NUEVA YORK.- El próximo martes, los neoyorquinos
participarán en lo que en efecto será una coronación y no una elección. La
mayoría, en los cinco condados, votarán por quien las encuestas han vaticinado
será el próximo alcalde de la metrópolis. Se asume que el demócrata Bill de
Blasio será electo por un arrollador margen. Ni remota posibilidad le dan a su
rival republicano Joe Lhota. No tengo favorito. Mi regocijo es saber que el 31
de diciembre nos libramos de Michael Bloomberg.
Lo que sí me molesta es que se le haya hecho tan
fácil al casi desconocido y poco probado De Blasio. Parte de la culpa —además
de las encuestas— recae en la profesión que ejerzo. Los medios y los reporteros
políticos hemos contribuido al ensalzamiento de BDB.
Las elecciones no deben ser coronaciones. Las
primarias de este año sirven de ejemplo. Hubo una reñida batalla entre los que
buscaban la nominación demócrata y republicana. Hubo foros, debates e
intercambios entre todos los que aspiraban a sustituir al imponente exdemócrata
quien fue electo como republicano y terminó como independiente.
Debe ser que luego de 20 años de elegir a dos
candidatos republicanos a alcalde, la mayoría de demócratas ha decidido que es
hora de tener a uno de sus partidarios en la poltrona. No tengo problema con
eso. Lo que me preocupa es que sea tan fácil para un individuo que presume de
progresista, liberal y hasta de la izquierda. Sin embargo, BDB es similar a
Bill o Hillary Clinton. El presunto próximo alcalde se ha movido al centro más
rápido que Barack Obama.
Es por eso que les sugiero que al emitir su voto lo
hagan por cualquiera de los otros 13 candidatos que aparecen en la boleta
electoral.
Vaya y vote, pues esto no es una coronación.
Por
GERSON BORRERO/Edlp


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