Después de Kiritimati ha sido el turno de Nueva
Zelanda. Una gran espectáculo de fuegos artificiales iluminó el cielo nocturno
desde la torre más alta de Wellington, capital de la isla.
Sidney también el cielo austral con un espectáculo
de efectos pirotécnicos. Por primera vez desde hace 10 años, la ópera de Sidney
fue la sede del lanzamiento de toneladas de pólvora que inundaron de colores el
cielo de la ciudad a partir de las 21 horario local (las 10 GMT).
Casi dos millones de personas presenciaron el
espectáculo, que costó seis millones de dólares australianos (5,3 millones de
dólares estadounidenses), según su alcalde Clover Moore. Es el precio "de
la fiesta de Año Nuevo más bonita del mundo, en el puerto más bonito del
mundo", destacó el jefe comunal.
Entre los asistentes hubo, como era de esperar,
miles de turistas que pugnaron por situarse entre las primeras filas.
"Hemos conseguido las últimas plazas en primera fila, hemos tenido suerte",
explicó Lena Winkels, que viajó desde Alemania con su amiga Nine Doerr.

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