NUEVA YORK (18 Marzo 2014).- Creció entre tiroteos,
muertes y tráfico de droga. A los 12 años, robaba para comprar la marihuana que
consumía. Durante años no le importaba morir o asesinar, todo en nombre de la
pandilla.
Es la historia de Martínez (20), un inmigrante
mexicano exmiembro de la desintegrada ganga Saint James Boys, cuyo territorio
se extendió en el vecindario de Bedford Park, en El Bronx, entre las calles 183
y 192. El nombre de la pandilla —que alcanzó más del centenar de miembros—
parece poco temerario, pero no sus acciones.
"La violencia fue todo lo que conocí. En las
calles a nadie le importa si eres morro (niño). Si tienes dinero te dan la
droga", dijo Martínez, cuyos tíos eran miembros del grupo. "A los
quince años me metieron a la ganga. Me bautizaron con una golpiza. Nadie que no
fuera mexicano podía entrar".
Su integrante más famoso fue Edgar Morales
"Puebla", quien ganó notoriedad mediática al asesinar a Melanie
Méndez (10) y dejar paralítico a un pandillero rival en un tiroteo ocurrido en
agosto de 2002. La fiscalía de El Bronx intentó enjuiciar al hombre bajo cargos
de terrorismo, pero el tribunal de apelaciones desestimó los argumentos.
Martínez, quien por orden de un juez se sometió a
terapia para tratar sus adicciones, reveló que, en la adolescencia, se hizo
consumidor de crack, cocaína y la fenciclidina, conocida como "angel
dust" o PCP.
"En la pandilla nada más se podía fumar
marihuana, era una regla no meterse otras drogas", apuntó el joven.
"Conseguíamos dinero vendiendo perico (cocaína) y robando a otras
pandillas. Cargábamos armas y machetes, no nos importaba rajar (cortar) a quien
nos faltara el respeto".
Con un padre abusivo y una madre dedicada a largas
jornadas de trabajo, Martínez creyó encontrar refugio en las calles, pero el
sabor amargo de la realidad le llegó de golpe. En 2012, estuvo preso por una
felonía.
"La lealtad de la pandilla se acaba tras las
rejas. Me dejaron solo", enfatizó. "Mis tíos también cayeron presos y
fueron deportados".
Martínez intenta corregir el rumbo y en el proceso
participa el expandillero Rodríguez (38), un residente de El Bronx que ofrece
consejería a jóvenes con antecedentes de violencia relacionada con gangas. El
dominicano cumplió 16 años en prisión luego de asesinar a un pandillero rival.
"Mi nombre tenía peso en las calles y me sentía
poderoso, pero tras las rejas supe que no era nadie", indicó Rodríguez.
"En la pandilla no hay vida, ni futuro".
Hoy es voluntario en una organización que ayuda en
la reintegración social de exconvictos y jóvenes que cometieron crímenes
menores. Ambos expandilleros pidieron que se les identificara sólo con los
apellidos, y que no se mencionara el nombre de la agencia.
"Es posible cambiar de dirección y convertirte
en un ciudadano útil, pero la cicatriz de la violencia queda de por vida",
sostuvo Rodríguez.
Por
ZAIRA CORTÉS/Edlp


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