuente EL MUNDO

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