Egipto abre la tercera causa contra Mursi por fugarse de la cárcel durante la revolución de 2011
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EL CAIRO.- En menos de una semana el derrocado
Mohamed Mursi ha multiplicado sus procesos judiciales pendientes. La Fiscalía
General ha anunciado este sábado la tercera causa contra el islamista por el
asesinato de policías y el asalto y huida de la cárcel de Wadi Natrum, en el
norte del país, durante los primeros días de las revueltas que forzaron la
salida de Hosni Mubarak en 2011. Otras 129 personas compartirán banquillo con
el ex mandatario.
El caso, desempolvado a finales del pasado junio por
una corte de la ciudad de Ismailia, basa sus pruebas en la fuga de reclusos que
tuvo lugar en esta prisión en enero de 2011. Entre los fugados, figuraba el ex
presidente, que había sido detenido al inicio de las protestas por
"intento de derrocar el régimen". Según la fiscalía, miembros de la
Hermandad cooperaron con camaradas de los movimientos palestino Hamás y libanés
Hizbulá y beduinos de la península del Sinaí para asaltar las prisiones y
liberar a sus miembros encarcelados.
El complot -señala la tesis del Ministerio Público-
comenzó a urdirse el 25 de enero de 2011, coincidiendo con la primera jornada
de manifestaciones. Entonces varios ataques a agentes de la policía en el Sinaí
sirvieron para que militantes extranjeros accedieran a Egipto a través de los
túneles con Gaza.
El golpe definitivo tuvo lugar el 29 de enero, con
el asalto a varias cárceles egipcias para liberar a sus presos. Una de las
principales acciones sucedió en el penal de Wadi el Natrum, situado en el
desierto, entre El Cairo y Alejandría. Según los testigos, los atacantes
irrumpieron en el complejo penitenciario con ametralladoras y maquinaria pesada
para derribar muros y puertas. Un total de 11.171 presos fueron liberados.
Entre ellos, Mursi y los dirigentes de la Hermandad Esam el Erian, Sobhi Saleh
y Saad Katatni, actual presidente de su brazo político La Libertad y la
Justicia.
La causa ha sido enviada este sábado al Tribunal
Penal de la capital, que debe fijar una fecha para el comienzo del juicio.
Mursi afronta otras dos causas. El ex presidente, encarcelado en una prisión
cercana a Alejandría, inauguró el pasado 4 de noviembre el primero de sus
juicios por instigar la muerte de manifestantes durante los choques que sus
partidarios y detractores protagonizaron el 5 de diciembre de 2012 a las
puertas del palacio presidencial de Ittihadiya. El proceso se reanudará el
próximo 8 de enero.
Además, el pasado miércoles la Fiscalía General
abrió un segundo juicio contra Mursi y otros 35 dirigentes islamistas por
conspirar con Hamas y Hizbulá para "cometer actos terroristas en el país,
divulgar secretos de estado a países extranjeros y financiar el entrenamiento
de terroristas para alcanzar los objetivos de la organización internacional de
la Hermandad".
En concreto, la justicia acusa a la cofradía de
diseñar un "plan terrorista" junto a Hamas y Hizbulá. El complot, que
habría sido pergeñado en 2005, consistiría en enviar a militantes a la franja
palestina de Gaza para recibir entrenamiento militar por parte de Hizbulá y la
Guardia Revolucionaria iraní. Una vez formado, el pelotón se uniría a los
grupos "yihadistas" que operan en la península del Sinaí en busca del
establecimiento del "califato islámico".
La fiscalía -que calificó el juicio como "la
mayor conspiración de la historia del país"- también señala a la
Hermandad, un verdadero poder fáctico del país con una amplia red de caridad y
85 años de historia, como responsable de explotar el caos que sucedió al
levantamiento popular contra Mubarak y llevar a cabo ataques contra las fuerzas
de seguridad en el norte del Sinaí, en la frontera con Gaza e Israel. En un
comunicado, la cofradía tildó las acusaciones de espionaje de
"irrisorias" e "intento desesperado y descarado" de
"legitimar el golpe ilegal" del pasado 3 de julio.
Desde la asonada, las autoridades egipcias han
lanzado una dura campaña de represión contra Hermanos Musulmanes y aliados, a
los que acusan de promover el terrorismo y propagar el caos. Cientos de
seguidores del ex presidente han muerto y miles -entre ellos, el núcleo duro de
la cofradía- han sido detenidos. La agrupación, con una amplia red de caridad,
ha sido ilegalizada. Una docena de organizaciones de derechos humanos locales
han reclamado una investigación imparcial del desalojo de las acampadas
islamistas de Rabea al Adauiya y Nahda que se cobró cientos de vidas en agosto.
Por
FRANCISCO CARRIÓN/El Mundo

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