Cuba festeja este primero de enero los primeros 55 años de su revolución, con mucho por hacer
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LA HABANA.- Este 1 de enero Cuba festeja los
primeros 55 años de su revolución. Sus autoridades y gran parte de su población
están convencidas de que habrá otros 55 años de socialismo. Y que luego habrá
más. También saben que hay mucho por hacer y cambiar.
Los cubanos son originales. Mientras en gran parte
del mundo se festeja el Año Nuevo el 1 de enero, ellos celebran el aniversario
de su revolución contra la tiranía de Fulgencio Batista. Fue en las primeras
horas de 1959, por eso se cumplen 55 años de esa epopeya que dejó un saldo
también insólito: única revolución socialista en el Hemisferio Occidental.
Los clásicos del marxismo habían ideado otros
escenarios para los trabajadores. Pensaron que el socialismo irrumpiría en
París, Londres, Berlín, etc, con una buena base industrial, tecnológica y
proletaria. Pero el socialismo echó raíces en las atrasadas San Petersburgo y Moscú,
en soledad por veintiocho años. Luego se reprodujo en las democracias populares
del este europeo y la semifeudal China.
Y esa característica se repitió en la victoria “poco
probable” de Fidel Castro y sus barbudos que bajaron de Sierra Maestra el 1° de
enero a Santiago de Cuba y unos días más tarde arribaron a La Habana.
¿Socialismo en una isla con poca industria, rodeada del Caribe, a 90 millas de
la mayor potencia militar de la historia, con rebeldes que venían de ser
masacrados en 1953 tras intentar asaltar el Cuartel Moncada? Y sí. Allí fue el
epicentro de esa revolución socialista del siglo XX. Otra vez la historia
desairó los pronósticos de quienes habrían apostado por el numeroso
proletariado paulista o bonaerense, o por el campesinado mexicano o colombiano,
muy combativos.
¿Podía ser el último país en independizarse de
España, el primero en andar la vía del socialismo? Sí, pudo. Entre otras cosas
porque esa ruptura con el colonialismo español, aunque luchada con heroísmo, no
llegó a materializarse por la intervención yanqui. Una de las mayores
semicolonias -en eso se convirtió la isla a partir de la Enmienda Platt de
1902- perfectamente podía ser el eslabón débil que se rompiera antes que otras.
Factor
subjetivo
Los norteamericanos eran dueños de todo, desde los
ingenios y las plantaciones hasta los hoteles y las empresas de
telecomunicaciones y eléctricas; desde una república con minúscula hasta la
base de Guantánamo; desde los prostíbulos hasta su Ejército golpista. Eso era
caldo de cultivo para que en algún momento ardiera como un cañaveral.
Pero además estaba el factor subjetivo, el de la
conciencia, que se conserva a pesar de las derrotas y sobre todo cuando éstas
son muy honrosas como la del Moncada o la sufrida por el apóstol José Martí o
antes, cuando la primera guerra por la independencia, con Carlos M. de
Céspedes.
Con ese sedimento patriótico y revolucionario, hay
luchas que parecen que no se pueden ganar y sin embargo se ganan, si acompañan
determinados factores. No es casual que la revolución cubana pudiera triunfar
en 1949: ya existía el campo socialista, había habido una Segunda Guerra
Mundial, estaba en marcha la descolonización, etc. Sin ese marco las cosas
habrían mucho más difíciles, por no decir imposible, sobre todo para la continuidad
de la revolución.
La revolución contó con Martí como autor
intelectual, como lo llamó Fidel Castro en su Alegato “La historia me
absolverá” (16 de octubre de 1953).
Pero el discípulo no se quedó atrás como talentoso
dirigente político y militar que trepó a Sierra Maestra curtido por sus lides
estudiantiles en la Universidad de La Habana, su entrenamiento en 1947 en Cayo
Confites para una fuerza que pretendía liberar a República Dominicana de la
tiranía de Trujillo, su participación en grupos armados en el Bogotazo tras el
asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la dirección al asalto al Cuartel Moncada.
Esos líderes son excepcionales; ellos solos valen
tanto o más como varias divisiones de ejércitos. Cuba lo tuvo. Y a diferencia
de Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), que murió en 1924, a sólo siete años de la
insurrección bolchevique, el comandante en jefe nacido en Birán todavía sigue
en las lides políticas y culturales. Tiene 87 años y superó 634 intentos de
asesinatos de la CIA y los terroristas de la mafia de Miami. Es el “Guerrillero
del tiempo”, como se titula el excelente libro de la cubana Katiuska Blanco, de
imprescindible consulta para conocer a uno de los mayores personajes del siglo
pasado y el actual.
El
haber
Al soplar 55 velitas el pueblo cubano y su gobierno
harán su propio balance, mucho más correcto que el que pueda hacerse aquí.
Haber sobrevivido más de medio siglo a tan pocas
millas de La Florida y con la parafernalia bélica que cubre esa distancia en
minutos, es un logro excepcional. A la revolución no la pudieron derrocar
invasiones como la de Bahía de Cochinos (1961), el bloqueo total desde 1962,
atentados terroristas, campañas de mentiras, sanciones en la OEA ni la siembra
del dengue hemorrágico. Ni pudieron ni la asfixia económica de afuera ni la
raquítica quintacolumna de adentro, que se maquilla como “disidente” y cobra en
dólares en la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA).
En cambio, la URSS implosionó, víctima de Yeltsin y
Gorbachov que la liquidaron, seducidos por las promesas y el dinero de Reagan,
Thatcher y el Vaticano.
Hoy la mortalidad infantil en Cuba es del 4,2 por
mil nacidos vivos y la mortalidad materna de 21 cada cien mil partos: el
socialismo lo hizo. En tiempos de Batista otros eran los registros.
Las condiciones de vida han mejorado y la
expectativa de vida es de 77,9 años. Tanta mejoría no deja de tener su doble
aspecto. El viceministro del Consejo de Ministros, Marino Muriño, dijo en la
reciente Asamblea Nacional que el envejecimiento “es uno de los problemas más serios
que enfrentamos”.
Cuba
no es angurrienta
El 16 de diciembre pasado se agasajó en el Salón
Azul del Congreso a los jóvenes argentinos recibidos de médicos y otras
profesiones en Cuba en 2012 y 2013. Se aplaudió a 445 médicos, 8 licenciados en
educación física, un ingeniero civil, un licenciado en física y matemáticas y
un ingeniero en biomedicina. Todos fueron becados por la isla y son jóvenes de
origen humilde, y volvieron profesionales por la bondad del socialismo cubano.
¿Cómo no festejar sus 55 años en Argentina?
Los
cambios
¿Acaso ese socialismo permaneció igual en estas más
de cinco décadas? Por supuesto que no. Nunca fue “copia ni calco” del que había
triunfado en Petrogrado y Beijing, aunque a veces le costó ser “creación
heroica”, como pedía el peruano Carlos Mariátegui.Claro que cambió muchas cosas
la revolución cubana, como si se inspirara en la letra de “Todo cambia” que
cantaba Mercedes Sosa.
A las camadas de revolucionarios más antiguos
posiblemente les cueste entender algunas de esas transformaciones. Incluso si
Ernesto Che Guevara hubiera revivido y asistido a la mencionada sesión de la
Asamblea Nacional, le habrían resultado extrañas ciertas políticas detalladas
por las ministras de Economía y de Finanzas, al comentar el Presupuesto 2014.
¿Cómo es que ahora se cobran impuestos sobre las utilidades, la utilización de
fuerza de trabajo y los ingresos personales?
Posiblemente también al argentino-cubano le llamaran
la atención de los Lineamientos Económicos y Sociales (1911) uno que plantea
crear empresas cubanas en el exterior y otro que fomenta la inversión
extranjera en Cuba. Más aún, en marzo próximo está prevista una ampliación de
la ley de inversiones extranjeras, interesada como está la dirección del país
para llevar adelante la Zona Especial de Desarrollo Mariel, como central
marítima-comercial abierta a inversiones extranjeras, sobre todo chinas, rusas
y brasileñas.
El presidente precisó en su mensaje a la Asamblea
que el objetivo es “mejorar el funcionamiento de la economía y la edificación
de un socialismo próspero y sostenible, menos igualitario y más justo, lo que
en definitiva propiciará mayores beneficios a todos los cubanos”. ¿Socialismo
próspero? Sí. ¿O hay que identificar a ese sistema con la pobreza? En eso sí se
puede apoyar Raúl Castro en los clásicos, que proyectaban saltar “del reino de
la necesidad al reino de la libertad”.
Nadie piense que las cosas están perfectas en Cuba.
El PBI fue planeado en 2013 para aumentar 3,6 por ciento y sólo creció el 2,7;
y para 2014 fue previsto en 2,2. Junto con esas limitaciones materiales está el
costado social preocupante, de indisciplina laboral, desorden, ilícitos,
fenómenos de corrupción en funcionarios y puntos de vista de enriquecerse a
cualquier costo, en algunos sectores de la juventud que no trabajan en los rubros
para los que estudió.
Este 1 de enero en el Parque Céspedes de Santiago y
en las otras ciudades la parte más movilizada del pueblo festejará los 55 años
de una revolución auténtica y que necesita seguir profundizándose. En este
punto de su desarrollo su peligro no es la Zona de Mariel ni las cooperativas
ni el cuentapropismo. Paradojalmente su meta clave es “el establecimiento y
preservación de un clima de orden, disciplina y exigencia”, como planteó el
presidente en su último mensaje. ¿No es que una revolución es la ruptura del
orden social? Sí, rompe el orden terrateniente-burgués-semicolonial, pero busca
un orden superior, ese que aún falta completar en la isla de la dignidad.


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