CIUDAD DE PANAMÁ . -No será fácil sustituir a
Enrique Iglesias. El octogenario uruguayo tiene un perfil iberoamericano
perfecto, una vasta experiencia en la gestión política, económica y social de
la región y una profunda convicción de que su desarrollo pasa inevitablemente
por la integración.
"He servido
durante casi medio siglo a América Latina y me llevo la idea de que el
desarrollo era mucho más complicado de lo que pensábamos hace 50 años. Es un
gran compromiso político", aseguró en Ciudad de Panamá, en su última
cumbre como secretario general iberoamericano.
"Si yo era integracionista hace 50 años, les puedo asegurar que hoy
lo soy más", defendió.
Ocho años después de que los jefes de Estado y de
gobierno de la Comunidad Iberoamericana lo colocaran en la cumbre de Salamanca
al frente de una recién creada Secretaría General Iberoamericana (SEGIB),
Iglesias se despidió oficialmente en la Cumbre de Panamá. Fue una cita emotiva por ser la última y fue
también una cita amarga.
Porque a la cumbre de su despedida, que era también la
de la renovación de estos encuentros, faltaron 12 de los 22 jefes de Estado,
dejando en evidencia la falta de interés que suscitan unos encuentros que él
defiende a capa y espada y cuya transformación y adaptación a los nuevos
tiempos ha impulsado desde la SEGIB.
Pero los que acudieron a Panamá mostraron su gran respeto y gran
admiración por Iglesias, de 83 años, al que reconocieron con grandes palabras y
un premio a su entrega a la región durante ocho años.
"Con su experiencia, conocimientos y
dotes políticas y diplomáticas, ha llevado a buen término el cometido que le
encomendaron los jefes de Estado en 2005", destacó el príncipe Felipe al
entregárselo el viernes, resaltando su "rigor y talla intelectual,
capacidad de trabajo, ejemplo, buen humor y pasión". De la XXIII Cumbre Iberoamericana no sale su
sucesor. La decisión se aplazó hasta finales de enero para que no opacara los
debates del encuentro. Hasta entonces, el uruguayo estará en funciones.


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