BUENOS AIRES,
(17 Marzo 2014).- La política argentina depara extrañas alianzas,
traiciones, reconciliaciones, borrones y cuentas nuevas. Pero pocas veces se
verá un giro más rotundo que el que imprimió la presidenta, Cristina Fernández,
a su relación con Jorge Bergoglio después de que este se convirtiera en el papa
Francisco. Allá donde solo se respiraba distanciamiento y frialdad hoy campea
una relación de afecto. Fernández telefoneó la semana pasada a Francisco para
felicitarle por su primer aniversario en el Vaticano y el Papa la invitó a un
almuerzo en la residencia de Santa Marta, aprovechando que Fernández debía
viajar el miércoles a París, donde se entrevistará con el presidente François
Hollande.
Fernández acudió a la cita con una bota ortopédica
en su pierna izquierda, tras sufrir la noche anterior un “mal movimiento” que
derivó en esguince. La presidenta le regaló al Papa una foto de un joven Jorge
Bergoglio junto a otro cura argentino en una villa, un termo decorado con
imágenes del bicentenario de la independencia argentina, un libro con la imagen
del presidente Néstor Kirchner (2003-2007) en la cubierta y un cuadro de Santa
Rosa de Lima pintado con un vino malbec argentino. Y el pontífice repartió
rosarios entre toda la delegación argentina. Fernández y Franscico almorzaron a
solas, charlaron durante dos horas y media, hasta las cuatro de la tarde, y no
trascendió una sola palabra sobre el contenido de la conversación.
El domingo, el ministro de Exteriores, Héctor
Timerman, había declarado: “Tenemos una cercanía muy grande con el Papa. Y el
Papa tiene una cercanía muy grande con el pueblo argentino y con la presidenta
en especial”. Esas palabras contrastan con la fría carta de felicitación con que
Fernández acogió el nombramiento del Papa hace un año. Es como si en vez de un
año hubieran pasado cien. Aquel jueves 13 de marzo de 2013, Fernández se limitó
a expresarle al nuevo Papa su “consideración y respeto”. La presidenta y su
esposo, Néstor Kirchner, dejaron de acudir desde 2006 a los Tedéum que oficiaba
Jorge Bergoglio en la Catedral de Buenos Aires cada 25 de mayo. Aquel año,
Bergoglio pronunció una severa homilía en la que afirmó que que el poder “nace
de la confianza, no de la manipulación, el amedrentamiento o la
prepotencia",
La relación era tan distante que el día en que
nombraron Papa a Bergoglio, Fernández pronunció un discurso y sólo al final de
los 18 minutos que duró se refirió al nuevo Pontífice. Había cientos de jóvenes
militantes kirchneristas escuchándola. Fernández tuvo que recurrir entonces a
la vieja táctica retórica de repetir varias veces la misma frase para acallar
disimuladamente los silbidos con que sus seguidores recibían el nombramiento
del Papa. Las palabras exactas fueron éstas: “Por primera vez en la historia de
la Iglesia, en los 2.000 años de historia de la Iglesia, va a haber un Papa
(silbidos) que pertenece a Latinoamérica…Y que le deseamos (silbidos)… Y que le
deseamos (silbidos)… Y que le deseamos… (silbidos). Y que le deseamos… de
corazón (silbidos)… Que le deseamos de corazón (silbidos) a Francisco I que
pueda lograr mayor grado de confraternidad entre los pueblos, entre las
religiones”.
Fernández terminó aquel discurso sin mencionar el
nombre de Bergoglio y sin decir que es argentino. Pero tardó muy poco tiempo en
darse cuenta de que Francisco era mucho más influyente y popular que Bergoglio.
Así que cuatro días después, el lunes 18 de marzo de 2013, acudió a la
residencia de Santa Marta y ya pudo hacerse la primera foto junto al nuevo
Papa. La siguiente sería en julio, durante el viaje de Francisco a Brasil. El
Papa le regaló entonces unos zapatitos para su nieto Néstor Iván. Desde
entonces, cada vez que recibe a un dirigente argentina de lo oposición siempre
suele repetir el mismo mensaje: “Cuiden a Cristina”.
La prensa local ha especulado sobre los posibles
temas que puede tratar la presidenta con el Papa. Uno de ellos es la posible
intercesión de Francisco ante el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para
que le eche una mano al Gobierno argentino en su batalla judicial en Estados
Unidos contra los fondos que no aceptaron una quita de la deuda argentina y
exigen cobrarla en su totalidad. Lo cierto es que nada ha transcendido de forma
oficial y que el beneficio más claro y directo para Fernández puede ser la foto
en sí misma con un hombre que bate récords de popularidad en Argentina, con un
93% de aceptación.
A diferencia de Cristina Fernández, el director del
diario argentino Página 12, Horacio Verbitsky, ha mantenido a los largo de este
último año, la misma postura crítica respecto a Bergoglio. En un artículo del
domingo titulado Y que cumplas muchos más, Verbitsky cita a Eduardo De la
Serna, coordinador del Grupo Carlos Mugica de Sacerdotes en Opción por los
Pobres: “De la Serna encomia los gestos de sencillez de Francisco porque ‘los
pobres los entienden y se identifican’. (…) En cuanto a sus acciones, las más
profundas y serias requieren seguramente más que un año ‘pero hasta ahora no
hizo nada. No hubo cambios fundamentales en la curia vaticana’. Para De la
Serna, lo más importante sería una profunda reforma del papado”.
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