Al parecer la persona más ruda siempre es capaz de
mostrar un grado de ternura y al menos mamá siempre se preocupará por su
retoño, como está sucediendo con el grandulón de 6'5" de estatura y 290
libras de los Texans de Houston en el football de la NFL, J.J. Watt.
Resulta que el jugador defensivo sufrió una herida
en un partido de septiembre por el que ahora muestra una cicatriz en el puente
de su nariz, y su madre ha insistido que se opere mientras Watt se ha empeñado
en mantenerse activo en el campo.
Y en más de una ocasión, posterior a la lesión, Watt
ha sufrido lastimaduras en la misma lesión, por lo que su imagen con la nariz
ensangrentada se ha vuelto viral a través de los medios noticiosos. Para Watt
la temporada muerta comenzará tan pronto como el próximo lunes y según dijo a
reporteros de medios estadounidenses, considera realizarse una cirujía plástica
a insistencias de su madre, a quien obviamente no le agrada la cicatriz.
“Ella la odia”, dijo Watt.
Pero más allá de la cicatriz y los ruegos de su
madre, la lesión de Watt ha levantado el debate sobre las reglas respecto a la
sangre, que muchos deportes colegiales y a nivel profesional han implementado y
que obliga a que un atleta que sufra una herida con sangrado, sea removido del
terreno de juego mientras se controla el sangrado.
Los analistas creen que la NFL se verá obligada
pronto a adoptar esta medida a raíz de la situación de Watt, quien ha sido
aplaudido por su valentía al seguir jugando el rudo deporte con todo y rostro
ensangrentado.
Pero en un lado más enternecedor del corpulento
jugador, el Business Insider destacó el lado humanitario del atleta, al
presentar un vídeo en que Watt aparece relacionándose con los hermanos Berry,
tres niños que quedaron huérfanos repentinamente en 2011.


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