SANTIAGO, Chile (09 Marzo 2014).- El vicepresidente
de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró que el Gobierno de ese país tiene la
obligación de “respetar los derechos universales”, al tiempo que descartó
cualquier intención de intervenir a Venezuela.
Tras los actos oficiales del cambio de mando
presidencial en Chile, los cancilleres de los países miembros de la Unión de
Naciones Sudamericanas (Unasur) se reunirán en Santiago el 12 de marzo para
tratar la situación de Venezuela.
Crisis venezolana
La crisis en Venezuela, afirma el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, “me recuerda a épocas pasadas, cuando hombres fuertes gobernaban usando la violencia y la opresión”. Biden llega hoy a Chile en su segunda visita al país y su séptimo viaje oficial a la región, con una agenda que tendrá entre sus prioridades la delicada situación por la que atraviesa el gobierno de Nicolás Maduro y que ha puesto en evidencia las divergencias políticas de los países latinoamericanos.
“Enfrentar a manifestantes pacíficos con la fuerza y
en algunos casos con milicias armadas, limitando la libertad de prensa y de
asamblea (…) no está a la altura de los sólidos estándares de democracia que
tenemos en la mayor parte de nuestro hemisferio”, dijo en una entrevista
publicada este domingo por el diario chileno El Mercurio.
Repudió, sin embargo, cualquier acción que implique
una intervención de Estados Unidos en la situación de Venezuela, como ocurrió
en décadas pasadas cuando la Casa Blanca apoyó “abierta o encubiertamente” la
acción de dictaduras militares en varios países de Latinoamérica.
Biden arribará este domingo en la noche a Chile, en
su séptima visita a la región, para asistir el martes a la toma de poder de la
presidenta electa Michelle Bachelet. Allí coincidirá con el presidente Nicolás
Maduro.
Destacó que América siempre ha sido importante, pero
importa aún más hoy, “porque lo que sucede en la región tiene mayor importancia
en nuestra prosperidad y seguridad que nunca”.
Crisis venezolana
La crisis en Venezuela, afirma el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, “me recuerda a épocas pasadas, cuando hombres fuertes gobernaban usando la violencia y la opresión”. Biden llega hoy a Chile en su segunda visita al país y su séptimo viaje oficial a la región, con una agenda que tendrá entre sus prioridades la delicada situación por la que atraviesa el gobierno de Nicolás Maduro y que ha puesto en evidencia las divergencias políticas de los países latinoamericanos.
En una entrevista por escrito con el diario chileno
“El Mercurio”, el vicepresidente demócrata desestima las “teorías
conspirativas” con las que el gobierno venezolano acusa a Washington de
injerencia y sostiene que Estados Unidos no está interesado en pelear las
viejas batallas ideológicas, sino en buscar un objetivo común, un hemisferio
“de clase media, democrático y seguro”.
Los críticos dicen que la administración Obama no
presta suficiente atención a la región y que debería involucrarse más en los
temas de las Américas, como la crisis en Venezuela. ¿Está preparado EE.UU. para
dar un paso más allá en términos diplomáticos e involucrarse o promover un
esfuerzo con otros países para ayudar a resolver la crisis en Venezuela, o
eventualmente imponer sanciones? ¿Cree que ha sido débil la actuación de la OEA
en esta crisis?
-La situación en Venezuela es alarmante. El gobierno
venezolano tiene una responsabilidad básica de respetar los derechos
universales, incluyendo la libertad de expresión y de asamblea; de prevenir la
violencia y de comprometerse a un diálogo genuino en un país que está
profundamente dividido. Existe un mejor camino para el pueblo venezolano y
espero que el gobierno lo tome.
Enfrentar manifestaciones pacíficas con la fuerza
(pública) y en algunos casos con milicias armadas, limitando la libertad de
prensa y de asamblea -las cuales son indispensables para abarcar un debate
político legítimo-, demonizar y arrestar a la oposición política y reforzar
dramáticamente las restricciones en contra de los medios no es lo que se espera
de democracias comprometidas con la Declaración de los Derechos Humanos y con
la Carta Interamericana, y ciertamente no está a la altura de los estándares
democráticos que definen la mayoría de nuestro hemisferio.
La OEA y sus miembros tienen un rol importante en
reforzar las instituciones democráticas y para ayudar a resolver crisis
políticas como la que estamos viendo en Venezuela. Hemos visto llamados de la
OEA y de países en la región para respaldar un diálogo real en el país y
llamados a que todos los lados eviten la violencia y la intimidación.
He estado trabajando en estos temas por muchos años,
en todas partes del mundo, y la situación en Venezuela me recuerda a épocas
pasadas, cuando los caudillos gobernaban con violencia y la opresión; y los
derechos humanos, la hiperinflación, la escasez y la extrema pobreza causaban
estragos en los pueblos del hemisferio. Fue un capítulo difícil en nuestra
propia historia debido a que nuestra lucha contra la Unión Soviética, a veces,
nos dejaba al lado de líderes que no compartían nuestros valores. Pero, Estados
Unidos, finalmente, quedó del lado correcto de la historia en lugares como
Chile, donde el embajador estadounidense Harry Barnes y otros defendieron
públicamente a las víctimas de la represión. Esos días del pasado ahora casi no
existen gracias a la valentía de muchos hombres y mujeres en las Américas,
quienes sufrieron personalmente en nombre de la democracia. Hoy, ellos son
líderes de algunas de las sociedades más vibrantes e inclusivas de la región.
He conocido y estoy asombrado con estos líderes -
ellos son los padres fundadores de un nuevo camino - donde las urnas rigen,
donde los militares no pueden imponerse sobre la voluntad del pueblo, y donde
los líderes gobiernan a base de los resultados, al asegurar los derechos de las
futuras mayorías, comprometiéndose en el diálogo y protegiendo las libertades
fundamentales. Ellos nos enseñan a todos nosotros, incluyendo Estados Unidos,
que la democracia también implica consideraciones sobre cómo se ejerce el
gobierno, no sólo sobre cómo es elegido.
El presidente Nicolás Maduro, hasta ahora, ha tratado
de distraer a su pueblo de los temas más importantes que están en juego en
Venezuela al inventar conspiraciones totalmente falsas y extravagantes sobre
Estados Unidos. En lugar de eso, él debería escuchar al pueblo venezolano y
mirar el ejemplo de esos líderes que resistieron la opresión en las Américas, o
de otra forma se arriesga a repetir las injusticias contra las que muchos
pelearon con tanta valentía.
La crisis en Venezuela ha subrayado las diferencias
políticas entre los países de Latinoamérica, con gobiernos como los de
Argentina, Bolivia y Ecuador respaldando al presidente Maduro, y gobiernos como
el de Chile y Colombia llamando a un diálogo con la oposición. ¿Cómo usted
define la relación de EE.UU. con Latinoamérica —si es que es posible tener una
sola definición— o ve usted dos Latinoaméricas?
-Desde el momento en que asumió el poder, el
presidente Obama ha sido claro en que no estamos interesados en volver a pelear
las batallas ideológicas del pasado en este hemisferio, y ha trabajado por un
futuro de mayor integración y respeto por los derechos universales. Las
Américas siempre han sido importantes para Estados Unidos, pero importan aun
más hoy porque lo que sucede en la región tiene un mayor impacto en nuestra
prosperidad y seguridad, más que nunca. Al reconocer esto, la administración
Obama se ha embarcado en el período más sostenido de participación de
participación de EE.UU. en las Américas, en mucho tiempo, para aprovechar el
enorme potencial de la región -económico, político y social- para beneficio
mutuo.
El 11 de marzo, como parte de mi séptima visita a la
región como vicepresidente, asistiré a la segunda investidura de Michelle
Bachelet como presidenta de Chile, antes de seguir el viaje hacia República
Dominicana, donde seré el primer funcionario de la Casa Blanca en visitar ese
país en más de 20 años. En el transcurso de mis viajes, he tenido la suerte de
conocer y conversar con muchos líderes inspiradores quienes están trabajando
para sacar a sus más pueblos de la pobreza, diversificando y abriendo sus
economías para competir a nivel global, integrando los mercados de energía e
infraestructuras nacionales y construyendo nuevos espacios de diálogo y
cooperación. Este tipo de esfuerzos nos enseñan a todos que el pragmatismo y no
la ideología, es el secreto del éxito. No es coincidencia que los países que
han usado democracia y mercados abiertos para crear nuevas oportunidades para
sus ciudadanos están entre las economías más prósperas de la región.
Desafortunadamente, algunos en la región se enfocan
más en el pasado que en el futuro. Reconocemos que quedan algunos resabios de
la Guerra Fría, de modo que las suspicacias vienen con el territorio. Pero en
mis viajes, he descubierto que la mayoría de la gente en las Américas está ya
cansada de volver a pelear viejas batallas ideológicas que no les traen
beneficio alguno a sus vidas cotidianas. Nuestros pueblos quieren saber qué
proponemos, no solo a qué nos oponemos. Ellos están enfocados en lo que sus
gobiernos pueden hacer para entregar beneficios concretos, como buenos trabajos
con buenos salarios, educación accesible, comunidades seguras, y un futuro
donde nuestras economías y países están fuertemente entrelazados y donde los
derechos humanos fundamentales son respetados. Eso es lo que quiere la gente
que votó por nosotros, y eso es nuestra tarea común.
Es por esa razón que en los últimos años, hemos
hecho un esfuerzo conjunto para mejorar nuestra relación con nuestros críticos
más duros. A pesar de nuestra voluntad para tender puentes, no nos hacemos
ilusiones de que esas relaciones mejoren pronto. Afortunadamente, éstos son
casos aislados en una región donde la mayoría de países quieren una relación
positiva con EE.UU. y donde tenemos socios en un amplio rango de áreas.
Los críticos también apuntan que China está
aprovechando la supuesta falta de interés de EE.UU. en la región, con tratados
económicos y comerciales. Ahora Rusia dice que quiere forjar una alianza con
países como Nicaragua, Venezuela y Cuba para expandir la presencia militar rusa
en Latinoamérica. ¿Es esto un desafío al poder de Washington por parte de
Moscú, en una región del mundo que tradicionalmente ha estado en la esfera de
influencia de EE.UU.?
-La historia más importante no es sobre los países
que están proyectando su influencia en el hemisferio occidental, sino más bien
cómo los países de la región cada vez más son actores globales. Ésta es una
región cuyos gobiernos no están solo construyendo nuevos foros para el diálogo
político y la cooperación entre ellos; también están alcanzando más allá de las
Américas para afianzar relaciones comerciales con Europa, África, India y Asia.
Chile, por ejemplo, es un miembro productivo del APEC (el Foro de Cooperación
Económica del Asia Pacífico) y tiene acuerdos comerciales con, al menos, 60
países diferentes. Colombia está trabajando para unirse a la OCDE (la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Uruguay contribuye
más a las operaciones internacionales de paz, si lo consideramos en una base
per cápita, que cualquier otro país en el mundo. La política de EE.UU. es
alentar y respaldar estas tendencias.
Pero también hay un número importante de interesados
en todo el mundo que invierten en las Américas, económica, política y
socialmente, y eso incluye no sólo China y Rusia, sino que también, la Unión
Europea, Canadá, Japón y Corea del Sur, entre otros. Nuestra actitud es dar la
bienvenida a las contribuciones de cualquier país que promueven activamente por
nuestro objetivo común de lograr un hemisferio de clase media, democrático y
seguro, desde Canadá hasta Chile. Al fin y al cabo, son los pueblos de las
Américas quienes ellos mismos están contribuyendo a ese objetivo, pero
ciertamente no vemos esto como un juego para ganar o perder.
Mientras China y Rusia tratan de extender su
presencia en Latinoamérica, Estados Unidos ha establecido como una prioridad
estratégica el giro a la región del Asia Pacífico. Parte de esa estrategia es
militar, parte diplomática y parte económica. ¿Qué tan importante es la
conclusión de las negociaciones del Acuerdo de Asociación Trans Pacífico y su
eventual firma, para esta estrategia? ¿Qué expectativas tiene EE.UU. en el rol
que un país como Chile puede tener en el acuerdo del TPP, teniendo en cuenta
que México y Perú también están negociando?
-Finalizar el Acuerdo de Asociación Trans Pacífico
(TPP) -que incluye a cinco países del hemisferio occidental- es una alta
prioridad para esta administración y el presidente y yo estamos decididos a
sacarlo adelante. Nuestra motivación es clara, la agresiva agenda comercial del
presidente Obama ha llevado a un aumento del 50% de las exportaciones de
Estados Unidos, sumado $700,000 millones a nuestra producción económica, y
contribuido con un tercio de nuestro crecimiento económico total. Lo que es más
importante, el aumento de las exportaciones ha solventado la creación de
empleos en Estados Unidos; cada mil millones de dólares en aumento de las
exportaciones hay entre 4,000 y 5,300 empleos.
En su totalidad, los países del TPP tienen un
Producto Interno Bruto (PIB) combinado de $28,100 millones, representa el 39%
del PIB mundial, e incluye economías tan diversas como Estados Unidos, Japón,
Malasia y Chile. Una vez que haya sido concluido, el acuerdo será un apoyo para
la creación y retención de empleos y promoverá el desarrollo económico entre
sus miembros, al aumentar el acceso a los mercados, elevar los estándares
laborales y medioambientales, así emparejando el juego.
Todos conocen el atractivo de las economías de Asia,
pero también vemos un enorme potencial aquí en las Américas. El TPP es también
la manifestación de nuestra visión para un Pacífico más amplio que incluye el
hemisferio occidental. El acuerdo podría ampliar nuestra relación comercial con
una región que ya es destino para el 40% de las exportaciones de Estados
Unidos, donde ya tenemos una línea casi continua de acuerdos de libre comercio
desde Canadá hasta Chile y donde tenemos mi millones de dólares en comercio
solo con Norteamérica.
Mantenemos un diálogo intenso con todos los países
del TPP, incluyendo Canadá, México, Chile y Perú, para concluir el acuerdo lo
antes posible. El presidente y yo nos hemos involucrado personalmente en este
tema: viajé a México en septiembre, conversé con el presidente Ollanta Humala
en noviembre; el presidente se reunió con sus contrapartes de Canadá y de
México en febrero pasado, y espero contactarme personalmente con la presidenta
electa Bachelet y con otros durante mi visita a Chile para el cambio de mando.
Ciertamente, reconocemos que hay temas sensibles que varían de país en país, y
estamos trabajando para encontrar la forma apropiada para hacernos cargo de
ellos en el contexto de un acuerdo amplio y equilibrado. Pero, hay también un
compromiso fuerte de parte de todos nuestros países para llegar a este acuerdo.
Y para lograr eso estamos trabajando activamente.
Fuente EL MERCURIO


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