NUEVA YORK.- Lanzar granadas, disparar con
ametralladoras y saltar muros con cuerdas no estaba en los planes de Karla
García cuando decidió estudiar sicología.
Sin embargo, cuando esta dominicana de 26 años
cursaba el tercer año en la universidad, la ayuda financiera disminuyó, y
decidió enlistarse en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para recibir
ayuda educativa.
"A mí siempre me gustó el Ejército, y por eso
no dudé en tomar esa opción", dijo la nativa de Puerto Plata. "Yo
entré en el Cuerpo de la Marina y pude terminar mi licenciatura mientras
servía", señaló.
García emigró a Nueva York en 1992 junto con sus
padres, y se enroló en los cuerpos armados en 2009.
Fue enviada a la base militar estadounidense en
Okinawa, en Japón, y en los dos años que estuvo allí conoció a su esposo, un
marino de ascendencia dominicana, con quien tiene una hija.
"Todos en el Cuerpo de la Marina éramos como
hermanos, nos apoyábamos unos a los otros", dijo García. "Si a
alguien le faltaba algo, uno estaba ahí para él. Era una hermandad que hasta
ahora no he podido encontrar en otra parte después de que salí".
Gracias a su educación, la veterana servía en el
área administrativa del Cuerpo de la Marina.
"Cuando los soldados eran desplegados hacia
diferentes áreas, yo era la encargada de que todos sus documentos estuvieran en
regla, por si algo les ocurría", dijo García. "Cuando un soldado
moría (en Afganistán o Irak) me encargaba de llenar los documentos para informar
a los familiares de la pérdida. Y si alguien era puesto en retiro, también me
encargaba de esa documentación".
García fue entrenada para combatir en la guerra y
aprendió a manejar todo tipo de armas.
"Todos los años recibimos una semana entera de
entrenamiento para calificar en el manejo del rifle M-16, que es uno de los que
más usa en combate el Ejército", explicó.
Aunque su contrato se vencía en cuatro años, García
se retiró del Cuerpo de la Marina a los tres años y once meses, porque salió
embarazada de su hija y le dieron los beneficios del embarazo.
Ya toda una profesional de la sicología, hoy día
trabaja en la organización Easter Seals, en Nueva York, como manejadora de
casos de veteranos desamparados, a los cuales ayuda a conseguir vivienda y empleo.
El consejo que García les da a los jóvenes es que si
se enrolan en las Fuerzas Armadas debe ser por vocación.
"Deben estar conscientes de dónde se van a
meter, porque si los llaman para la guerra tienen que ir", dijo García.
"Yo siempre quise que me mandaran a la guerra, pero como desempeñaba un
trabajo tan esencial, nunca me mandaron".
Por
JOSÉ ACOSTA/Edlp


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