Quintana cerca a Contador

En el primer día de los Pirineos, el pelotón comprendió que el hombre con más capacidad para revolucionar la carrera era también el más diminuto. Nairo Quintana dio una nueva exhibición de soltura en la etapa reina del Tour de Francia. No consiguió la victoria, mérito esquivo que recayó en manos de Christophe Riblon, pero llevó al límite la lucha por el podio. 

El colombiano entró acompañado de Joaquim Rodríguez y ahora es tercero en la general, a sólo 21 segundos de Alberto Contador. El catalán, quinto, rueda a 48. Con dos etapas de alta montaña por delante, lo único claro es el maillot amarillo de Chris Froome, a pesar de su sanción de 20 segundos por un avituallamiento cuando ya no estaba permitido. 

Sobraban pistas. El colombiano había sido el más combativo en la alta montaña de cuantos luchan por la clasificación general. Col de Palhières, Bagnères de Bigorre o el mismísimo Mont Ventoux habían sido testigos de su espíritu valiente. Era el único capaz de aguantar a Chris Froome en las grandes cotas, como fue el único que resistió de primeras el demarraje del maillot amarillo a más de nueve kilómetros para la meta. Nuevamente el molinillo del británico con los pedales destrozó a hombres de podio, pero no a Quintana, ligero sobre la bici.

Alberto Contador se quedó en ese ataque, en el siguiente de Joaquim Rodríguez y en el postrero de Alejandro Valverde. El madrileño había jugado su carta en el peligroso descenso del Col de Sarenne junto a Roman Kreuziger y el esfuerzo no sólo se quedó en el camino, sino que pudo costarles un puesto en el podio de París. El madrileño todavía lo mantiene, pero el checo ha bajado hasta la cuarta posición.

Quintana más joven, más impulsivo; el catalán más veterano, más paciente. Los dos entraron a la par bajo la pancarta del último kilómetro y, animados por el desfallecimiento de Froome y Contador, esprintaron hasta la línea de meta. Pesaron más las ganas de podio que las dos ascensiones al Alpe d’Huez y la renta mereció la pena: más de dos minutos sobre el madrileño que dejan el podio apretado en un puño.
La etapa se cobró los errores. 

Chris Froome pagó la ansiedad de los primeros kilómetros, en los que salió a cada ataque de hombres alejados en la general en busca de un trozo de gloria. El británico, agotado en los últimos kilómetros, fue sancionado con 20 segundos por recibir alimento cuando ya no estaba permitido. "He pedido un poco de azúcar al coche. Tenía un poco de hipoglucemia, subir dos veces Alpe d'Huez es duro. Le he pedido a Richie que fuese a buscarlo al coche", aseguró el maillot amarillo.

Alberto Contador, la mala estrategia de Saxo. Al poco de formarse la fuga del día, Sergio Paulinho y Nicolas Roche lanzaron su propia escapada. La posición intermedia hacía pensar en refuerzos para un futuro ataque, pero se perdieron en tierra de nadie. Tampoco dio frutos y sí castigo el ataque en la bajada de Kreuziger y Contador.
Honores para Christophe Riblon

Los medios franceses empezaban a mirar con lupa las últimas etapas de este Tour de Francia. Buscaban y temían no encontrar una opción de victoria para sus corredores. Thibaut Pinot se había, la ‘nueva gran esperanza’, se retiró por la puerta de atrás. Jean-Christophe Péraud, el único con opciones de meterse entre los diez primeros, abandonó tras una doble caída en la jornada de la contrarreloj. El triunfo de Christophe Riblon en la etapa reina valió por todo.

Valió por significativo y sobre todo por emocionante. Tejay Van Garderen (BMC) había sido el hombre más fuerte en las dos ascensiones al Alpe d’Huez. Especialmente en la primera, donde arrastró por el asfalto al propio Riblon con cambios de ritmo durísimos. En la segunda iniciaron un mano a mano al pie del pie que de entrada se llevó el estadounidense. El de Tacoma fue abriendo camino entre los miles de aficionados mientras el francés cedía hueco. 20, 30, 40 segundos.


De nuevo Riblon adoptó un ritmo más cómodo, menos exigente, y como una hormiga empezó a recoger segundos por el camino. 40, 30, 20 y así hasta sobrepasar a Van Garderen bajo la pancarta de los dos kilómetros. En ese momento los pulmones del francés se llenaron de euforia. Tiró sin mirar atrás. Entró en la penúltima pancarta levantado sobre la bicicleta, dando voces, haciendo aspavientos. Sobre la línea de meta se llevó las manos a la cara y levantó los brazos. Francia ya tiene su héroe para esta edición.

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