El autor de Cien años de soledad, de 86 años, que
radica en México desde hace varias décadas, apareció en la inauguración de un
centro de juegos de bolos en la Ciudad de México. Incluso, hizo gala de su
irreverencia al hacer, ante los fotógrafos, una señal con la mano cerrada y el
dedo medio extendido mientras reía divertido.
García Márquez, que vestía un elegante traje gris
Oxford y una camisa azul celeste, sin corbata, fue rodeado por decenas de
personas que le pedían un autógrafo o querían estrechar su mano.
De aspecto delgado, sin embargo no mostraba un
rostro demacrado ni tenía un aspecto enfermizo. El propio García Márquez se
encargó de cortar el listón del negocio, cuyo proyecto arquitectónico estuvo a
cargo de Daniel Feldman, amigo del escritor.
"Me siento bien, la comida estuvo bien",
dijo mientras posaba para los fotógrafos el autor de El coronel no tiene quien
le escriba.
Según los asistentes, comió un platillo de espinacas
y tomó una copa de vino y permaneció más de dos horas en el lugar, pero dedicó
15 minutos a saludar a sus admiradores. Una niña de entre seis y ocho años se
acercó al escritor para que le autografiara una copia de El Coronel no tiene
quien le escriba, pero no lo hizo y sólo estrechó la mano de la pequeña, según
las versiones conocidas este lunes.
El venerado hombre de letras no fue visto ni en
México ni en Colombia el 8 de agosto pasado, durante la ceremonia del
relanzamiento del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano
(FNPI), que ahora se llamará Premio Gabriel García Márquez.
Tampoco asistió a los funerales de su gran amigo
Álvaro Mutis, el pasado día 22, a los 90 años, un hombre radicado en México
desde 1956, con el que lo ligó una profunda amistad y quien le dio la
bienvenida cuando llegó al país en 1961, donde escribió su obra cumbre Cien
años de soledad. En las exequias solo estuvo presente la esposa del escritor,
Mercedes Barcha, quien dijo al embajador de Colombia en México, José Gabriel
Ortiz, que el escritor "hace muchos años no va a entierros y menos de
amigos, pues para él los amigos no mueren sino van a un viaje muy largo a Nueva
York", según contó el diplomático a la cadena de radio Caracol.
El pasado 7 de marzo, "Gabo", como lo
llaman sus amigos, cumplió 86 años y, según publicó la prensa local, celebró
con su familia en su residencia al sur de la capital. En esa oportunidad, la
asistente del escritor Mónica Alonso dijo que estaba "muy bien" y que
la había estado "muy contento".
El 7 de julio del año pasado, el hermano del
escritor, Jaime, dijo que el autor de La hojarasca sufre de "demencia
senil", lo que le impedirá, "desgraciadamente", escribir nuevas
obras. "(Gabo) ya tiene algunos conflictos de memoria (.) En la familia
todos sufrimos demencia senil, yo ya también comienzo a tener algunos
problemitas", explicó Jaime, quien dijo que el problema se aceleró debido
al cáncer linfático que superó en 1999 con quimioterapia. El tratamiento
"le salvó la vida pero también le acabó muchas neuronas, muchas defensas y
muchas células", indicó.

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