WASHINGTON.- Thomas Whalen, profesor de Ciencias Sociales en la
Universidad de Boston, le ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar la
vida y obra John F. Kennedy. Lleva 6 libros escritos sobre el tema y el último,
con motivo del 50 aniversario de su asesinato, lo dedica a los temibles
enemigos que se ganó el expresidente en su breve paso por la Casa Blanca.
Según Whalen, aunque muchos de ellos quizá habrían
deseado apretar el gatillo, la muerte de Kennedy fue la obra solitaria de un
hombre con serios problemas sicológicos. El TIEMPO lo entrevistó.
¿Por qué escribir un libro dedicado únicamente a los
enemigos de Kennedy?
Kennedy, a diferencia de los políticos de la era,
amasó muchos e interesantes enemigos, que en cierto sentido permiten realizar
una biografía a partir de ellos. Por ejemplo, su confrontación en 1963 con el
gobernador de Alabama, George Wallace, sobre los derechos civiles, que fue un
tema central en las políticas de Kennedy. O la que existió con Nikita
Khrushchev sobre la crisis de los misiles con Cuba, que permite examinar las
relaciones Este-Oeste durante la Guerra Fría. Su batalla con Richard Nixon por
la presidencia en 1960 que da una idea del estado de la política doméstica en
EE.UU. de la época y la disputa entre progresistas y conservadores fue una
manera de organizar su vida y sus logros o desafíos a través de los ojos de sus
enemigos. Como se dice popularmente, se puede juzgar a una persona por la
calidad de los enemigos que posee.
En otras palabras, según usted, la vida política de
Kennedy la definieron sus rivalidades
Correcto. Si Kennedy hubiese sido un político
intrascendente no habría amasado este tipo de enemigos. Fue una figura tan
relevante en la historia por las posturas que asumió. No complació a muchos,
pero tuvo el coraje de hacerlo.
Sorprende que Kennedy tuviera tantos rivales pese a
lo corta que fue su presidencia (solo dos años y medio)
Kennedy diseñó su presidencia bajo el modelo de
Franklin Delano Roosevelt. Quería ser un gran presidente y tenía sus ojos en la
historia y cómo sería recordado. Quería realizar grandes cosas y por eso se le
midió a grandes desafíos. Y en el proceso pisó algunos callos.
Pero fue más que algunos callos. En su libro usted
describe el intenso odio que despertaba entre algunos…
La gente detesta el cambio y Kennedy era un político
del cambio. Fue el primer presidente después de Lincoln que puso todo el peso
de su poder en la defensa de los derechos civiles de los afroamericanos. Y ese
era un tema muy polémico especialmente en el sur conservador, que se había
revelado contra el norte durante la Guerra Civil por este mismo tema. Kennedy
creía que había llegado el momento de reconocer a los afroamericanos como
verdaderos iguales a nivel político y legal. Al hacerlo puso en riesgo su
reelección de 1964 pues en esa época el sur era la base del Partido Demócrata,
su propio partido. Pero él sentía que era un tema por el que había que
jugársela.
Llama la atención que Kennedy, pese a todas esas
rivalidades, termine siendo uno de los presidentes más queridos de EE.UU.
Si Kennedy estuviera aquí hoy diría que el tiempo le
dio la razón. La gente ha llegado a comprender que Kennedy hizo lo correcto
aunque en el momento sus decisiones fueran controvertidas.
¿Cree que alguno de esos enemigos fue quien ordenó
su asesinato?
Nada de lo que he visto en mis años de investigación
sugiere que existió una conspiración. Sin duda muchos habrían deseado ser los
autores (risas) pero creo que Lee Harvey Oswald actuó en solitario. El fondo de
todo fue una falla masiva del FBI.
Oswald no debió estar ni a una milla de
distancia de Kennedy pero se les escurrió al FBI. Hubo una investigación en los
años 70 sobre el rol de las agencias de inteligencia durante el asesinato y en
ella se revelaron varios documentos. Entre ellos reportes del FBI escritos por
el propio J. Edgar Hoover (su director) en donde el reconoce en privado que el
FBI fue responsable por incompetencia.
Disciplinó a más de 50 agentes por la manera como
manejaron la seguridad. Oswald era una persona de alto riesgo, un desertor de las
USSRR que regresó con esposa rusa y debía haber estado bajo vigilancia. Pero ni
siquiera estaba en las listas de monitoreo. El FBI no le informó al Servicio
Secreto (encargado de la protección de Kennedy) sobre estos riesgos. En
circunstancias normales habría sido detenido durante el viaje de Kennedy a
Dallas. Un par de semanas antes del asesinato entró a las oficinas de locales
del FBI en Dallas y dejó una nota amenazando con poner una bomba porque estaban
acosando a su esposa. Pero se rieron de eso y lo archivaron. El FBI dijo en su
momento que pensaban que era un tipo raro pero no una amenaza. Hoover trató de
encubrir los errores del FBI. La agencia era su vida, su don más preciado y la
defendió a toda costa. Pero en el proceso sembró las dudas que terminaron
alimentando las teorías de la conspiración.
¿Qué valor le da entonces a las conclusiones de una
Comisión del Congreso que a mediados de los 70 concluyó que había existido una
conspiración?
Parte de eso tuvo que ver con las mentiras de Hoover
y parte con un audio en el que se escucha lo que parece ser un disparo desde
una zona diferente de la que usó Oswald para disparar. Eso indicaba la
presencia de un segundo atacante. Pero varios estudios científicos han
demostrado con toda certeza que ese sonido no fue el de un arma.
¿Por qué entonces, 50 años después, el 75 por ciento
de los estadounidenses aún cree que Kennedy fue víctima de una conspiración?
En parte porque Hoover trató de controlar la
investigación para proteger al FBI y eso creó vacíos que fueron llenados por
estas teorías. La otra razón es que Jack Ruby mató a Oswald, lo cual despertó
aún más sospechas. Pero para mí ese es un asunto diferente. Ruby, como Oswald,
estaba ansioso de protagonismo, quería ser recordado y por eso lo mató. De no haber
pasado, nadie estaría hablando de conspiraciones y Oswald se estaría pudriendo
en la cárcel.
Pero el gobierno también ha contribuido. Aún hoy, 5
décadas después, se niega a revelar todos los documentos que existen sobre el
asesinato y eso genera suspicacias…
Creo que la extrema reserva que se ha tenido tiene
más que ver con las cosas que pasaron durante la presidencia de Kennedy que con
material que ayude a explicar su muerte. En esa época la CIA, con la bendición
de Kennedy, adelantaba planes para asesinar a líderes de otros países, entre
ellos a Fidel Castro en Cuba, a Trujillo en República Dominicana. Y se
establecieron relaciones con la mafia para lograrlo. Son secretos embarazosos
que nadie quiere que vean la luz. Hay también una tendencia natural a
desconfiar de todo lo que diga el gobierno.
¿Cree que algún día se resolverá el misterio sobre
su asesinato?
No lo creo. Aún hoy se debate sobre si Franklin
Roosevelt fue quien permitió el bombardeo a Pearl Harbor para poder entrar a la
guerra. Todavía hay preguntas sobre el asesinato de Franz Ferdinand (que desató
la primera Guerra Mundial), o hasta la muerte de Julio Cesar. Hay preguntas en
las historia que nunca reciben una respuesta definitiva y esta será una de
ellas.
Kennedy, al menos en lo personal, fue un presidente
plagado de fallas. ¿Por qué entonces la fascinación de los estadounidenses?
Kennedy fue un individuo muy complejo que se movía
entre santo y demonio. Tenía una personalidad muy carismática y le llegaba a
gente de todos los espectros políticos. Cuando viajaba al extranjero su
presencia atraía masas. Más que nada, Kennedy se ha convertido en un símbolo y
la gente ha escogido recordar lo bueno y olvidar sus pecados.
Ahora que habla de su personalidad carismática y
cómo movía a masas me ha hecho pensar en el Obama que llegó a la Casa Blanca en
el 2008, pero hoy no es ni la sombra.
¿Cuál es la diferencia?
Eso es cierto pero la diferencia está en que cuando
Kennedy murió aún vivía su luna de miel con el electorado y solo llevaba 2 años
y medio en la Oficina Oval. De haber continuado quizá la historia sería otra.
Obama está ya en su segundo período y eso genera un gran desgaste.
Por
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal
de EL TIEMPO
Washington

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