Avance histórico hacia la vida artificial: fabrican un cromosoma sintético en una célula de levadura
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MADRID (27 Marzo 2014).- Todo comenzó escuchando una
conferencia que pasó sin pena ni gloria para Jef Boeke. El ponente era el
investigador de la Universidad de Stanford Ronald Davis, reconocido por sus
colegas como un visionario científico. Pero sus palabras sobre la posibilidad
de crear una levadura cuyo genoma estuviese fabricado por completo en un
laboratorio a partir de las moléculas químicas básicas del ADN compradas en
botes de plástico no estimuló en absoluto a Boeke. Fue dos años más tarde, en
2006, cuando una conversación de cafetería con el experto en modificación de
ADN Srinivasan Chandrasegaran en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore
(EEUU) cambió las cosas para Jef Boeke. Y ahora también las ha cambiado para la
historia de la Biología.
Boeke, que acaba de cambiar su puesto en la Johns
Hopkins por la dirección del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva
York, y Chandrasegaran acaban de crear el primer cromosoma complejo fabricado
desde cero en el laboratorio y han demostrado que cumple las mismas funciones
que uno natural y que no interfiere en la vida normal de la levadura del pan ('Saccharomyces
cerevisae') que usaron como modelo. El trabajo, recién publicado en la revista
'Science', supone un hito científico que ha sido comparado por los expertos con
la secuenciación del genoma humano y que abre la puerta al diseño de
microorganismos capaces de producir biocombustibles, vacunas o muchos de los
compuestos usados por la industria química.
Pero en realidad supone un salto conceptual que va
mucho más allá. La genómica actual, incluida la sintética avanzada por
científicos como el padre del genoma humano y autor del primer genoma
artificial de una bacteria, Craig Venter, o por el polémico y genial
investigador de Harvard George Church, se ha basado hasta la fecha en obtener
copias artificiales de lo que la naturaleza ha producido tras millones de años
de evolución. Sin embargo, al margen de la complejidad del mero hecho de
fabricar el cromosoma de un organismo eucariótico -cuyas células poseen un
núcleo donde albergan el ADN ordenado en cromosomas complejos-, la gran
aportación de Jef Boeke es precisamente que 'su' cromosoma difiere en gran
medida de lo que la Selección Natural ha tallado durante milenios.
Genes
'saltarines'
«Nuestro genoma está diseñado en gran medida por
ingenieros genéticos. Le hemos introducido miles y miles de cambios, así que es
muy diferente del cromosoma natural», explica Jef Boeke a EL MUNDO. «Lo que se
ha hecho hasta ahora en Instituto Venter está muy enfocado a reconstruir una
réplica casi exacta de lo que ocurre en la naturaleza. Y eso es muy diferente
de lo que hemos logrado nosotros», asegura el investigador.
Desde el punto de vista de la teoría científica,
este logro aporta una potentísima nueva herramienta para ahondar en la Biología
más básica. Para Boeke, va a permitir aprender "cómo los genes interactúan
entre sí y como trabajan juntos para hacer que la Biología ocurra. Esa es la
principal razón por la que yo estoy haciendo esto", asegura el autor. La
segunda gran aportación son las aplicaciones prácticas. "En un mundo en
transición desde la economía del petróleo a una 'economía Bio' vamos a
necesitar la ayuda de la biotecnología para fabricar muchos productos que hoy
en día obtenemos del petróleo. Creo que la levadura va jugar un papel muy
importante en este campo y poder codificar la información que queramos es una
manera muy eficiente de mejorar las propiedades de una levadura
específica", vislumbra Boeke.
Los resultados que acaba de publicar el equipo
liderado por Boeke y Chandrasegaran son el primer paso de un gran proyecto
internacional para fabricar los 16 cromosomas que posee la levadura
'Saccharomyces cerevisae', el microorganismo que se utiliza en la elaboración
de productos como el pan, la cerveza o el vino. En concreto, utilizaron como
modelo el cromosoma 3, uno de los más pequeños con más de 316.000 pares de
bases, la unidad básica del ADN. Pero, después de pasar por la factoría de
genomas de Boeke, el nuevo fragmento genético ni siquiera llegaba a las 274.000
pares de bases.
"Hemos introducido una larga lista de
cambios", dice Boeke. "Hemos eliminado una gran cantidad de ADN que
creíamos que no era esencial para la levadura. Son secuencias repetitivas que
algunos científicos llaman genes saltarines o ADN móvil, que no afectan a la
actividad genética ni a la viabilidad de la levadura". De hecho, estas
secuencias llamadas repetidas lo son precisamente debido a la acción de estos
llamados genes saltarines ('jumping gene segments', en inglés). Estos arrastran
parte de la cadena de ADN que hay junto a ellos y tras saltar de un sitio a
otro del genoma a lo largo de miles de años de evolución terminan por producir
secuencias redundantes que no codifican información genética alguna y que
pueden ocupar regiones muy extensas en el ADN de algunos organismos.
Un
equipo con 50 estudiantes
Según cuentan los propios autores, además han
insertado pequeñas secuencias de ADN en sitios clave que les permiten
transformar el cromosoma original de la levadura añadiendo un determinado
compuesto químico. "Podemos generar miles y quizá millones de cromosomas
derivados del natural cada uno con diferentes propiedades y diferentes
estructuras", dice el autor principal. "En mi opinión esto es lo más
interesante que hemos logrado en este trabajo". De una forma sencilla,
esto permite a los científicos encender y apagar determinadas variantes de la
levadura en función de lo que deseen en cada momento de una investigación o de
una aplicación industrial.
Resulta paradójico pensar que uno de los mayores
avances de la historia reciente de la Biología haya sido posible gracias al
trabajo de casi 50 estudiantes. Pero esa fue la única manera que encontró a su
alcance Jef Boeke para lograr construir de la nada cada uno de los pequeños
fragmentos iniciales de apenas 750 pares de bases que sirvieron de primer paso
para fabricar el primer cromosoma complejo artificial de la historia.
Tras un "periodo oscuro" en el que Boeke
encargó ese trabajo a una compañía privada que terminó por crispar los nervios
del investigador debido a los constantes retrasos en los plazos de entrega, el
ahora director del Langone Medical Center transformó "toda esa tensión en
inspiración", según cuenta. Decidió crear un curso de verano en la
Universidad Johns Hopkins donde trabajaba entonces bajo el título 'Construye un
genoma'. El proyecto fue creciendo y en cerca de siete años de entrega de cerca
de 60 aún estudiantes de Biología que pasaron en el laboratorio incluso las
noches del viernes la secuencia estaba completa y, tras la aportación de los
científicos senior, el cromosoma estaba ya fabricado y funcionando en una
célula de levadura real. Tal y como vislumbraba en 2004 el visionario Ronald
Davis.
Por
MIGUEL G. CORRAL/El Mundo


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