"A-Rod es el futuro del beisbol. Es exactamente
lo que el deporte necesita: un chico maravilla dominicano con un look digno de
Hollywood, uno de los mejores jugadores del deporte, el mejor pagado del
beisbol con solo 22 años. No hay duda de que es nuestro chico de portada".
Ese fue mi argumento como editora en marzo de 1998
para que A-Rod figurara en la portada de estreno de la revista ESPN The
Magazine, al lado de Kobe Bryant, Eric Lindros y Kordell Slash Stewart (ups).
¿Quién habría dicho que no estaría a la altura de
las expectativas? Nunca sería la superestrella, el tipo recto que esperábamos.
Parecía que nunca podría abandonar su propio ego para ser un deportista
constante de alto nivel. Quién habría dicho que 15 años después estaríamos
hablando de Alex Rodríguez y de Pete Rose en la misma oración o discutiendo si
el tercera base de los Yankees debería ser suspendido de por vida del beisbol
por ingerir fármacos para mejorar el desempeño y tratar de encubrir sus
trampas? Tal vez solo esperábamos demasiado.
Actualmente, las Ligas Mayores (MLB) acordaron
suspender a 12 jugadores por 50 partidos por su relación con la clínica
Biogenesis, en el sur de Florida, que supuestamente proporcionó a los atletas
los fármacos para mejorar el desempeño. Sin embargo, fue A-Rod, la mayor
estrella involucrada en el escándalo, quien sintió todo el peso de la ira de la
MLB. Lo suspendieron por 211 partidos hasta el final de la temporada 2014. Si
el fallo se ratifica, el jugador de 38 años no podrá regresar al juego sino hasta
que tenga 40 años. Pero, según las reglas del beisbol, A-Rod todavía podrá
jugar a partir de esta noche mientras apela su suspensión.
Sin importar cómo termine la historia de Rodríguez,
la interminable historia de tramposos en el que alguna vez fue el pasatiempo de
Estados Unidos ha lesionado al juego y alienado a los aficionados.
"Las trampas hacen que cuestione el
deporte", dice Charlie Thompson, aficionado a los Yankees. "Recuerdo
que cuando era niño, (Sammy) Sosa y (Mark) McGwire llegaron a los 60 jonrones.
Esa fue una parte asombrosa de mi niñez. En ningún momento pensé que estuvieran
haciendo trampa. Pero una vez que supe que estaban usando esteroides, me quedó
un mal sabor de boca. Todo es falso".
Es un final triste para alguien tan prometedor. En
1998, A-Rod era una historia de éxito estadounidense. Mientras mis colegas y yo
presentábamos nerviosamente nuestra rudimentaria revista ESPN The Magazine lo
celebrábamos, aún con su contrato por 10 años y 252 millones de dólares. (En
2007, los Yankees lo aumentaron a 10 años y 275 millones de dólares).
Después de todo, era la época de las jóvenes
estrellas, cuando los atletas y las estrellas de rock asumieron lugares
privilegiados en la cultura popular. A-Rod encajaba a la perfección en la
exclusiva lista de jóvenes talentosos dispuestos a cambiar al mundo, o al
menos, nuestro mundo.
El campeón del Superbowl, Brett Favre, estaba
alcanzando un estatus de semidiós e iluminaba la pantalla con Cameron Díaz en
la exitosa cinta Loco por Mary. Tiger Woods se dirigía al dominio mundial con
un Campeonato Masters. El álbum ganador del Grammy de Jay-Z, Hard Knock Life,
señalaba el arribo de la generación del hip-hop y era el favorito de los
estadios. Los atletas de todas las razas clamaban para imitar su estilo dentro y
fuera de la cancha.
Entonces, ¿cómo podríamos odiar a A-Rod por ganar
dinero cuando todos los demás parecían estar ganando no solo en el deporte,
sino en la vida?
Sin embargo, como muchos de nosotros, Alex Rodríguez
quedó atrapado en el brillo de los reflectores. Nos hipnotizó la atención, la
fama, el dinero que circula en los deportes e ignoramos cómo podrían cambiar
las cosas. Tal vez nos tomamos muy en serio el objetivo de "ganar a toda
costa".
El beisbol de las grandes ligas ha estado
contaminado durante décadas. Todos —aficionados, medios, propietarios, atletas
y entrenadores— nos hicimos de la vista gorda y también somos culpables en
parte. En realidad no quisimos ver los secretos oscuros que acechaban detrás de
la emocionante carrera por los jonrones. Buscamos chivos expiatorios —ya fuera
Barry Bonds o José Canseco— y santurronamente los dejamos a su suerte.
El comisionado del beisbol, Bud Selig, declaró que
seguirá limpiando al beisbol. "El beisbol es una institución social con
una enorme responsabilidad social… y (los fármacos para mejorar el desempeño)
no se tolerarán en nuestro deporte", dijo el comisionado tras el fallo.
Esperemos que el beisbol siga ese camino porque
Thompson no es el único que quiere recuperar el deporte.
"Soy aficionado de los Yankees, no de Alex
Rodríguez. Sigo siendo aficionado al beisbol. Esta noche apoyaré a mis Yankees
mientras tratamos de llegar a los playoffs", dice Thompson.
No podría estar más de acuerdo, Charlie.
Por
ROXANNE JONES/Especial para CNN


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