Chacabana grande de Boyá

La soberbia de algunos generalotes balagueristas en la transición de 1978 los llevó a cometer agravios contra el Presidente Electo, Antonio Guzmán, que poco después pagarían con el uniforme.

Es el caso de un coronel que quiso pasarse de balaguerista aquella mañana en que se produjo la primera reunión en Palacio entre los dos presidentes, el entrante y el saliente, en los primeros días del mes de junio, tres semanas después de las elecciones.

Guzmán llegó a Palacio a la hora convenida, 12:00 del mediodía, acompañado de una reducida comitiva compuesta por sus colaboradores más allegados, entre ellos el joven Lorenzo Sánchez Baret fallecido a muy temprana edad, hermano menor de Vicente y Leonor, entonces líderes perredeístas de mucho futuro, los tres.

El Palacio era un hervidero ese día

 El país aún no salía de la crisis que produjo la derrota de Balaguer y el intento de desconocer las elecciones que puso fin al gobierno balaguerista de los 12 años.

La visita de Guzmán a Balaguer constituía el inicio de los trabajos para el cambio de mando. Y la expectativa que generó fue enorme.

La presencia de periodistas nacionales y extranjeros había desbordado los espacios reservados ese día para la prensa, y el molote que se produjo en los pasillos y alrededores del despacho presidencial fue mayúsculo.

Las vainas de Balaguer...

El gobierno saliente estaba ensoberbecido en esos días, los militares balagueristas aún hacían bembitas y los dirigentes reformistas se negaban a cordializar con los perredeístas. Todavía decían que el PRD y don Antonio les habían hecho “un fraude colosal” para robarles las elecciones.

Y Balaguer lo hizo de maldad, adrede, con toda la mala leche del mundo: dejó al Presidente Electo durante 38 minutos esperando en su antedespacho.

Tan notorio fue aquello, que Lorenzo Sánchez Baret, con la impetuosidad de su juventud, se molestó y le dijo a don Antonio: ¡Presidente, vámonos de aquí. Este viejo está haciendo esto de maldad!

Don Antonio lo calmó con una mirada fulminante.

Fue entonces cuando un coronel del Cuerpo de Ayudantes, de servicio en el Antedespacho, colocó de forma perversa el taco de su bota derecha sobre el lustroso zapato izquierdo del presidente Guzmán haciendo creer que el pisotón había sido por descuido.

De nuevo tuvo don Antonio que calmar a Lorenzo. Esta vez comentándole casi en el oído: “No te preocupes, que ellos todavía están en el gobierno. Esto se acabará”.

La reunión se produjo pocos minutos después y fue brevísima. Ese mismo día Balaguer dispuso que a Guzmán le enviaran a su casa un automóvil Cadillac, negro, con la placa O-1, y le asignó una escolta militar al mando de un coronel del Cuerpo de Ayudantes.

¡...Y llegó el 16 de agosto!

La “fiesta blanca” se prolongó por varios días a partir del momento en que Antonio Guzmán asumió el poder a las 10:35 de la mañana de ese 16 de agosto de 1978.

La gente gozó aquella “pela de lengua” que le dio Guzmán a Balaguer en su propia cara en el salón augusto de la Asamblea Nacional ante dignatarios extranjeros, la cúpula de la Iglesia, el liderazgo nacional.

Por primera vez en su vida Balaguer se vio chiquito e indefenso mientras don Antonio, de frac blanco y con la banda terciada, le increpaba por todos sus desafueros y abusos de poder y lo señalaba con el índice derecho. Se desquitó con ganas todas las humillaciones.

¿Y aquel coronel del pisotón en el Palacio?

De ese se encargó el propio Lorenzo Sánchez Baret, ya siendo uno de los hombres de mayor confianza del Presidente: lo dejó en la guardia hasta verlo humillado. Y luego hizo que le quitaran el uniforme.

Desde entonces anda con una chacabana más grande que él y un sombrero que le cubre medio rostro...

¡Le dicen Chacabana Grande de Boyá!


Por CÉSAR MEDINA

El autor es periodista

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