Fidel Castro: Hugo Chávez es el mejor amigo que tuve en mis años de político activo
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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El líder de la
Revolución Cubana, Fidel Alejandro Castro Ruz ha reaparecido el martes, en que cumplió 87 años de
edad, y definió a Hugo Chávez, “como el mejor amigo que tuve en mis años de político
activo”.
En una reflexión titulada “Las verdades objetivas y
los sueños”, Fidel aborda la Crisis de Octubre de 1962, de la que próximamente
se cumplirán 51 años; menciona sucesos relacionados con la muerte de John F.
Kennedy.
Alternativasnoticiosas.com
deja a sus lectores la opinión de Fidel Alejandro castro Ruz.
La especie humana reafirma con frustrante fuerza que
existe desde hace aproximadamente 230 mil años. No recuerdo afirmación alguna
que alcance más edad. Sí existieron otros tipos de humanos, como los
Neandertales de origen europeo; o un tercero, el homínido de Denisova al norte
de Asia pero, en ningún caso, existen fósiles más antiguos que los del Homo
Sapiens de Etiopía.
Tales restos, en cambio, existen de numerosas
especies entonces vivas, como los dinosaurios, cuyos fósiles datan de hace más
de 200 millones de años. Muchos
científicos hablan de su existencia antes del meteorito que impactó en el Istmo
de Tehuantepec provocando la muerte de aquellos, algunos de los cuales medían
hasta 60 metros de largo.
Es conocida igualmente la prehistoria del planeta
que hoy habitamos, desprendido de la nebulosa solar y su enfriamiento como masa
compacta casi llana, constituida por un número creciente de materias bien
definidas que poco a poco adquirirían rasgos visibles. Tampoco se sabe todavía
cuántas faltan por descubrir, y los insólitos usos que la tecnología moderna
puede aportar a los seres humanos.
Se conoce que las semillas de algunas plantas
comestibles fueron descubiertas y comenzaron a utilizarse hace alrededor de 40
mil años. Existe también constancia de lo que fue un calendario de siembra
grabado en piedra hace aproximadamente 10 mil años.
Las ciencias deben enseñarnos a todos a ser sobre
todo humildes, dada nuestra autosuficiencia congénita. Estaríamos así más
preparados para enfrentar e incluso disfrutar el raro privilegio de existir.
En el mundo explotado y saqueado viven incontables
personas generosas y sacrificadas, especialmente las madres, a las que la
propia naturaleza dotó de especial espíritu de sacrificio.
El concepto de padre, que no existe en la
naturaleza, es, en cambio, fruto de la educación social en los seres humanos y
se observa como norma en cualquier rincón, desde el Ártico, donde se encuentran
los esquimales, hasta las selvas más tórridas de África en las que las mujeres
no solo cuidan de la familia, sino también laboran la tierra para producir
alimentos.
Quien lee las noticias que todos los días llegan
sobre viejos y nuevos comportamientos de la naturaleza y los descubrimientos de
los métodos para enfrentar lo de ayer, hoy y mañana, comprendería las
exigencias de nuestro tiempo.
Los virus se transforman de forma inesperada y
golpean las plantas más productivas o los animales que hacen posible la
alimentación humana, lo que torna más insegura y costosa la salud de nuestra
especie, genera y agrava las enfermedades, sobre todo, en los mayores o los más
pequeños.
¿Cómo enfrentar con honor el número creciente de
obstáculos que los habitantes del planeta sufren?
Pensemos que más de doscientos grupos humanos se
disputan los recursos de la Tierra. El patriotismo es simplemente el
sentimiento solidario más amplio alcanzado. Nunca digamos que fue poco. Con
seguridad se inició por las actividades familiares de grupos reducidos de
personas que los escritores de la historia calificaron de clan familiar, para
recorrer el camino de la cooperación entre grupos de familias que colaboraban
entre sí para cumplimentar las tareas a su alcance. Hubo lucha entre grupos de
familias en otras etapas, hasta alcanzar niveles superiores de organización
como sin duda fue la tribu. Transcurrieron más de cien mil años. Los recuerdos
escritos en sofisticados pergaminos datan, sin embargo, de no más de 4 mil
años.
La capacidad humana para pensar y elaborar ideas era
ya notable, y no creo sinceramente que los griegos eran menos inteligentes que
el hombre actual. Sus poemas, sus textos filosóficos, sus esculturas, sus
conocimientos médicos, sus juegos olímpicos; sus espejos, con los que
incendiaban naves adversarias concentrando los rayos solares; las obras de
Sócrates, Platón, Aristóteles, Galeno, Arquímedes y otros llenaron de luz el
mundo antiguo. Eran hombres de inusual talento.
Arribamos, tras un largo camino, a la etapa
contemporánea de la historia del hombre.
Días críticos no tardaron en presentarse para
nuestra Patria, a 90 millas del territorio continental de Estados Unidos,
después que una profunda crisis golpeó a la URSS.
Desde el 1ro de enero de 1959 nuestro país asumió el
mando de su propio destino tras 402 años de coloniaje español y 59 como
neocolonia. Ya no existíamos como indígenas que no hablaban siquiera el mismo
idioma; éramos una mezcla de blancos, negros e indios que integrábamos una
nación nueva con sus virtudes y sus defectos como todas las demás. Huelga decir
que imperaban en la isla la tragedia del desempleo, el subdesarrollo y un pobrísimo
nivel de educación. Poseían conocimientos inculcados por la prensa y la
literatura dominante en Estados Unidos, que desconocía, si es que no
despreciaba, los sentimientos de una nación que combatió con las armas durante
décadas por la independencia del país, y al final incluso contra cientos de
miles de soldados al servicio de la metrópolis española. Es preciso no olvidar
la historia de la “Fruta Madura”, imperante en la mentalidad colonialista de la
poderosa nación vecina que hizo prevalecer su fuerza y negaba al país no solo
el derecho a ser libre hoy, mañana y siempre, sino que pretendía anexar nuestra
isla al territorio de ese poderoso país.
Cuando en el puerto de La Habana estalla el
acorazado norteamericano Maine, el ejército español, integrado por cientos de
miles de hombres, estaba ya derrotado, como un día los vietnamitas derrotaron a
base de heroísmo el poderoso ejército
dotado de sofisticado armamento, incluido el “Agente Naranja” que a tantos
vietnamitas afectó para toda su vida, y Nixon, más de una vez, estuvo tentado
al uso de las armas nucleares contra aquel pueblo heroico. No en balde luchó
por ablandar a los soviéticos con sus discusiones sobre la producción de
alimentos en aquel país.
Dejaría de ser diáfano si no señalo un momento
amargo de nuestras relaciones con la URSS. Eso derivó de la reacción que
tuvimos al conocer la decisión de Nikita Jruschov a raíz de la Crisis de
Octubre de 1962, de la que el próximo mes de octubre se cumplirán 51 años.
Cuando supimos que Jruschov había acordado con John
F. Kennedy la retirada de los proyectiles nucleares del país, publiqué una nota
con los 5 Puntos que consideré indispensables para un acuerdo. El jefe
soviético conocía que inicialmente nosotros advertimos al Mariscal jefe de la
cohetería soviética que a Cuba no le interesaba aparecer como emplazamiento de
cohetes de la URSS, dada su aspiración a ser ejemplo para los demás países de
América Latina en la lucha por la independencia de nuestros pueblos. Pero a
pesar de eso el Mariscal jefe de tales armas, una persona excelente, insistía
en la necesidad de contar con algún arma que persuadiera a los agresores. Al
insistir él en el tema, le expresé que si a ellos les parecía una necesidad
imprescindible para la defensa del socialismo, se trataba ya de otra cosa,
porque éramos por encima de todo revolucionarios. Le pedí dos horas para que la
Dirección de nuestra Revolución tomara una decisión.
Jruschov se había portado con Cuba a gran altura.
Cuando Estados Unidos suspendió totalmente la cuota azucarera y bloqueó nuestro
comercio, él decidió comprar lo que dejara de adquirir ese país, y a los mismos
precios; cuando meses después aquel país nos suspendió las cuotas de petróleo,
la URSS nos suministró las necesidades de ese vital producto sin lo cual nuestra
economía sufriría un gran colapso: una lucha a muerte se habría impuesto, ya
que Cuba jamás se rendiría. Los combates habrían sido muy sangrientos, tanto
para los agresores como para nosotros. Habíamos acumulado más de 300 mil armas,
incluyendo las 100 mil que le ocupamos a la tiranía batistiana.
El líder soviético había acumulado gran prestigio. A
raíz de la ocupación del Canal de Suez por Francia e Inglaterra, las dos
potencias que eran propietarias del canal, con el apoyo de fuerzas israelitas,
atacaron y ocuparon aquella vía. Jruschov advirtió que usaría sus armas
nucleares contra los agresores franceses y británicos que ocuparon ese punto.
Estados Unidos, bajo la dirección de Eisenhower, no estaba dispuesto en ese
momento a involucrarse en una guerra. Recuerdo una frase de Jruschov por
aquellos días: “nuestros cohetes pueden darle a una mosca en el aire”.
No mucho tiempo después, el mundo se vio envuelto en
un gravísimo peligro de guerra. Desgraciadamente fue el más grave que se ha
conocido. Jruschov no era un líder cualquiera, durante la Gran Guerra Patria se
había destacado como Comisario Jefe de la defensa de Stalingrado, actual
Volgogrado, en la batalla más dura que se ha librado en el mundo con la
participación de 4 millones de hombres. Los nazis perdieron más de medio millón
de soldados. La Crisis de Octubre en Cuba le costó el cargo. En 1964, fue
sustituido por Leonid Brezhnev.
Se suponía que, aunque a un precio alto, Estados
Unidos cumpliría su compromiso de no invadir Cuba. Brezhnev desarrolló excelentes
relaciones con nuestro país, nos visitó el 28 de enero de 1974, desarrolló el
poderío militar de la Unión Soviética, entrenó en la escuela militar de su gran
país a muchos oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, continuó el suministro
gratuito de armamento militar a nuestro país, promovió la construcción de una
central electronuclear de enfriamiento por agua, en la que se aplicaban las
máximas medidas de seguridad y le dio apoyo a los objetivos económicos de
nuestro país.
A su muerte, el 10 de noviembre de 1982, le sucedió
Yuri Andrópov, director de la KGB, quien presidió los funerales de Brezhnev y
tomó posesión como Presidente de la URSS. Este era un hombre serio, así lo
aprecio, y también muy franco.
Nos dijo que si éramos atacados por Estados Unidos
deberíamos luchar solos. Le preguntamos si podían suministrarnos las armas
gratuitamente como hasta ese momento. Respondió que sí. Le comunicamos
entonces: “no se preocupe, envíenos las armas que de los invasores nos ocupamos
nosotros”.
Sobre este tema solo un mínimo de compañeros
estuvimos informados ya que era muy peligroso que el enemigo dispusiera de esta
información.
Decidimos solicitar a otros amigos las armas
suficientes para contar con un millón de combatientes cubanos. El
compañero Kim II Sung, un veterano e
intachable combatiente, nos envió 100 mil fusiles AK y su correspondiente
parque sin cobrar un centavo.
¿Qué contribuyó a desatar la crisis? Jruschov había
percibido la clara intención de Kennedy de invadir a Cuba tan pronto estuvieran
preparadas las condiciones políticas y diplomáticas, especialmente después de
la aplastante derrota de la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, escoltada
por buques de asalto de la Infantería de Marina y un portaaviones yankis. Los
mercenarios controlaban el espacio aéreo con más de 40 aviones entre
bombarderos B-26, aviones de transporte aéreo y otros de apoyo. Un ataque
sorpresivo previo, a la principal base aérea, no encontró nuestros aviones
alineados, sino desperdigados en diversos puntos, los que podían moverse y los
que carecían de piezas. Apenas afectaron algunos. El día de la invasión
traicionera nuestras naves estaban en el aire antes del amanecer en dirección a
Playa Girón. Digamos solo que un honesto escritor norteamericano describió
aquello como un desastre. Baste decir que al final de aquella aventura solo dos
o tres de los expedicionarios pudieron regresar a Miami.
La invasión programada por las fuerzas armadas de
Estados Unidos contra la isla habría sufrido grandes bajas, muy superiores a
los 50 mil soldados que perdieron en
Vietnam. No tenían entonces las experiencias que adquirieron más tarde.
Se recordará que el 28 de octubre de 1962 yo declaré
que no estaba de acuerdo con la decisión inconsulta e ignorada por Cuba de que
la URSS retiraría sus proyectiles estratégicos, para los cuales se estaban
preparando las rampas de lanzamiento que serían un total de 42. Al líder
soviético le expliqué que ese paso no había sido consultado con nosotros,
requisito esencial de nuestros acuerdos. En una frase está la idea: “Usted
puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy
equivocado sin convencerme”, y enumeré 5 Puntos que se mantenían intocables:
Cese del Bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica
que ejercen los Estados Unidos en todas partes del mundo contra nuestro país;
cese de todas las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y
explosivos por aire y por mar, organización de invasiones mercenarias,
filtración de espías y saboteadores, acciones todas que se llevan a cabo desde
el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices; cese de los
ataques piratas que se llevan a cabo desde las bases existentes en Estados
Unidos y Puerto Rico; cese de todas las violaciones de nuestro espacio aéreo y
naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos; y la retirada de la Base
Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados
Unidos.
Es harto conocido igualmente que el periodista
francés Jean Daniel había entrevistado al presidente Kennedy después de la
Crisis de Octubre; este le contó la experiencia muy dura que había vivido, y le
había preguntado si yo realmente conocía el peligro de aquel momento. Le pidió
al reportero francés que viajase a La Habana, hablara conmigo y esclareciese
esa interrogante.
Este viajó a La Habana y pidió la entrevista. Lo
cité esa noche y le transmití que deseaba verlo y conversar con él sobre el
tema, y le sugerí conversar en Varadero. Llegamos al lugar y lo invité a
almorzar. Era el mediodía. Puse un radio y en ese instante un despacho glacial
informa que el Presidente había sido asesinado en Dallas.
Prácticamente ya no había de qué hablar. Yo, desde
luego, le pedí que me hablara de su conversación con Kennedy; él estaba
realmente impresionado con su contacto. Me dijo que Kennedy era una máquina de
pensar, estaba realmente traumatizado. No volví a verlo. Por mi parte
investigué lo que pude, o más bien supuse lo que pasó ese día. Fue rara la
conducta de Lee Harvey Oswald. Supe que este había tratado de visitar Cuba no
mucho tiempo antes del asesinato de Kennedy, y se supone que disparó con un
rifle semiautomático de mira telescópica contra un blanco en movimiento. De
sobra conozco el empleo de esa arma. La mirilla, cuando se hace un disparo, se
mueve y el blanco se pierde un instante; lo que no ocurre con otro tipo de
sistema de puntería de cualquier fusil. La telescópica, de varios poderes, es
muy precisa si el arma se apoya, pero estorba cuando se hace con un objetivo en
movimiento. Se dice que fueron dos los disparos mortales consecutivos en
fracción de segundos. La presencia de un lumpen conocido por su oficio, que
mata a Oswald nada menos que en una estación de policía, conmovido por el dolor
que estaría sufriendo la esposa de Kennedy, parece una cínica broma.
Johnson, un buen magnate petrolero, no perdió un
minuto en tomar el avión en dirección a Washington. No quiero hacer
imputaciones; es asunto de ellos, pero se trata de que en los planes estaba
involucrar a Cuba en el asesinato de Kennedy. Más tarde, transcurridos los
años, me visitó el hijo del Presidente asesinado y cenó conmigo. Era un joven
lleno de vida que le gustaba escribir. Poco tiempo después, viajando en noche
tempestuosa hacia una isla vacacional en un sencillo avión, al parecer no
encontraron la meta y se habían estrellado. También conocí en Caracas a la
esposa y los hijos pequeños de Robert Kennedy, quien fue fiscal, y negociador
con el enviado de Jruschov y había sido asesinado. Así marchaba desde entonces
el mundo.
Muy próximo ya a terminar este relato, que coincide
con el 13 de agosto, 87 aniversario de su autor, ruego se me excuse de
cualquier imprecisión. No he tenido tiempo de consultar documentos.
Los despachos cablegráficos casi diariamente hablan
de preocupantes temas que se acumulan en el horizonte mundial.
Noam Chomsky, según el sitio Web del canal de
televisión Rusia Today, expresó: “La política de Estados Unidos está diseñada
para que aumente el terror”.
“Según el prestigioso filósofo, la política de
EE.UU. está diseñada de manera que aumenta el terror entre la población.
‘EE.UU. está llevando a cabo la campaña terrorista internacional más
impresionante jamás vista […], la de los drones y la campaña de las fuerzas
especiales’…”
“La campaña de drones está creando potenciales
terroristas.”
“A su juicio, es absolutamente asombroso que el país
norteamericano lleve a cabo por un lado una campaña de terror masivo, que pueda
generar potenciales terroristas en contra de uno mismo, y por otro proclame que
es absolutamente necesario contar con vigilancia masiva para proteger contra el
terrorismo.”
“Según Chomsky, existen numerosos casos similares.
Uno de los más llamativos, en su opinión, es el de Luis Posada Carriles,
acusado por Venezuela de la participación en un atentado contra un avión en el
que murieron 73 personas.”
Hoy guardo un especial recuerdo del mejor amigo que
tuve en mis años de político activo —quien muy humilde y pobre se fraguó en el
Ejército Bolivariano de Venezuela—, Hugo Chávez Frías.
Entre los muchos libros que he leído, impregnados de
su lenguaje poético y descriptivo, hay uno que destila su rica cultura y su
capacidad de expresar en términos rigurosos su inteligencia y sus simpatías a
través de las más de dos mil preguntas formuladas por el periodista, también
francés, Ignacio Ramonet.
El 26 de Julio de este año, cuando visitó a Santiago
de Cuba con motivo del 60 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y
Carlos M. de Céspedes, me dedicó su último libro: Hugo Chávez Mi Primera Vida.
Experimenté el sano orgullo de haber contribuido a
la elaboración de esa obra, porque Ramonet me sometió a ese cuestionario
implacable, que pese a todo sirvió para entrenar al autor en esa materia.
Lo peor es que no había concluido mi tarea como
dirigente cuando le prometí revisarlo.
El 26 de julio de 2006 enfermé gravemente. Apenas
comprendí que sería definitivo no vacilé un segundo en proclamar el día 31 que
cesaba en mis cargos como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros,
y propuse que el compañero designado para ejercer esa tarea procediera de
inmediato a ocuparlo.
Me restaba concluir la revisión prometida de Cien
horas con Fidel. Estaba acostado, temía perder el conocimiento mientras dictaba
y a veces me quedaba dormido. No obstante, día por día respondía a las
endiabladas preguntas que me parecían interminablemente largas; pero persistí
hasta que terminé.
Estaba lejos de imaginar que mi vida se prolongaría
otros siete años más. Solo así tuve el privilegio de leer y estudiar muchas
cosas que debí aprender antes. Pienso que los nuevos descubrimientos nos han
sorprendido a todos.
De Hugo Chávez faltaron muchas preguntas por
responder, desde el momento más importante de su existencia, cuando tomó
posesión de su cargo como Presidente de la República de Venezuela. No existe
una sola pregunta que responder en los más brillantes momentos de su vida. Los
que lo conocieron bien saben la prioridad que daba a esos desafíos ideológicos.
Hombre de acción e ideas lo sorprendió un tipo de enfermedad sumamente agresiva
que le hizo sufrir bastante, pero enfrentó con gran dignidad y con profundo
dolor para familiares y amigos cercanos que tanto amó. Bolívar fue su maestro y
el guía que orientó sus pasos en la vida. Ambos reunieron la grandeza
suficiente para ocupar un lugar de honor en la historia humana.
Todos esperamos ahora Hugo Chávez Mi Segunda Vida.
Sin él, la más auténtica de las historias nadie podría escribirla mejor.


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