Irrumpió el diluvio, se puso todo patas arriba y en
unos segundos, como si nada hubiera pasado, la lluvia se detuvo, haciendo que
todo lo que hasta ese momento parecía definitivo, quedase en nada. Ese clásico
hechizo de Spa, ajeno a la lógica, fue el que elevó al Mercedes de Lewis
Hamilton, en su cuarta 'pole' consecutiva, y condenó a Fernando Alonso, que
partirá noveno. El cielo se abrió, la pista se secó y el británico, el último
en pasar por meta, se hizo con el botín, entre alaridos de incredulidad, de
nuevo por delante de Vettel y Webber, a los que parece tener tomada la medida
en las últimas citas. Ese último y decisivo instante lo presenció Alonso desde
boxes, sin opciones de dar un último giro, dando por buena una posición en
parrilla que terminó mutando en un discreto noveno lugar que obliga de nuevo a
la remontada. Y ya van...
Un primer amago con gomas de seco y vuelta a boxes.
Así arrancó el último 'round' de la clasificación en Spa. Tras el atasco en la
salida del 'pit lane', tratando de esquivar esa emboscada en forma de lluvia.
La última mano parecía que iba a jugarse sobre mojado tras ese frustrado primer
intento. Pero no fue así. La pista volvió a secarse cuando Fernando Alonso
cumplía su última vuelta en quinta posición. Cuando parecía que nadie movería a
Di Resta de la 'pole'. Y en esos últimos segundos, decisivos, irrumpieron los
Red Bull, primero, y Lewis Hamilton, el último y más afortunado de todos, para
volver a comandar la parrilla en Bélgica, como ya hiciera hace cinco años, en
2008. Mientas el Ferrari de Alonso, tras un error en una de las curvas y sin
tiempo para afrontar ese último asalto, quedaba condenado a la novena posición.
La lluvia no faltó a su clásica cita. La
clasificación arrancó bajó un intenso chaparrón que alteró los planes de más de
uno, mucho más cuando la tempestad amainó y la pista comenzó a secarse. Una
carrera contrarreloj tratando de retrasar al máximo el paso por meta para
conseguir el mejor asfalto posible. La senda más segura hacia la Q2. Y en ese
escenario, el más listo fue Fernando Alonso, calzado sobre sus neumáticos
intermedios, que firmó el mejor tiempo tras unos pequeños apuros.
Una situación complicada de la que no lograron salir
los Toro Rosso y los Sauber. Los cuatro bólidos se ahogaron en la primera
tanda, mientras los Marussia y el sorprendente Caterham de Van der Garde, que
tiró de gomas de seco para encaramarse hasta la tercera posición. 15 minutos
extra para ellos, todo un premio en ambas escuderías que concluiría, como en la
Q2.
En ese penúltimo asalto, sólo Kimi Raikkonen fue más
rápido que Fernando Alonso, de nuevo deslizándose con estilo sobre el asfalto.
Con la amenaza del cielo y el beneplácito de un bólido que respondía sobre
seco, mientras otros rivales como Lewis Hamilton, rey de los sábados este
curso, sufrían para cumplir los plazos y estar en la última batalla. Allí asomó
como un relámpago, en el último aliento, como a él más le gusta, el propio
Hamilton. Mientras Alonso, noveno, comenzaba a diseñar la estrategia con la que
recuperar la ilusión el domingo.
Por
CARLOS GUISASOLA/El Mundo


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